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By j re crivello

“¡Qué co…! Chillé, antes de reírme mientras el cubito iba derritiéndose camino de la columna y la raja del culo.

“Ya sabes que soy una zorra”, me dijo con una sonrisa, y me lanzó un beso a la vez que se largaba correteando con los tacones repiqueteando sobre el reluciente suelo de granito del centro comercial, “pero te quiero” pág 197 Irvine Welsh

Ya sabes que soy. Los animales humanos presumimos que los demás conocen nuestro estilo. A veces es una rara costumbre de sexo, o un acuerdo establecido una madrugada entre copas, o sea lo que el padre o madre de ella/o él, le permitió expresar en los años de educación sentimental. O en otras es un señuelo para enamorar.

¡Soy una zorra!

¡Soy tan vago que me tienes que aguantar!

¡Soy una incumplidora y por ello asalto otros corazones para no estar amarrada a ti!

Soy un hombre que le acompaño en amor, pero a los días de muerta me pavoneo con una nueva.

Soy un nuevo sentido a tu vida y por ello te ¡exijo!… que seas extremada.

La lista puede ser larga, para los extranjeros al verbo soy lo confunden con estar. Y dicen Yo soy aquí, en lugar de estar aquí. Es que para los hispanos o latinos ser es como un rio del alma que nos pone ante los demás como diferentes y únicos.

¿Únicos?

Esto ya es palabra mayor. En la Sociedad Líquida nuestras ambivalencias se desplazan a tal rapidez que somos y dejamos de serlo a la vez. Por ello muchas veces decimos… tal como éramos.

 

Nota:

Pág. 197 Irvine Welsh Site gustó la Escuela… Anagrama

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