14804432399760

En 1942, Stefan Zweig se suicidó junto a su segunda esposa en Petrópolis (Brasil). Era la última estación de una huida de la Europa conquistada por el fanatismo y el régimen nazi que no tardó en prohibir sus obras. Link art. El Mundo

A veces cuando escribimos pasamos por alto multitud de infames peripecias de la sociedad, por no ser valientes, por mirar hacia el costado, por cuidar de nuestra familia. Con Zweig coincido que el nacionalismo es una herida humana que lleva a menospreciar al otro, a aquel que al atravesar una línea nos somete a la privación cruel de decir que ese pueblecito de Valencia es diferente a nosotros y convive a nuestro lado desde hace siglos.

Hace 120 millones de años donde vivimos los actuales españoles era una isla varada en la cual el Cantábrico estaba girado y el línea recta  a la altura de Valencia y esta isla era el paso entre dos continentes, el del Oeste y el del sur (Laurasia y Gondwana). Por aquí se movían especies y semillas de ambos espacios y florecía el intercambio.

«No hay nada que odie más que la egolatría de los pueblos y su rechazo a reconocer la variedad de las formas de pueblos y de tipos de seres humanos», escribe Zweig y con el nos une a esa madeja de intercambios que somos los humanos pero que intentamos sacrificar en pos de el ciudadano ejemplar con un título dotado de Nación independiente.

En época de Franco eran los desafectos, hoy en los twuits de los wattsap de los amantes de la independencia en donde resido, llegan con títulos como: indecisos.

No aconsejo tal vez el suicidio como Zweig pero debo reconocer que no soy valiente.

#La semilla del odio late sin cesar#

Anuncios