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Diario Íntimo Frida Kahlo

Escribir un diario íntimo es llamar a los diablos y a los truenos. Es ver si el guiso se está quemando o mi abuela se ha echado aquel novio que baila recto como si tuviera atados sus atribulados mantos del poder. En el Taller de Escritura FlemingLAB ya hemos pasado por esa experiencia, no consideraba que iba a escuchar tantos quejidos, pero ya van llegado algunos testimonios:

María Jimenez lo resuelve así:

“El terapeuta del hospital me ha indicado amablemente que comience a escribir en una libreta lo que siento, con la intención de que aflore todo aquello que pueda quedarse dentro como emoción negativa y me impida recuperarme y progresar.

No estoy seguro de si ésta terapia dará algún resultado, pero creo que tampoco me hará sentirme peor. Hace cuarenta y ocho horas que he despertado de un coma tras el accidente que tuvimos mi mujer y yo el día de nuestra boda. Viajábamos…”

Silvia Salaplana nos dice:

“Llevo dos horas con las nalgas muertas en el asiento y creo que voy a cerrar el pc porque la familia comienza a salir de sus habitaciones, ya están todos levantados.

El domingo se convierte en un día de dardos, he acabado pasando por debajo de la mesa hasta María la más pequeña me ha ganado. Paseo para ir al comprar el pan, toca coger el coche, allí la excusa perfecta para tomar el aperitivo. Los niños están encantados…”

Antonio Guillán en su estilo no concede y es valiente:

“Pillo los gayumbos que están enrollados a un lado de la mesilla y me los calzo con cierta agilidad. Trastabillo un par de veces, poniendo en peligro la tele. Como son oscuros no me paro a ver la rúbrica. Si fueran claros estoy seguro de que la nicotina sería una metástasis visible del textil. Cada color tiene sus ventajas. A mi particularmente me gustan más los sufridos. Ay, ¡el Oxi Action no tiene precio! Frotas con la bolita, un cacito y lavadora. A ver cuando me llaman a mí para contarles mi truquito, ando apurado de pelas…”.

 

Conchi Ruiz via e-mail me pega su trabajo, pues según me cuenta el gato se ha devorado el enchufe del ordenador.

“Lo cierro y sigo mirando y rebuscando. Me hundo hasta el fondo de mis sueños. Hacia mi pasado. Elijo otro diario, tiene un cordón de dos colores: blanco y celeste y una estrella colgando que ya ha perdido el color. Lo abro por cualquier página y dice: “las notas no han sido buenas, pero he aprobado, papá está serio, hoy le daré más besos y lo peino mientras oye la radio”; o una frase que me sorprende “es guapo ese compañero y me ha llevado a clase una rosa, cada día me lleva una rosa pero no me gusta, se repeina mucho”. Pero mi mirada se detiene con un cierto escalofrío. “Mamá no está bien, si se muere yo me muero con ella, dicen que está mal desde que nací yo ¿tendré la culpa?”

Pedro J aunque me previene que no lo publique incrusta el diario de un dialogo de dos polis. ¡Lo siento Pedro J. hoy es domingo y rezaré 24 padrenuestros!:

“Alguien ha avisado a los policías que acaban de llegar.

—Osti tú. Mira eso neng. ¡Qué mal rollo!

—¿Quién coño habrá hecho algo tan repugnante?

—¡Ve tú a saber!, hay cada depravat por ahí…

Aquellos policías se equivocan, no fue un depravado. El cuerpo, en avanzado estado de descomposición, había alimentado a cangrejos, langostinos y tintoreras…”

Antonio Caro (hay dos Antonios en los grupos) nos dice:

“He de reconocer que aprovecho estos paseos para buscar especies de semillas o de árboles para satisfacer mi afición, pero también para sacar alguna foto que me guste ya que es otro de mis hobies a la vez que cuido de mi salud entre comillas o al menos no la descuido.

Los dolores de cabeza me están matando como cada día y trabajar de noche no es quizás la mejor opción, pero mi calidad de discapacitado no me da muchas opciones donde elegir, si bien este tipo de trabajo me da la oportunidad se poder escribir o leer más que en cualquier otro empleo.”

Frank Spoiler nos atrapa en su particular estilo, ¡vale Frank, es que la lías un montón!

“Lunes, 17 de abril de 1976, 13:17 horas”.

Hoy es mi cumpleaños, cumplí 15 años. Es horroroso, mi cuerpo aparece deformado, soy un monstruo. Siento asco del cuerpo que habito, no quiero estar aquí… ¡me ahogo! Todos me miran y me insisten en que apague las 15 velas, las que permanecen encendidas encima de una masa de bizcocho y nata, esperando, en una danza grotesca, mi soplido. No pude, huí, estuve toda la tarde escondido bajo la cama donde dormía”.

Veronica Boletta a su vez nos permite atisbar que siente un gato cuando ya ha pasado el invierno y regresa a sus rutas de la primavera:

“Desde la ubicación más mullida de la casa una gata interior me observa. Ha usurpado mi cama y desparrama sin pudores su anatomía. ¡Otra vez las sábanas llenas de pelos! El cambio de estación también le llega. Se desprende de su abrigo natural. Barro, limpio, recojo y siempre hay más. ¡Voy a rellenar almohadones con los pilosos anexos tegumentarios! Mudan las estaciones y las costumbres. Miro hacia afuera mientras me mira. ¿Hay cariño en esa costumbre de estudiarme? A veces creo que me quiere”.

 

O en mi caso en una respuesta a Silvia Salaplana

“A veces uno se pregunta si escribo sobre mi vida ¿soy valiente? O aquello está alejado. Bueno tal vez esta Actividad nos lleva hasta nuestra rutina y nos hace pensar: en nuestros hijos, la comida o el aburrimiento. En mi caso he escrito mucho sobre mi vida y ello parece incorrecto con los que te rodean… pero libera y tanto que libera el alma

Nota: Yo también siempre encuentro el rollo de papel vacío que deja mi hijo el de 25. Es su firma… emocional”

 

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