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by j re crivello

“No tienes que disculparte, para nada, pues no me moviliza ni un cabello. Sólo me asombra su eterna capacidad de guardar rencores, de no pasar en limpio la vida y tirar los borradores viejos por el inodoro, De empezar, aunque tarde, un camino más placentero y fecundo”. Monica Nigro (1)

Los rencores son apaisados y delgados, tienen esa suerte especial para poder acumular más y ponerles uno encima de otro. Y no sentimos su carga, hasta nos es difícil calibrar si nos amargan,  o nos dan impulso. Muchas veces frases tales como “esa persona es muy rencorosa” caen en el olvido, o el desuso. Cada cultura parte de esta necesidad y la estimula según le convenga. Ahora nos encontramos que una energía intelectual de sanadores, de renegociadores de conducta ha puesto sobre la mesa esta estafa del alma. Nos dicen:

“En algunas pérdidas o fracasos –separaciones, ruinas, problemas relacionales, etc.- nos preguntaremos que necesitamos aprender y mejorar para que no se repitan.” (2) Con lo cual el autor nos remite a no pagar culpas ajenas y considerarlas como propias.

Pero multitud de personas se animan a pasar por esta etapa de la vida que acumula antiguas reyertas del amor, o de envidia, o de los celos. Y su vida se va llenando de rosas desgastadas y marchitas que le atrapan en una batalla imaginaria.

Recuerdo haber metido la mano en el cajón de madera del último cuarto. Había poca luz, nada me hacía presentir que detrás de aquella envoltura en celofán gris las fotos de la boda de mi padre me traerían hacia el pasado, en donde los gritos, las peleas y el maltrato estaban pegaditos uno al otro en un resumen de odio y silencio. Ante ello mi pecho dejo escapar un gemido, cargaba con las incomodidades y desvaríos de las dos almas de mis padres en una disputa sin fin. Por la tarde compre un álbum familiar y pegue las fotos intentando reconciliar mi odio ante su falta de tacto y amor. (3)

Si nuestro corazón se aprieta de dolor, liberémosle, escalonando las imágenes de la desidia para decirles adiós sin rencor. En suma, como define mi hermana escritora, son borradores viejos.

 

Notas:

(1)Monica Nigro Ré Cartas privadas

(2) Pág. 109 La llave de la buena vida, Joan Garriga, Edit. Destino

(3) J. re crivello 004 Memorias de un hombre estúpido

el-taller-de-escritura-que-te-atrapara-publi-7

 

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