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Amigos, tal necesite una nota aclaratoria, este hospicio es el mismo donde nace mi novela B J Grass (la abeja) -j re.

“El aire del hospicio es una mezcla de olores ancestrales, viejos como el mundo. Olor a hombre, a mujer, a sudor primitivo y animal, a ser humano librado de ataduras, que come cuando quiere, duerme donde se le cae el cuerpo, excreta sus necesidades con la libertad del niño, y acurruca sus miedos a la intemperie. Olor a tiempo detenido. A caricias ausentes. A piel gastada por la piedra de la vida. A velas rotas de la cordura y la razón. A barco a la deriva, sin timón. A desamor. A locura”. Monica Nigro, Carreteles locos (1)

Tal vez hablamos el mismo idioma, un espacio construido a comienzos de siglo donde pasaron miles de enfermos mentales. No comentaremos de su historia, ni disertaremos de ese hospital para insanos varado en medio de La Pampa quien aun flota en los recuerdos de Mónica y en mi caparazón.

Nada es tan temido como la pérdida del alma, o de la razón. Cuando Descartes descubrió el Yo que piensa, los monos humanos dejamos el ruido de la religión y las fantasías para construir una arboleda de signos. La cultura y… quizás me aleje del texto es una fe en un mundo que gime ante la soledad que padecemos.

¿Cómo nos enfrentamos si nos abandona la certidumbre? Los locos que conocimos (ella y yo) eran genios lentos. Sus tardes se parecían a las mañanas y la abulia les dejaba ausentes en una renuncia a esta infernal maquina de la razón. Pero, hemos sido durante mucho tiempo animales salvajes en la estepa africana, por ello al acercarnos a estos inconmovibles locos no podemos menos que sentirnos trastocados por la ausencia de inteligencia.

Me acerque hasta uno de ellos. Me miro, y desacostumbrado a ese ruido humano de egoísmo e individualidad, solo obtuve un suave y reseco destello de su iris. Y… ¡nada! (2)

 

Notas:

(1)  Mónica Nigro Carreteles locos

(2)  J. re crivello 004 Memorias de un hombre estúpido

 

 

 

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