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(Imágen ver Menos 1)

By j re crivello

R Zac visito a su padre, era domingo, una tarde fría y en una comarca encerrada en la sierra que producía un buen vino. A tan solo 80 kilómetros de Barcelona las vides  subían a la montaña por senderos increíbles pero dejaban latir el sol y un cierto viento gélido que en las noches de invierno asustaba aunque  los lugareños decían que evitaba la nieve.

En estos escalones calcáreos que las guías de antiguo explican como de coriido casi con un sonido turístico: “todos los pueblos se encuentran en el exterior, a sus pies. El interior es el reino de la montaña. Para penetrar en él hay que escoger un “grau”, es decir, uno de los pasos naturales que permiten superar los riscos” (1) Y por uno de ellos, tenaz en su estrechez pasaba R Zac hasta una casa alejada del exterior y montada en un escalón provista de buen vino y lo que la agricultura celosa le permitía obtener a su padre.
Él era Nor Zac, bajo, enjuto, de mirada disciplinada y costumbres de 90 años. Siempre cargado de anécdotas, siempre testimonio de viajes hasta que la sierra le atrapo en esta suerte de vino, vid y cuentos antiguos.
Ese día, normal uno de aquellos que nosotros elegimos para dar vueltas sin sentido, le encontró atareado en una esquina de su casa, fuera en un porche, donde apilaba todo lo que la tierra daba. Le saludo, dos palabras e intuyo que comerían un potaje de garbanzos mezclados con verdura dos trozos de chorizo y algunas gotas de vino rancio. Mientras iba y venía vio que arrastraba una bolsa de arpillera antigua, luego la dejo a sus pies y dijo:
—Todo lo que aprendí sobre las víboras me lo enseño un hombre mayor, la última vez que le visite rondaba los 100 años, de nombre Don Segismundo, y vivía en una comarca en México cerca del mar pero sin asomarse al agua. A las serpientes, las coleccionaba, las secaba y se las comía con una salsa oscura y pringosa que la derramaba cuando ponía el plato en la mesa. Y… abrió el saco, cinco víboras no muy grandes intentaron escapar, pero su padre previamente había hecho un círculo no muy grande. Al traspasar esta línea Nor Zack le asestaba un duro golpe con su hacha. Pero su relato continuaba: de aquel hombre -decía en voz alta- conocí la forma de comerlas; en esta sierra —y señaló un talud que se elevaba sucesivamente con colores ocres, marrones o dorados— se esconden en las gargantas que forman los pasos naturales a la espera de su presa. Ayer fui por ellas para nuestro plato de domingo.
— ¿Por qué haces el círculo? —preguntó R Zac.
—En el leo el futuro, al salir la primera me habla de lo que vendrá y las sucesivas ahuyentan los malos sucesos.
— ¿Y la última que escapa? ¿Te dice algo diferente?
—Vamos a preparar nuestra comida –agrego mi padre-, te enseñare a hacer la salsa espesa y picante de Don Segismundo. Antes de entrar se detuvo para decir:

#La Casa del Bien es un plato que lo hacemos muy despacio#
Notas
Historias de Don Segismundo, pendiente de crecer como cuento.

(Menos 1) José J. González G. guardó en Castles of Spain – 1 CASTLES OF SPAIN – Castillo de la Encomienda de Víboras, Martos,Jaén. Es una fortaleza del siglo IX, localizada en un promontorio, junto al río Víboras, evolución fonética de Bib-Bora, que en árabe significa Puerta de Bora, por encontrarse en el lugar de acceso a la antigua ciudad turdetana de Bora, que acuñó moneda en el año 50 antes de nuestra era. Tras la conquista cristiana fue concedida en Encomienda a la Orden militar de Calatrava.
(1)Sierra de Monsant
(2) La relación espiritual que los hombres han mantenido con el Montsant durante siglos le ha otorgado una condición muy especial. La fundación de la primera cartuja de la península ibérica —Scala Dei— y la intensa tradición eremítica, que ha perdurado hasta la actualidad, son buena prueba del profundo valor simbólico de la montaña. En el año 2002 fue declarada Parque Natural por la Generalitat de Cataluña.

(3)Cómo cocinar carne de víbora de cascabel

Esta receta utiliza carne de una víbora adulta, ya sea con o sin hueso y alcanza para cuatro personas.

Necesitarás:
-Carne de víbora de cascabel
-Cuchillo filoso
-Suavizante de carne
-Cacerola

Instrucciones:

1 Corta la carne de la víbora de cascabel en rebanadas de 1.3 cm (0.5 pulgadas), o si lo prefieres, en cubos de 1.3 cm (0.5 pulgadas). Golpea la carne con un ablandador de carne durante varios minutos hasta que esté lo suficientemente tierna.

2 Coloca la carne de víbora dentro de una cacerola y tápala. Añade una cantidad generosa de sal a la carne, asegurándote de que cada porción esté condimentada.

3 Añade 1.3 cm (0.5 pulgadas) de agua a la cacerola. Dos tercios de la carne de víbora debe de estar cubierta con agua. Coloca la tapa en la cacerola y precalienta el horno a 175º C (350º F).

4 Coloca la cacerola dentro del horno y deja que se cocine por 50 o 60 minutos. Retira la tapa de la cacerola diez minutos antes de que la carne esté cocida.

5 Remueve la cacerola del horno y usa un cuchillo filoso para rebanar la carne en tiras. Envuelve las tiras en una tortilla y sirve de inmediato

 

 

 

 

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