67a338851fb2af6611cac18ad4761cca
Russia posters

Amigos seguimos nuestro viaje por Rusia, D Roccossick conoce a Oleg -j re

El tren se puso en marcha, D Roccosick estiro las piernas. En la estación que se hallaba cambiaban algunos vagones y el pasaba a los compartimentos que por la noche se transformaban en cama. En su nuevo espacio, se instalarían cuatro, pero parecía que los próximos kilómetros, no tendría con quien charlar. Pero pudo observar cómo se abría la puerta y una mirada huidiza escondida detrás de unas gafas rectangulares, le saludo con un “привет” (1), y pudo percibir que su compañero tan solo llevaba una especie de botiquín de médico. No era muy alto, y cojeaba de la derecha, vestía elegante y la corbata la reemplazaba por unas tirillas de color negro al estilo Far West. Por lo demás la colonia de suave sabor a lavanda impregno rápidamente el espacio. Se sentó frente a él, de espaldas al sentido del tren y miro como la ciudad se ennegrecía y los claros de verde surcaban aquí o allá. D R dijo como intentando romper el silencio:

—Dejamos Gorki. Era una ingenua manera de despertar la conversación, la cual estuvo flotando un rato. Pasados los minutos el tipo contesto.

—Voy un poco más adelante, a Kírov (2) para comprar en el rico mercado del diamante que llega desde Asia. Un silencio dejo espacio durante un largo rato. D R abrió un maletín y saco la libretilla de poemas que el funcionario le entrego antes de salir. El tipo le miro casi de lado, sus ojos se movieron de prisa y pudo decir algo parecido a: “¿lee poemas o narrativa?” D R sin dar rodeos respondió: “poesía”. El tipo abrió una agenta que llevaba en un bolsito de aquellos que algunos hombres llevan colgando del hombro, la dejo abierta a su lado, para mostrar un libro pequeño y delicado, luego preguntó:

— ¿Permite que le lea?

Quien la torre edifica

Caerá con terrible violencia

Y en el fondo de un hondísimo pozo

Maldecirá la fiebre de su demencia. 

— ¿De quién es? — preguntó D Roccossick

—Soltjenitsin 1914.

—Así se inspira para comprar diamantes –dijo D R con un ligero toque de ironía.

—No, este poema me recuerda que toda organización se construye para decaer y que debemos reducir sus riesgos.

— ¿Es Ud. Empresario? –preguntó D R. Su contertulio no dijo nada, luego extrajo una botella elegante con dos vasos. “¿Le apetece?”

— ¿Es vodka?

—Está hecho por una señora mayor del área de Moscú que me lo envía cada mes –y sirvió. Ambos bridaron. D Roccosick abrió una página al azar de la libretilla del funcionario y con su anuencia leyó:

Cada milímetro de paranoia está llena de pólvora, de  venganza, y sueños.

Donde su vuelo es tenue, el peligro es mayor. (3)

—Vaya –dijo su contertulio

—Observo que sus gustos se parecen –dijo D R. Su compañero de viaje, a su vez sin pensárselo respondió: “De nuevo hablamos de la fiereza de la lucha. Es parecido a un ejército de hombres, todos se acomodan a una orden y cada día repiten sin cesar que no es posible dar más de sí, que tal o cual, que ya no puede comprar o pagar. Un solo toque empuja esa escala y les obliga a auto exigirse y obtener más resultados. Mi tarea es reducir el riesgo hasta que los limites pactados no dejen espacio a la mentira, o el conformismo”. La mirada huidiza era ahora de hierro –pensó D R y opto por beber. Mojo sus labios, paso la lengua por el paladar, dejo que su esternón protestara de la quemazón etílica –y dijo:

—Su forma es la del diamante. Sólida, recia, brillante e indestructible, creo entender…

—Así es mi organización. La conocen por “Diamantes de Siberia” y le entregó una tarjeta, arrugada, marrón y con una estrella de cinco puntas de la época de la Revolución Bolchevique. De repente un gigantón abrió la puerta y cuchicheo con su acompañante. Al olor a lavanda le había reemplazado la del oso. En su abrigo, por la parte trasera D R adivino una pistola escondida, o jugo con aquella descripción tan cinéfila, donde un oso es fiel a su jefe quien calibra los movimientos y, aquel por su parte, es frio e inmoral. Ambos se pusieron de pie, su colega se disculpó y salió unos segundos. Sin darse cuenta, su agenda quedo abierta apoyada en el asiento. En dos segundos, D Roccossick atomizado por el miedo, escarbo en ella hasta tres páginas y grabo todos los datos –desde pequeño tenía esa facultad de memorización que asociaba cada línea con un animal o cosa. Y la deposito nuevamente en su sitio. Tan solo un segundo y entro el tipo. No había tenido ni tiempo de analizar lo leído, pero mientras le miraba, podía recorrer en su cerebro cada columna como si fuera un archivo de Excel y detenerse en cada dirección, teléfono o frase al azar.

— ¿Otra? Su acompañante le sirvió una nueva copa y dijo:

— Me llamo Oleg Yussov. ¿Se atreve a leer alguna otra poesía de su libretilla? D R asintió y pudo ver como un papel pequeño caído de la agenda que había estado espiando estaba al lado de su pie, muerto de miedo movió su pie poniendo su zapato encima. Con el paso de los minutos esa posición rígida le provocaría una parálisis que iría subiendo hasta la pantorrilla. Se saltó dos hojas y leyó:

La ciencia de las obligaciones humanas

Descansa

En someter al rival a un chantaje

Que le lleve a cometer un error (3)

—Lo que lleva en esa libretilla ¡es todo un tratado de ingeniería de mando! –exclamó  Oleg Yussov

—Pues sí, debo confesar que…

—Es Ud.… ¡un buen escritor!

—Esto no es mío y explico, que al hacer los trámites del permiso de viaje interior, un funcionario se lo regalo para que le diera una opinión a su regreso. Que jamás hubiera pensado en este estilo, tal vez que sus coplas eran de amor, o sonetos de la vida.

— ¿Aun hace esos estúpidos trámites de permiso? —dijo Oleg moviendo sus ojos de lado a lado detrás de los cristales rectangulares y arrugando la frente como si quisiera decir que el mundo ruso era a la vez burocracia y mercado negro.

—Si –y mostro cierta sorpresa

—Yo los compro

— ¿Cómo?

—Voy a un conocido y con un buen dinero tengo lo que necesito. Sigo la genialidad del dvor –dijo Oleg. Al ver su desconocimiento de la historia rusa, su contertulio agrego: el historiador Carr lo define muy bien, en Rusia, dice: “la costumbre regula las formas de autogobierno”. (4) Al recurrir a la costumbre cualquiera utiliza los intercambios guiándose por disciplinados jefes reconocidos.

—Creía que eso ya no existía. Que eran espacios de la Rusia de los zares –dijo D Roccosick.

—Una organización flexible se basa en estos cabezas de familia que empujan desde su jerarquía las tareas que uno desea. Su cuerpo creció y exhaló un glorioso orgullo. El papel que llevaba D R debajo de su pie le paralizaba ya su barriga. En pocos segundos moriría aterrado en aquella tensión. Intento rascarse la rodilla, pero estaba rígido, quiso hablar y le era imposible; tan solo escuchaba la disertación sobre la organización y sus jefes que aquel soltaba animado por el vodka. El licor, ¿sería de la misma mujer que vino con él a su lado? Tal vez era demasiada coincidencia. El mismo grandullón entro y le obligo a Oleg salir nuevamente. De un salto levanto el pie y recogió la tira de papel, ponía: 093258663 ¡Ya eres cadáver! No podía devolverla a su sitio pues la agenda estaba en su abrigo y lo llevaba puesto. Con lo cual la memorizo y… ¡se la comió! Su acompañante volvió a entrar, de modales pausados, la mirada huidiza escondida detrás de las gafas, dijo una frase sin mayor sentido: “algo no marcha bien” y un frenazo del tren les catapulto a ambos al suelo. Oleg se levantó y dos de sus ayudantes entraron. Antes de salir mirándole dijo:

—Me bajo antes, me han enviado un aviso. ¡Los perros de Putin me esperan en  Kírov!; cuando llegue llámeme a este móvil y le llevare a cenar a un sitio que no ha visto en su vida. Le soltó un papel que planeo por el compartimento y se marchó como alma que lleva el diablo. D Roccosick miro por la ventana, en la gran pradera un camino de barro terminaba en el tren, tres BMW de color negro le esperaban. Su conocido se montó en el del medio y salieron en dirección al Norte. Las marcas de barro de los coches diseñaban unos giros para amortiguar el mal estado del terreno. El cielo se abrió y un aguacero con truenos depositó más líquido que el soñado por el diluvio universal. Mientras el tren se ponía en marcha y se apartaba, levantó el papel, era el mismo número que se había tragado, además de su nombre y nada más. La hizo trizas y decidió quedarse un día en Kirov, en la cual Oleg le invitaba a una cena.

Notas:

(1) привет: hola

(2) Kirov: El óblast de Kírov (en ruso: Кировская область, tr.: Kírovskaya Oblast) es un sujeto federal de Rusia (un óblast). Su centro administrativo es la ciudad de Kírov. Según datos del 2002, el área del óblast de Kírov es de 120,800 km², y su población es de 1,503,529 habitantes.

 

 

 

Anuncios