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by j re crivello

Surcan los caminos de nuestra casa, se sientan en los sofás que amamos, y hablan del perejil, o se vuelcan de lado muertos de sueño en su interminable siesta. Algunos vienen con hijos pequeños, a los grandes ni con pistola laser los pueden someter. De vez en cuando se ríen y nos reímos, en otras alguno se desinfla con un “yo amo a Podemos”. Nada les aleja si uno (y su amada) es tolerante y sirve buen plato, y postre y vino y hasta le pone una peli o estira un juego en la mesa. A veces son más de 15, ese es el número mágico, más, es un interminable escándalo de ideas que se toleran con disimulo.

Pero son aguerridos, llegan a las 11 y la tarde les empuja a las 20. Temen, comen, beben, cantan canciones (en nuestro caso Camilo Sexto) Y parecen que al marcharse no regresaran jamás, pero una llamada a las 9 de la noche de un día cualquiera abre los fuegos del próximo regreso. Con ellos se despierta una alteración cíclica, con ellos criticamos al Papa y hablamos de lo que vendrá. Con ellos la vendimia será buena y el ajo sabrá a buena ensalada.

Bienvenidos. ¿Decimos? Ahora algo hemos aprendido Nos; Nos (mi mujer y yo) la cuenta la pagamos, la experiencia nos dicta está solución. Otros hacen un sistema llamado ponga (ponemos entre todos) y otros no invitan ni a la Virgen de Lourdes. ¿Cuál es el sistema correcto?

¿Y Usted tiene invitados?

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