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Milton M está incluido en mi libro TNT (lo preparo para editar en papel)

Milton M llamó a su madre, era martes, quería saber si del otro lado diría: ¡estoy bien! Y su primera reacción fue lo que intuía una respuesta anunciada, ante lo cual él no improviso y dijo algo así como:

—Esta mañana en Barcelona quiere llover pero no se anima. Llevamos una sequia…

—Aquí llueve todos los días –respondió su madre. Milton ya estaba roto, eran las 8 de la noche y le dolía un poco la cabeza del lunes y su fiesta de sexo, y ahora estaba ante el altar de la autocontención, por su cabeza paso como una ráfaga aquel día que estaban en misa y su madre llevaba pañuelo en la cabeza. El miraba los santos y sus proezas. A Milton le fascinaba las caras compungidas de cada mole. Su reiteración al decir que esta vida era queso y tostada, a lo sumo un pie descalzo y saliendo del vestido de alguna virgen le daba color. “Pero ¿porque todas son vírgenes?” –fue capaz de preguntar a su madre.

—No han tenido contacto físico –respondería. Milton en aquellos años era un chaval ausente de todo, menos del contacto físico. Durante un tiempo durmió con una tía en una cama grande y aquellas noches se le hacían muy largas. Hasta recordaba el ritual, ella se quitaba la ropa, se ponía una blusa y luego un camisón, cada noche uno diferente, luego se metía en la cama y le llamaba. Milton accedía al camastro y se desataba una olla de movimientos hasta que los ronquidos de Maray G le dejaban recorrer mentalmente las aventuras de la jornada.

— ¿Estás ahí? –dijo su madre. “Si” —respondió, “es que recordaba a la tía Maray”.

—Tu tía era una santa, visitaba la iglesia cada semana y hacia obras de caridad –dijo su madre. Milton M pudo asociar a las vestales vírgenes de sus años de niñez en misa y se parecían. De lo que dedujo que era virgen y pregunto:

— ¿Se casó la tía?

—No, ella siempre decía que se quedaría para vestir santos –y así fue. Milton cual capricho del destino había dormido con una santa, su destino le había situado dentro del territorio donde el sexo es un elemento traidor. Digamos está oculto, pero persiste. Inclusive su tía Maray era una mujer de muy buen ver. Vestía con colores vivos y eso sí, llevaba capas que se quitaba en función del calor del ambiente. Sus piernas rosadas eran un silencio que presentían los hombres pero no se atrevían a insinuar un momento demencial en su compañía. Era una vestal, una verdadera vestal de la iglesia pero firme y sonrosada entre los vivos.

— ¿Tía Maray iba al médico? –preguntó Milton M

—Claro, ¡como todo el mundo! Solía visitar al tal Fernández de la calle Pristina. Aquel señor le atendió toda la vida, era tan buen médico que… Su madre se detuvo, parecía que algo no marchaba bien y dijo: ¿tú crees que?…

—El mundo de las solteras es un enigma madre -respondió Milton.

—Ahora que pienso –prosiguió su progenitora, tía Maray tuvo unos años de dolores de cabeza y le visitaba seguido al galeno, y nosotros en casa le aconsejábamos que consultara a otro y ella se resistía. Milton había descifrado un enigma, pero que conectaba con esas noches que dormían juntos, tal vez su celo íntimo se unía a ciertos excesos. Ante lo cual las vestales marianas de la iglesia se le aparecieron al instante y pudo intuir:

#hay devociones que incluyen un purgatorio de tentación#

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