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Milton M forma parte del libro TNT (saldrá en tapa blanda…) -j re ¿Conoces la casa de Milton? Web

Milton esa mañana decidió preparase un bocadillo de salchichón, nadie sabía si aquella manera de cortar el pan era propia de un trabajador de cuello blanco, pero se hacía tarde y la oficina no esperaba. Antes de envolverlo en papel de plata su mano toco con una fotografía antigua. ¿Cómo había llegado hasta allí? Era de un señor de frente ancha, nariz fina y gruesa y con un bigote de hace 60 años. Era uno de sus abuelos. Decidió buscar una chincheta y lo dejo clavado en la pared de la cocina. Por la noche al regresar le vio nuevamente. La intriga iba en  aumento. Los hombres parecen guardar en conserva aquellas relaciones que son tan cerca en los genes pero tan olvidadas en la realidad. Fue hasta una salita que tiene y usa de despachito y extrajo un lápiz de un cajón. En un papel puso: abuelo y llamo a su madre. Luego de los saludos de rigor le preguntó:

— Del abuelo Z. Milton ¿sabes si le gustaba cocinar?

— ¿Qué pregunta más extraña? –diría su madre. Tu abuelo era un cocinero regular, sabia eso si comprar unas lionesas excelentes en una pastelería del barrio de Gracia y las traía cada domingo a la mañana donde nos levantaba para su show.

— ¿Qué hacía?

—Bailaba y cantaba durante unos 15 minutos. Tenía una excelente voz.

— ¿Y que cantaba?

—Eran pequeñas operetas que hablaban de amores perdidos en un italiano pasado de moda. Nosotros al no entender lo que decía nos imaginábamos cosas. Tu hermano pensaba en batallas navales, y yo en amores que atravesaban mares en busca de ideales. “Era él ¿mecánico?” “Si”. Milton M se despidió. Luego divago por su piso sin rumbo hasta toparse con otra foto donde aparecía su abuelo y el, con casi cinco años. Estaban subidos a un burro en una feria. Y Milton comenzó a llorar. Una agua salada y amarga permitió saliera de su interior una tristeza absurda que le acompañaba de pequeño. Estuvo allí sentado hasta medianoche en que pronuncio un monologo sin atreverse a detenerlo. Aún recuerdo que encontramos hace poco en sus papeles apuntado en lápiz fino y decía aproximadamente así:

Los amores infantiles suenan escasos y muerden en cada uno de nosotros. Queremos levantarnos de una pena y reímos asediados por multitud de distracciones pasajeras: sexo, bebida, facturas, remordimientos. Pero las emociones caben en un puño. Allí están los altibajos de la vida. Ni la caspa, ni el calzón sexi atravesando la duna en verano es tan difícil de contener como aquel extraño y gris lamento por nuestros seres amados. Milton M cerraba la nota:

@la sopa de calor intimo… es tan necesaria@

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