ea8f984a82c9144f2c398db92b53cd70

Le podríamos denominar a esta forma al deseo, que cada tarde de verano aparece un poco antes de ir de piscina o playa y detenerse en el sillón para hacer la siesta. Para los que pueden regresar a comer en casa, o para otros, la tan preciada cabezada en la oficina o en un rincón pensando en desquitarse el sábado o el domingo.

En esa cara ofensa a la vitalidad y a las horas productivas vemos que la siesta se desmarca de los intentos por abolirla. Es como una antigua película mexicana que vi hace años, en aquella historia el dictador para recaudar, ponía impuestos a la puerta de entrada y los paisanos por respuesta usaban las ventanas. En los cambios que esta contemporaneidad establece cada cierto tiempo, siempre se escapa este rellano del sueño.

Hoy al venir para mi casa mi compañera se durmió en el tren, casi al llegar sonaría el móvil, era su despertador que marcaba las 14 en punto. Rito iniciático que la mayoría no puede dejar de practicar, parecido a las vainas que crujen en el malecón cubano cuando claman al cielo diciendo ¡qué salgan delante los hermanos Castro y sus mentiras y detrás… la siesta!

Y ¿el Magnun? ¿Qué tiene que ver en todo esto? Es el helado que espera unos minutos después de habernos despertado. Cuando -Ud. Sabe- algunos despertamos de golpe y otros pelean con el atontamiento, al estilo friki. En mi caso son 10 minutos y una nueva juventud que hasta da risa y aliento. ¿Ha probado abrir el cajón de la nevera y encontrarse sin su helado mientras otro miembro familiar lo saborea?

¡A veces mataríamos!

 

papeles-privados

Anuncios