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Escribir una leyenda

Jorge Sánchez Hernández, “La niña de Nepantla”, serie de retratos de sor Juana Inés de la Cruz, óleo sobre tela, sin medidas, colección particular (Familia Trauwitz, México), siglo XX catalogación: Juan Carlos Cancino.

He escogido algunos sonetos para poder acercarse a la intensidad de Sor Juana Inés de la Cruz, y debemos recordar que en aquella época siendo mujer y monja, escribir sonetos profanos o de amor y no sagrados rompía todas las convenciones. Es un placer para mi compartir con vosotros esta gran poeta. Los versos “han escapado” del libro de Octavio Paz: Sor Juana, al que recimiendo vivamente -j re

“Pues por no profanar tanto decoro

mi entendimiento admira lo que entiendo

y mi fe reverencia lo que ignoro”.

[…]

“Y diversa de mí misma

entre vuestras plumas ando…”

[…]

“Dichosa vivo al favor

que me ofrece un bronce frío:

pues aunque muestres desvío,

podrás, cuando más terrible,

decir que eres impasible,

pero no que eres mío”.

[…]

“Tan bien fingiste –amante, helada, esquiva-

que hasta la muerte se quedó dudosa

si la representaste como muerta

o si la padeciste como viva”.

[…]

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.

[…]

Pues está tiritando

Amor en el hielo,

y la escarcha y la nieve

me lo tienen preso,

¿quién le acude?

 

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