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by j re crivello

Escribir es un camino que surge de multitud de conversaciones, muchos humanos sostienen animadas charlas con sus perros u otro animal, con ello no hay nada que mejor para despertar la creatividad que practicarlas en la escritura. Imaginemos…

Al entrar al patio presentía que nuestra relación tocaba a fin. Vi a mi gato sentado sobre una mesa, el sol de esta Barcelona invernal le atemperaba su cara tan intelectual. Leía, ¿y qué leía? Como siempre mi actitud indecisa le fastidiaba, parecía decir: ¿pregunta de una vez de que va el libro? Pero era esa pereza al re-encontrarle una vez al día la que estiraba mi inquietud.

— ¿De qué va? –dije. Es el libro de memorias de Ingmar Bergman, La linterna Mágica –respondió, para agregar “si me sobornas con una galleta te leo un párrafo”. Parecíamos no querer aceptar que se marchaba, que había decidido desaparecer. Me lo había confesado ayer tarde. “¡Tres años son mucho! –Para agregar-, no aguanto relaciones de amistad con humanos más de ese tiempo. No dije nada. Solo murmure, como un amante sarnoso:

— ¿Me escribirás? El tiempo es una lógica que mata todas las relaciones, las deja rotas y encajadas en cajitas de la memoria. La nuestra ya tenía asignada el color caramelo. En mi memoria aparecería cada tanto, como ese amigo que recorre nuestras venas y nos dice… ¿te acuerdas? Y durante años nos refrescamos en esa anécdota, la elegimos al azar y la rebobinamos varias veces.

—Vamos –dijo él. Te lo leo sin galleta —y comenzó en voz alta: Bergman cuenta que una vez fue jefe del Teatro municipal de Helsigborg, el más antiguo del país y describe su llegada al teatro:

“Había pulgas… Puede seguir leyendo el disparador en este link.

 

Luego continúa escribiendo hasta un máximo de 100 palabras.

Seguiré publicando hasta 28 disparadores Creativos en los próximos días dentro de las tareas que FlemingLAB les hará llegar a sus alumnos y exalumnos.

¿Estás listo/a para insultarme creativamente con un comentario?

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