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Un día en el ascensor, una pasajera la miró y le exclamó: «¡Eres Jackie Onassis!». Ella replicó: «No, no lo soy».

Aquellos años del 61 al 63 expresaron un tiempo que siempre persistirá. Un país lleno de vida que amaba ser potencia y derrochaba la energía vital que se supone surge de sus propios ciudadanos. Solía vestirme para representar la familia mas fotografiada de América. En las horas libres me refugiaba en un rincón de la Casa Blanca a escuchar música. Hasta que estallo aquella tarde que acabo con él, y con mi manera de ver un sueño. Los días posteriores fueron el atropello de las ilusiones. Divagaba por mi casa y no era posible encontrar descanso a mi condición de la única mujer que ya no encontraría una vida normal.

La derrota de la vida, te marca y pasas del éxito moral a un espacio donde solo puedes superar la desgana recordando el pasado o refundándote. En los días posteriores al 63 debería luchar para no intentar recuperar un pasado que se alejaba vertiginosamente, mientras la sociedad para paliar su derrota moral intentaba convertirme en el referente de un sueño. Hasta que un día me topé con un vecino y con quien mantuve la siguiente conversación:

—Buen día, Madam. Al escuchar una palabra francesa intercalada, me detuve y respondí:

— ¿Es posible que nos hayamos cruzado durante años y no…? Él sonrió y dijo:

—Ni ahora ni en aquellos años Ud. respondió a mi saludo. Ahora es mortal. Le sonreí, con un tipo de mueca practicada en la época del poder de Camelot, pero agregue, una larga frase, sin asustarme del que dirán.

—Aquello está muerto y su recuerdo nos espía a hurtadillas. Mi interlocutor vestía al estilo de John, y su sonrisa me pareció congelada. En esta parte del país nos habíamos acostumbrados a responder como si el mundo no fuera más que una cita donde todos nos servíamos de la codicia, pero él dijo:

—Usted seguirá siendo viuda hasta que se marche de este país. Mi razón dio un vuelco y se ilumino. Dije gracias y me subí al coche. Detrás pude ver como se alejaba mi excusa y respuesta a la vez.

En aquel corto viaje, escribí en mi agenda: Ser la viuda del país produce grandes cargas, soledad, sexo sin respuestas y aves exóticas que desean merecerte.

Notas:

-The London Evening Standard dijo de ella: «Jacqueline Kennedy ha dado al pueblo estadounidense una cosa que siempre habían deseado: majestuosidad». Una semana después del asesinato concedió una entrevista para la revista Life. En esta entrevista habló de los años de Kennedy como «los años de Camelot». Durante un año no hizo ninguna aparición pública. Fuente Wickipedia:

-Camelot: Dado que la ubicación de Camelot sigue siendo un misterio, la verdad sobre ella —si es que existió— aún se desconoce. No obstante los argumentos acerca de la ubicación de la “verdadera Camelot” se han producido desde el siglo 15 y continúa haciendo estragos hoy en las obras populares y con fines turísticos. Fuente Wickipedia:

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