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by j re crivello

U Faber aquella mañana dejo el taxi en una esquina y camino en dirección a un bar donde hacían buenas hamburguesas, tenía un capricho, las quería rellenas de carne de delfín. Hacía años que no las comía. Al sentarse tuvo la primera sorpresa, ese plato lo habían retirado pues la contaminación de mercurio era tan alta que las cifras eran alarmantes: “hay hasta 2.000 partes de mercurio por millón, frente a 0,4 que es el máximo recomendable” —recito de corrido el camarero —para agregar: ¿no ha visto The Cove?

—Ponme una ensalada. —dijo U Faber. Y sentado en una mesa por su móvil localizó el documental. Se le revolvieron las tripas. Dos industrias, la ballenera metía carne de delfín por ballena y mataba 25 mil por año y otra facturaba en diversión haciendo saltar delfines para alegría de sus visitantes otros 1.400 millones por año. Se le había quitado el apetito. Pidió café y un wattapp entro en su mundo:

#¿Nos vemos en una hora? Era una rubia amiga. Otra sesión de sexo —exclamó. Podía anularla, podía referir que aún no había trabajado con su taxi y los domingos no lo hacía, o tal vez era una propuesta interesante convertirse en un activista anti-Seaworld. Indago aún más y descubrió que la cerveza que bebía era la dueña de los parques donde morían de estrés los delfines. Contesto el wattapp:

#Si te apetece… ¿hoy domingo podemos crear una campaña en change contra la utilización de delfines para el espectáculo? María Car contesto con un lacónico.

#Pero por esta vez… Quedaron en su loft muy cerca de Central Park. Pidió otro café e indago más sobre el circo de Seaworld.

As real as it gets.”
Tan real como parece. Era la frase de publicidad de la compañía. U Faber nunca había sido activista de nada a lo sumo en su juventud le habían intrigado las abejas y su desaparición tan extraña que aun hoy estaba en vías de solución por unas abejas robóticas que las reemplazarían —le había dicho un cliente que se montó en su taxi días atrás. En suma, cada vez se hundía más en el compromiso. Ese era un territorio impracticable para él, un tipo de cerveza (la dueña de los delfines estresados de Sea World), buenas chicas y canciones de rap. Pero al leer las historias de los fundadores de Sea World comprendió que el significado original de demostrar la capacidad del mar para nuestro planeta y ver como aquello se transformó en una compañía con 100 millones de visitantes y delfines danzando para hacer felices a los demás y una frase de uno de los fundadores, Milton Shedd le impacto:

“La gente no es consciente de que los océanos producen más del 50% del oxígeno de la Tierra”, dijo a The Times en 1995. “Nuestra empresa trata de desarrollar esta consciencia, el océano es algo que vivimos y respiramos”.

U Faber tenía el domingo estropeado, ya había decidido que sería en adelante un protector de delfines. Al llegar al loft de su amiga, la puerta dejo entrever a una rubia atractiva e intensa, hacía que no la veía cerca de un mes. Le invito a un café. Hablaron de todo un poco  hasta que ella con una sonrisa inteligente dijo:

—Te ayudaré. Es una lucha desigual. Sea World es un gigante y el sushi me encanta. U Faber empezaba a encarrilar el domingo y pensó: las grandes batallas comienzan con solo dos.

Notas:

Leer más:  «El océano está lleno de mercurio: si analizas un trozo de sushi te quedarías horrorizado»  http://www.larazon.es/historico/8712-el-oceano-esta-lleno-de-mercurio-si-analizas-un-trozo-de-sushi-te-quedarias-horrorizado-SLLA_RAZON_288213?sky=Sky-Marzo-2017#Ttt1a8mlS3JLN73P

The Dolphin Projects

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