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“—Rosendo, creo que lo estarás precisando.

A la altura del techo había una especie de ventana alargada que miraba al arroyo. Con las dos manos recibió Rosendo el cuchillo y lo filió como si no lo reconociera. Se empinó de golpe hacia atrás y voló el cuchillo derecho y fue a perderse ajuera, en el Maldonado. Yo sentí como un frío.” Pág 105, J. Luis Borges Historia Universal de la Infamia

A veces los cuchillos son largos y despeinados. Vivimos en una época que ya no se ven. Son de Ikea, están reducidos a una zona tan lívida y diaria: la cocina. Pero en la época de finales del XIX y tal vez más atrás era una presencia cercana y clásica. Hasta la Primera Guerra, le poníamos antes del fusil. Era la bayoneta. Después un hilo de sangre dejaba paso al recuerdo. A la medida de la muerte con acero y fuerza entrometida en la carne. Los años han alterado la receta para asesinar o defenderse. La pistola, la bala, el misil, el dron, hasta es anticuada la noñeria del veneno. Pero siempre nos persigue la fuerza, la diferencia. Cuando éramos monos nos agrupábamos y la muerte precedía a la oferta del clan de escapar, del exilio. Ahora solicitamos rehenes, empujamos a los civiles a otros territorios, destruimos a su paso a la cultura grecolatina. Es un sonido radical. Habla de antiguas rencillas y siempre establece que la fuerza precede a la ley.

Hobbes dijo que el Estado es un pacto entre desiguales que cede su libertad a la institución. Pero nos cuesta entender. Nos marchamos de agrupaciones de 27 países y enarbolamos la bandera, la sanguinidad, la frontera y hasta si se atreven los pactos de seguridad ya no los respetaremos.

Cuchillo, afilado y duro. Ágil, travieso. Precede a la fuerza. Nos avisa que los pactos serán revisados. Teresa May en Reino Unido de frente, sin ambages. Su visión sutil de la agrupación está teñida de la frase del clan cuando éramos monos: ¡agruparse! Otros como la Rusia de Putin, añaden su particular estilo, si les dividimos nuestro clan volverá a la fe antigua: la Rusia grande.

Se empinó de golpe hacia atrás y voló el cuchillo derecho y fue a perderse ajuera, en el Maldonado, nos dice Borges. Es probable que veamos cuchillos volar de nuevo sobre nuestras cabezas. ¿Le apetece regresar al clan?

¡No nos apetece!

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