Título original del relato ¿Cuál es el día ideal para matar a su suegra? -j re

V. V. Virchennko fue detenido el domingo a las 23 horas, justo al término del partido Barcelona Real Madrid. Le esposaron y le trasladaron a la comisaria que está en plena Ramblas de Barcelona. En el interior un policía tomo sus datos, le hizo las fotos de rigor y le unto la lengua con un líquido especial para luego pasarle un algodoncito de limpiar las orejas. Su ADN seria cotejado con los rastros dejados en el apartamento de su suegra. Ella había sido asesinada el viernes a las 21:30, era una rusa de casi 62 años, rubia, llena de joyas y que se peinaba en el saloncito para emigrantes de la calle San Ramón, en pleno corazón del Barrio Chino. Esta amable señora era dueña de un apartamento inmenso a dos calles de su peluquera. Había venido con su hija y V. V. Virchennko hacia seis años en plena euforia de la construcción. Pero detrás dejo una buena fortuna amasada en los canales clandestinos de la Nomenklatura. Su marido fallecería antes de dar el cambio de domicilio, por lo que Madam Maria Ristok pudo llegar a un acuerdo con la mafia local quien por una comisión le cuidada sus negocios. Diremos, a partir de ahora le llamaremos María R, que era redonda y de sangre caliente, llenaba sus vasos de vodka con una mezcla inventada de limón y azúcar y solía repetir el siete. Es decir siete vasos que ponía en hilera y sorbía uno detrás de otro, luego quien le seguía el envite y más si era varón y disputaba una noche de devoción a su gentil dueña.

Para V. V. Virchenko su suegra era una persona hostil y maleducada que manejaba el dinero a su antojo. Él consideraba que después de la crisis que se abatía en España lo correcto era volver a Rusia y poder por su parte gestionar los negocios –de Madam Ristock y tener una vida tranquila. Diremos que el ultimo dialogo entre ambos aparece en el atestado policial y es una muestra de las dificultades para que su suegra entendiera su razonamiento. En el periódico local —para ser precisos— publicaron un extracto dos días después del asesinato.

—Maria Ristock deberíamos marchar a Rusia –dijo V V Virchennko apoyado en la nevera.

—Tu puedes marcharte, mi hija y yo vivimos muy bien. En este barrio hay rusos, pakis, moros y sudamericanos y  mucho sol

—Pues entonces podría pasarnos una asignación mayor para vivir mejor.

— ¿No puedes con 5000 Euros? Eres un vago, ¡un vividor! –clamó María. Todo lo que tienes te lo doy yo. Si fueras a Rusia a administrar nuestro patrimonio la mafia te cortaría el cuello

—Maria Ristock –dijo Virchennko yendo hasta la salida de la cocina: es Ud. una… desgraciada. Todo lo que tiene es de su marido. Le… Y se marchó dando un portazo. V. V. Virchenko desde aquella discusión planearía con cuidado el crimen. El viernes era el mejor día, en Barcelona la gente se va de cervezas o tiene esa alegría de final del trabajo. Subiría a su piso y le rajaría el cuello con un cuchillo que le regalo para su 60 cumpleaños, luego se iría de tapas. No se darían cuenta hasta finales del domingo cuando sus vecinos regresan de la playa y quedan para ver la tele. Si le detenían seria extraditado a Rusia pero allí con una buena suma en tres años le dejarían en la calle. Y su mujer ¿qué diría? Ella también odiaba a su madre, solo debía esperar en Barcelona hasta que regresara. Y luego vendería todo lo de allí para instalarse en una ciudad al lado de la playa. En general diremos que todo se cumplió, le detuvieron, le metieron en la Modelo, le extraditaron y un año después con una buena suma en Rusia le dejaron salir por un error de la policía española al confundir el ADN del cuchillo de cocina de su yerno que lo usaba para preparar la comida para los tres miembros de la familia los fines de semana.

  1. V. Virchennko regresó a Barcelona y se instaló en una casita al lado de la playa cerca de Salou. Como cada sábado, mantuvo su costumbre de cocinar para su mujer y su hijo de 1 año. Aquel día, había comprado para hacer una paella marinera y quiso cortar los calamares en finas rodajas, en ese momento recordó el juego de cuchillos de su suegra que guardaba en el garaje. Fue hasta allí y se trajo una cajita de color rojo con dos frases en ruso en su portada. Al abrirla un fino dardo le dio en la cara que surgió desde un complejo mecanismo que se activaba con la apertura. V. V. Virchennko se rio con fuerza y se lo quito para lavarse la cara y secarse la delgada grieta que rasgaba su pómulo. Él era un hombre rubio de ojos azules y una sonrisa delicada y seductora, no era muy alto pero su físico era fuerte y recio. Ante tal estupidez decidió tomarse una copita de vodka y plegar el mecanismo tan astuto pero ineficaz. Sorbió el vaso y cayó muerto en el acto. La mezcla de vodka y el veneno que recorría su sangre le tumbo. Su suegra Maria Ristock había nacido en la región de Siberia de Aga Buriatia, en su capital Aguínskoie, allí sus habitantes utilizaban los dardos para dar muerte a sus enemigos con un retraso de minutos, casi siempre cuando estos disfrutan de una buena copa.

V V Virchennko tampoco prestaría atención a las dos palabras en ruso que precedían la tapa de la caja:

Do svidaniya! (1)

Notas:

(1)Hasta luego

Continuará…

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