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by j re crivello

Aquella mañana en Salou el sol estaba listo para otra jornada, los turistas caminaban hacia la playa y los establecimientos preparaban los arroces que degustarían sus clientes al mediodía. Pero en el cementerio local había un movimiento inusual. Una hilera de coches negros preparaban el entierro de V. V. Virchennko, esa noche en el móvil de María Ristock –su suegra- un enigmático mensaje en ruso diría: “mañana asistiremos al entierro de nuestro camarada”. Por ello el cementerio tenía colapsado el parking con una gama de limusinas negras presididas por Sajastan y una selecta representación de ex PCUS (Partido Comunista de la extinta Unión Sovietica) venidos desde aquella región de Siberia. El ataúd sencillo pero con seis pasamanos bañados en plata seria cargado al hombro por aquellos recién llegados. El protocolo de la antigua Siberia estipulaba un canto gregoriano, muchos lirios alegres y vivaces y una niña con un traje regional que llevaba un pan hecho por un panadero local doce horas antes del entierro. Y todo estaba listo. Un cura local del rito cristiano ortodoxo gloso la espléndida vida de V. V. Virchennko, y su ataúd fue levantado en hombros hasta dejarle en una fosa que miraba al mar. Ese pequeño islote peinado por el verde de un césped artificial había sido pagado por Sajastan la noche anterior en una funeraria de Salou. Los dólares rusos habían circulado por la elite local para dejar claro que su hermano y protegido se iba al otro mundo, pero que ellos consideraban seriamente instalarse allí para acariciar las bondades del sol y la playa del estilo de vida catalán. Luego del entierro fueron hasta un restaurante donde se sirvió paella y el vodka precipito encuentros que el frio de Siberia los escondía tras un muro de discreción. Pudimos contar un número de 33 hombres venidos para el entierro. Rudos militantes del ex PCUS; unidos por lazos de patria, de soledad comunista y un ingente desprecio hacia los chinos. Para ellos la URSS era su antiguo país y el corazón de sus negocios le unían al recuerdo de grandeza de su patria extinta. Con la era Putin recuperaban un poco de aquello pero sus intereses necesitaban una puerta a la Unión Europea. Y era Salou y era la tal Olga Fioronova –hija de María Riktov- quienes confluían en sus deseos. Hacia mitad de la fiesta una Olga desconsolada fue invitada a un saloncito apartado donde Sajastan le recibió. Este hombretón con mirada de oso en pleno país turístico parecía trasmutado, aunque conservaba las formas, una camisa blanca, su traje oscuro y corbata, una piel más oscura por el sol y playa y unas gafas RayBan de dorados, delataban aquel espíritu de calor y Mediterráneo. La invito a sentarse y durante largos minutos hablaron del tiempo, la cordialidad española, la paella y hasta las mujeres españolas y su coquetería sencilla pero persistente. De repente el hizo una pregunta:

— ¿Conoce Ud. Olga Fioronova la cantidad de intereses que tiene Ud. aun allí? “No” –ella pensaba que él le ilustraría, pero no fue así, inclusive percibió de su parte un cierto desprecio masculino. Por ello dijo algo que impaciento a su interlocutor: “quiero vender todo y traerlo a España”.

—Desde que esta Putin las leyes ya lo permiten -dijo Sajastan, pero los trámites son  lentos e inseguros. Esa “inseguros” era una extraña forma de denominar a los intereses de la Nomenklatura de aquella zona —luego prosiguió— algunos de sus intereses están unidos a un grupo de inversores lo que hace difícil la separación, por otra parte estos amigos necesitan un representante en esta zona que les ayude a invertir una parte de aquello. Olga Fioronova vio el hueso, había heredado la sabiduría de su padre, para describir los niveles de lazos de intereses, pero nunca los había puesto en práctica. En Barcelona se había dedicado a no hacer nada, tan solo había terminado hace muchos años sus estudios y una carrera de Empresariales. Por ello dijo:

—Solo aceptare si lo invertido es en negocios legales. Sajastan se revolvió y se quitó las gafas, sus nítidos ojos oscuros le regaron de insolencia, para decir: “Todo lo que tenemos respeta las leyes rusas, nuestro país se destruyó y tuvimos que arbitrar una transición que protegiera nuestros intereses entre los cuales estaban los de su padre”.

—Yo quiero lo mío –dijo ella, pero con cierta ambigüedad agrego, si lo obtengo seré muy eficaz con vosotros. Sajastan se froto una oreja, luego se doblo despacio para recoger del suelo, muy cerca de su pie derecho una pequeña caja de madera que ponía Uspekhov! (1) y la depósito encima de la mesa. Olga se puso de pie y se acercó, su falda pegada al cuerpo y ceñida mostró una mujer atractiva e impresionante. La nariz leve, los labios sensuales y sus gafas oscuras que retiro hacia atrás dejaron ver dos piedras de intenso azul que dominaban en la cercanía. El abrió la caja, dentro habia una colección de papeles escritos en ruso, llevaban hasta un formulario con sello de la nueva Rusia. Sjastan dijo: “si firma aquí debajo, la lista de su patrimonio pasara en días a su nombre –y agrego ya más sereno viendo aquella mujer atractiva y sensual que cuadraba en sus intereses “luego estará unida a nuestros intereses y gestionara desde aquí una larga lista de inversiones que le haremos llegar” Olga Fioronova pudo hasta pensar: “¡tan fácil!”, su interlocutor sin moverse del asiento parecía haber captado el brillo de sus ojos y no se inmuto, solo dijo: “si algo sale mal, un sicario desde Moscú esta en dos horas aquí”

Olga Fioronova leyó los documentos uno a uno y firmo. Luego comprendió que una parte de su patrimonio no se podía desligar. La Nomenklatura establecía que ciertos intereses eran comunes e indivisibles. Y con el paso del tiempo entendió que Sajastan era el jefe de la pirámide de un imperio que llegaba hasta la frontera de China y del cual dependían medio millón de personas.

Continuará…

Traducción:

(1)¡(Le deseo) el Éxito! Uspekhov!

Notas

Nomenklatura La existencia misma de la nomenklatura y el carácter exclusivista de dicho grupo fomentaron la creación de numerosos vínculos de clientelismo dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética. Así, los funcionarios del Partido encargados de realizar nombramientos en cualquier nivel de la administración cultivaban la lealtad personal de aquellos a quienes habían nombrado; luego este funcionario actuaba como un “patrón” intercambiando favores con sus clientes (aquellos quienes le debían un nombramiento importante), apoyándose mutuamente frente a sus rivales en sus respectivos niveles de poder; claro está que los “patrones” más importantes del Partido eran los funcionarios que poseían mayor poder (por ejemplo, miembros del Politburó) y éstos solían tener numerosos “clientes”; a niveles intermedios un funcionario podía ser un “patrón” respecto a los funcionarios de menor rango que él había apoyado o nombrado pero a la vez podía ser “cliente” de un funcionario de nivel superior de quien recibía protección a cambio de lealtad. Fuente Wickipedia

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