r k tartan 03

Amigos, al escribir este capítulo mis risotadas se sentían desde mi estudio en toda la casa -j re.

—¡Hola! Me giré y estaba a mi lado R. K. Tartán. Llevaba el sombrero Panamá y una camisa de lino por fuera de color rosa. Sus ojos brillaban y se pidió un bocadillo de jamón serrano y un vasito de vino de Torres. Y unas aceitunas partidas y aliñadas con aceite de arbequinas. Los sábados me gusta desayunar bien –agregó. Eran las 10 y pobre de mí llevaba en el estómago un croissant y un café con leche. Le hubiera dicho que había estado con su amiga, la señora del trasero turgente especializada en “quiromancia-tarot-stress de soledad”, pero no me atreví. El por su parte continuo: Buenos goles ayer los del Madrid. ¡Joder! Y además es blanco. Ahora me dirá que el chuletilla del Ronaldo es el mejor de Europa —pensé. Ronaldo jugo muy bien, este año le darán la bota de oro —agregó.

— ¡El copón de oro! -dije. Y él me miro riendo

—Veo que eres del Barça, tenéis suerte con el Messi, pero este año está bajo de gasolina -y comenzó a comer su bocata. No hacia ruido con la boca pero el aceite le mancho la camisa y le echaron unos polvitos que tienen en los lugares finos como este. En mi caso decidí dejar el periódico y pedí un cortado, luego dije:

—_Está anunciada lluvia.

—Si

—Y dicen que los turistas llenaran las playas

—De biquinis –respondió R. K. Tartán. No podía continuar sin decirle lo de su amiga y dando un rodeo pregunte.

— ¿Siempre saca su perro a pasear a las 21:30?

—Cada día, mi tigre, si no lo hago se vuelve loco

—Su tigre, ¿se refiere al chucho?

—Mi perro se llama Sandokan, y es un perro muy listo, al salir de paseo él ya pone la dirección de la ruta y solo le acompaño. Bonita relación entre chucho y dueño –pensé- El tigre le acerca a la cueva de la tigresa y lo siguiente es un sarao cada día. El dejo el bocata y dirigiéndose a mi insistió: mi mujer me ha dicho que ahora ya no riega con calzoncillos rojos, que cada día tiene uno de cada color -y rio

—Sí, Su mujer es muy observadora, el otro día fui al Condis y por una compra mayor de 50 Euros regalaban bragas o calzoncillos y cargue con una docena. Y son buenos. ¡De primera!, aun esta la oferta esta semana, puede aprovecharla, aunque Ud. no utiliza manguera –y reí sin desconsuelo, mis carcajadas hicieron que se giraran los comensales de la mesa de al lado. El giró su sombrero panamá y bebió el vino y acabo con su bocata para pedir un café con abundante güisqui -luego dijo:

—Le voy a confesar algo y se inclinó hasta mi: cada día que salgo doy un paseo y…

— ¿Y qué?

—Y voy a una casa donde me hacen unos masajes de fábula. Aquello ya era la re-ostia, este puto señor bananero presumía de ir a un sitio sin pagar. ¡Qué narices! En ese momento sentí que mi voz interior me decía: deja esta relación tan estúpida y vana, tan llena de miseria y mentiras. Plántale en la cara a este tipo, que sus presuntas insinuaciones son estúpidas imaginaciones masculinas. Pero no pude y respondí:

— ¡Que le aproveche! Y pague y me marche. Al salir una llamada de teléfono me distrajo. Ponía numero privado, normalmente no atendía esas llamadas donde siempre te querían vender, o un cambio de compañía de teléfonos, o una cita con el horóscopo, o como aquel día una manifestación de autónomos agobiados con la crisis, y dije “hola”

—Me ha dado su teléfono un amigo suyo. “¿Quién?” –pregunte.

—R. K. Tartán. ¿Se acuerda de mí?, soy Madame Miriam. Quien atiende el stress de soledad. El otro día, echando cuentas sobre su visita tan particular, le comente a su amigo y este me explico que Ud. solía regar con calzoncillos rojos ¡cada día! Y eso no estaba bien, y me recomendó le llamara, con una primera consulta gratis, que él le invitaba.

—Señora yo

—Le parece bien el jueves a la noche, es un horario que tengo libre y cuando Ud. regresa del trabajo puede pasarse. Su amigo me aconsejo ese horario al verle dar un paseo hace unas noches.

—Señora yo. “Le espero” –y colgó. Estaba fastidiado el tipo del sombrero panamá y su perro Sandokan me la había jugado. Que podía hacer en la casa de un travesti raro y extraño, que se ocupaba del futuro –por decir algo- con unos labios carnosos y una silueta que al caminar bailaba de manera insinuante y con aquellos senos inflados que al atravesar la calle todos se daban vuelta. Es que… ¡ahora le recuerdo!, a ese travolo lo había visto comprar el pan en la misma panadería que tengo. Decididamente me marche a comprar el pan, pero, ¿cómo preguntaba por el travolo? Entre y pedí “una barra de pan, blanquita y sin sal”.

— ¿Ahora sin sal? -preguntó mi panadera

—Si –respondí, el médico me ha dicho que rebaje la sal para mejorar la circulación y bajar mi tensión. Y mire hacia un lado, un cartel ponía Madame Miriam y su teléfono. Pregunte con disimulo.

— ¿Una madame? ¿Es nueva en el barrio? Mi mirada y la risa suave propiciaron que la panadera sonriera, y sus ojos brillaran, para decir: “no sé qué pasa en este barrio pero a los hombres les ha dado por saber sobre su futuro. Ya conozco a varios que van a verla. ¿A Ud. le interesa el futuro?”

— ¡Oh no!, no Y ella continuo: “esa señora es muy rara cuando viene a comprar el pan, sus tacones de aguja del 15 y sus abundantes movimientos ponen a los que compran rectos y a la espera”. Y agregó: “las ricas sorpresas usan tacos de aguja” riendo descarada. Asentí con la cabeza y me marche.

 

Anuncios