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Serie sobre las unas mujeres que abundan en mi familia -j re

Me ha llamado esta mañana mi Tía, está nerviosa. No sabe qué hacer con tanto dinero en la casa. No sé si acuerdan, que se sintió con miedo y fue hasta el banco y lo retiro. Ahora está atrapada en la liquidez. Me trajo a colación cuando hace unos meses visite a un Tío en América. Antes de irme a dormir se acercó hasta mí, diciéndome con sorna:

—Esta noche vas a dormir encima de un mar de dólares. No pude menos que mirarle con cierta sorpresa. El, a continuación agregaría: “tengo por costumbre de esconder el dinero en el suelo, dentro de un hueco.  Y esta debajo de donde dormirás”. Ni que decir que pase la noche un poco preocupado, tal vez como multitud de españoles, estoy acostumbrado a la civilización de la deuda. No sé, me asaltaba la idea de un profundo foso, que me atraía allí debajo hasta hartarme de billetes verdes, rectangulares y sosos, que en cualquier serie americana vemos en el maletín a cambio del polvo blanco.

La crisis fue así de dura, generró nuevos hábitos, recortes, in-genio y una buena tacada de pasos por la calle para encontrar buenos precios. Pero también, en épocas de liquidez y atesoramiento podemos recurrir a los consejos de Tío Gilito. En su revista mensual del año 1990, en uno de los capítulos, vemos que le llega una invitación para una cena, en casa de una amiga. Él tiene dudas, cree que ello sea una trampa y mientras se decide da vueltas alrededor de un inmenso “saco de dinero que utiliza para paseos circulares”. En la carta,  su amiga le hace referencia de un buen menú y reflexiona llegando a la conclusión: “me parece que me conviene aceptar, porque últimamente he ayunado mucho. El aumento de los precios alimentarios me ha obligado a disminuir el consumo”. Por fin se decide: “correré el riesgo de una cena romántica a cambio de un banquete”.

Comamos de gorra o no. La excelente escritora Margaret Atwood refiere en una de sus últimas entrevistas que en la Gran Depresión, el sueldo de sus padres se dividía en cuatro sobres: “Alquiler”, “Comida”, “Otras necesidades” y “Entretenimiento”. “Los tres primeros sobres eran la prioridad y no había nada sobrante para el cuarto, no podíamos ir al cine y mis padres se iban de paseo en su lugar”. Para concluir no sin cierta astucia,  que esto refleja el arte perdido de “vivir con tus necesidades”.

¿Es esta la cuestión? Tal vez abandonar un periodo de deuda y confianza ilimitada en el consumo, por otro de regreso al hogar y las comidas con amigos en casa alrededor de la charla, o las buenas tardes de cine o deporte. Esta genial novelista también nos malcría con una segunda definición: “de lo que realmente estamos hablando es de los desequilibrios en la obligación, que es lo que es la deuda”. Dicho esto y recordando el pedido de mi Tía, he visitado un establecimiento donde venden cajas fuertes. Las hay a partir de 300 Euros. El problema me ha surgido, en cómo explicarle al vendedor si era posible, que por ese precio y tamaño, entraran los 105.000 Euros que mi Tía Mari tiene en casa. Pues bien hasta una caja del precio y tamaño de 2.000 Euros no era posible. Decidí buscar un albañil y fabricarle un agujero al estilo de mi Tío el americano.

 

Nota: Este artículo aparece publicado dentro del libro “Planeta Zapatero”

Me ha llamado esta mañana mi Tía, está nerviosa. No sabe qué hacer con tanto dinero en la casa. No sé si acuerdan, que se sintió con miedo y fue hasta el banco y lo retiro. Ahora está atrapada en la liquidez. Me trajo a colación cuando hace unos meses visite a un Tío en América. Antes de irme a dormir se acercó hasta mí, diciéndome con sorna:

—Esta noche vas a dormir encima de un mar de dólares. No pude menos que mirarle con cierta sorpresa. El, a continuación agregaría: “tengo por costumbre de esconder el dinero en el suelo, dentro de un hueco.  Y esta debajo de donde dormirás”. Ni que decir que pase la noche un poco preocupado, tal vez como multitud de españoles, estoy acostumbrado a la civilización de la deuda. No sé, me asaltaba la idea de un profundo foso, que me atraía allí debajo hasta hartarme de billetes verdes, rectangulares y sosos, que en cualquier serie americana vemos en el maletín a cambio del polvo blanco.

La crisis fue así de dura, generró nuevos hábitos, recortes, in-genio y una buena tacada de pasos por la calle para encontrar buenos precios. Pero también, en épocas de liquidez y atesoramiento podemos recurrir a los consejos de Tío Gilito. En su revista mensual del año 1990, en uno de los capítulos, vemos que le llega una invitación para una cena, en casa de una amiga. Él tiene dudas, cree que ello sea una trampa y mientras se decide da vueltas alrededor de un inmenso “saco de dinero que utiliza para paseos circulares”. En la carta,  su amiga le hace referencia de un buen menú y reflexiona llegando a la conclusión: “me parece que me conviene aceptar, porque últimamente he ayunado mucho. El aumento de los precios alimentarios me ha obligado a disminuir el consumo”. Por fin se decide: “correré el riesgo de una cena romántica a cambio de un banquete”.

Comamos de gorra o no. La excelente escritora Margaret Atwood refiere en una de sus últimas entrevistas que en la Gran Depresión, el sueldo de sus padres se dividía en cuatro sobres: “Alquiler”, “Comida”, “Otras necesidades” y “Entretenimiento”. “Los tres primeros sobres eran la prioridad y no había nada sobrante para el cuarto, no podíamos ir al cine y mis padres se iban de paseo en su lugar”. Para concluir no sin cierta astucia,  que esto refleja el arte perdido de “vivir con tus necesidades”.

¿Es esta la cuestión? Tal vez abandonar un periodo de deuda y confianza ilimitada en el consumo, por otro de regreso al hogar y las comidas con amigos en casa alrededor de la charla, o las buenas tardes de cine o deporte. Esta genial novelista también nos malcría con una segunda definición: “de lo que realmente estamos hablando es de los desequilibrios en la obligación, que es lo que es la deuda”. Dicho esto y recordando el pedido de mi Tía, he visitado un establecimiento donde venden cajas fuertes. Las hay a partir de 300 Euros. El problema me ha surgido, en cómo explicarle al vendedor si era posible, que por ese precio y tamaño, entraran los 105.000 Euros que mi Tía Mari tiene en casa. Pues bien hasta una caja del precio y tamaño de 2.000 Euros no era posible. Decidí buscar un albañil y fabricarle un agujero al estilo de mi Tío el americano.

 

Nota 1: Este artículo aparece publicado dentro del libro “Planeta Zapatero”

Nota 2: Una parte de los votantes franceses no aceptan la globalización, o votan Le Pen o Melenchon cansados de perder posiciones en esta escala global que marcan los tigres asiáticos. No comprenden un fenómeno universal de intercambio desigual que ahora les obliga a cambiar de actitudes frente a la liquidez.

 

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