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by j re crivello

Es una frase que empieza a aparecer en nuestros días en algunos avatares de la Inteligencia Artificial. Estamos en 2035, mi biblioteca reserva algunos textos antiguos y he decidido abrir uno “El Capital”. Ya nadie se acuerda de aquel libro. Le quito la telaraña, está en la parte alta donde una sombra de humedad le rodea. Huele a viejo, a cosa antigua. Tan solo abrirla, y un recorte del periódico del 1 de mayo se escapa: ¡Proletarios de todos los países, uníos!,  ¡Qué recuerdos! Todo se ha ido al carajo. La cultura industrial está metida en grandes fábricas que hacen tomates o vainas para meterse en el ano. Se ha mezclado todo en un sinfín de series para vender en esos caníbales llamados servidores de internet, quienes te envían a casa hasta polvos para echar en la humedad de la pared. ¡Que mierda! Dejaré que esa humedad llegue hasta el suelo y reviente el zócalo. A lo que iba. Dice Marx citando a Aristóteles:

“Si las lanzaderas tejieran por sí mismas, ni el maestro artesano necesitaría ayudantes ni el señor esclavos” (1)

Marx pronosticó que la reducción de la parte variable del capital, o sea su factor trabajo traería consigo la desaparición del capital, partiendo de una reducción  de la apropiación del esfuerzo de las horas del tiempo de trabajo que entregaba el obrero y acabaría con la plaga de los capitalistas. Miro a mi alrededor todo me llega desde La Nube Platón, así le llaman a un robot que dirige la producción de una fábrica que sirve mis pedidos. Ya los humanos trabajan pocas horas. Ya pocos producen la parte variable del capital que tanto fascino a Marx y sus colegas. Con mi dedo releo un pie de página:

“Nunca hubiera creído que sería capaz de ejercer todos los oficios que he practicado en California. Estaba convencido de que, salvo en tipografía, ya no servía para nada. […] Como el trabajo en las minas no era bastante remunerador, lo abandoné y me dirigí a la ciudad donde fui tipógrafo, techador, fundidor, etc.” 1860 Carta de un obrero francés (1)

En aquella época, hace 175 años el capital era el rey. Hoy vivimos un capitalismo de la Inteligencia Artificial que domina el planeta y se disponen a visitar a otros mundos. Los humanos recibimos nuestro salario social sin trabajar, aquel que lo hace es por diversión. Mis amigos más jóvenes escriben que desearían trabajar, bueno ahora le llaman ir a hacer algo, en una empresa —sigo— que les llevara a decidir por sí mismos.

Decidir por sí mismos, esa es la palabra de moda. Muchos se han apuntado a la exploración espacial. Dicen que allí todo es imprevisible, autentico y agregan:

 “Nunca hubiera creído que sería capaz de ejercer todos los oficios que he practicado en la exploración espacial. Estaba convencido de que, salvo en mi profesión anterior, ya no servía para nada.

 

  • Die Philosophie des Aristoteles, t II Berlín, 1842
  • Pág 593. El capital Carlos Marx
  • “A una parte variable del capital, es decir, una parte que se convertía en fuerza viva de trabajo, la transforma en maquinaria, por tanto en capital constante, que no produce plusvalor alguno”. Diremos nosotros lo transforma en Inteligencia Artificial y robots.
  • En 2017, la economía española produce un PIB igual que antes de la crisis, pero con dos millones menos de trabajadores. La parte variable se ha transformado en capital ¿Tal vez?
  • ¡Proletarios de todos los países, uníos!, (en alemán: Proletarier aller Länder, vereinigt euch!) , a veces reproducido como ¡Trabajadores del mundo, uníos!, es un lema político que alcanzó notoriedad por estar incluido en el Manifiesto del Partido Comunista, escrito por Karl Marx y Friedrich Engels, y una de las consignas más famosas y representativas de la causa del comunismo a nivel internacional

 

 

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