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by j re crivello

Lucas Boy llego al hotel “El corazón Dormido” a las 8 de la mañana. Era su propietario desde hacía 5 años, estaba en pleno centro de Sitges, dedicado a una clientela  homosexual, se anunciaba como “Gays Hotel” y su fachada era de color azul intenso. Lo había abierto con grandes esfuerzos económicos pero la comunidad internacional que visitaba esta villa costera lo había hecho suyo y estaba en el Tour mundial. Con elegancia y cierta intuición cada detalle era sencillo, con tonos pastel y una atención rigurosa le convertía en un empresario distinto. Un mensaje en su móvil entró en ese instante. Ponía: “salgo a las 10. Espérame en la puerta. Cárcel de mujeres Wad Ras. Barcelona. Besos W B”. Tenía, una cita con el destino -pudo pensar—, o tal vez esta semana se sumaban los encuentros con una comunidad de personas desasistidas; ayer su amigo, los tres niños, el gato y el perro y, hoy una ex de un amigo, fallecido en extrañas circunstancias, y dominado por el caballo que se inyecta, ahora abandonaba su destierro, detrás de un muro. Recordó un papel oxidado que estaba en la entrada del hotel y le había enmarcado y  generaba comentarios de sus visitantes, bajo por las escaleras hasta recepción, a esa hora dos personas hacían su cheking, dio un rodeo y lo descolgó para leerlo en voz baja en el lavabo más próximo:

“Ni el Barrio Chino que juntos pateamos –una, dos, miles de veces. Ni el ácido prestigio de las putas que bordeaban el acantilado del carrer Unió. Ni la llamarada que crecía en la Plaza Real y amenazaba con dar fin a nuestra juventud ciega y ágil. Nada podría quebrar. Pero, él se quebró. Y este escritor lunático se apartó, del caníbal deseo. Y luego siguió una larga, tormentosa noche. Un trueno de color rojo le consumió. El caballo, la Atenas calurosa, la Barcelona china, se olvidaron de un mitómano:

“Turbio, santo, amigo e incapaz de poner el ego a su servicio”.

Una foto de un tipo de 23 años, de sonrisa suave le precedía, al final ponía en negro escrito a lápiz “A Luis F”. Y esta mañana debía recoger a su ex, él se había dormido en la refriega de la droga y ella renacía después de años en una consumida tarea de rehabilitación. ¿Cómo estará? ¿Con la cara blanquecina de siempre? ¿Con aquella subida de tono que le daba ser una bomba sexual? O ¿aquella sonrisa a media agua que presumía de inundar a su contertulio de amaneramientos alrededor de una noche loca? Fuese una u otra, Lucas Boy se permitió soltar una lagrima en el retrete, luego dejo el cuadro colgado en el mismo sitio y preparo cuatro cosas antes de montar en su moto. ¿Porque le había puesto este nombre al hotel? Tal vez el corazón dormido es ese espacio de la juventud que todos visitamos a lo largo de nuestra vida y que la comunidad gay nunca acepta abandonar, llena de iniciativas y encuentros cruzados -a veces-, en la cual ellos le recuerdan como aquellos años mágicos que reparamos con sal.

 

10 de la mañana. Wad Ras. Barcelona.

Abrieron las puertas y una señora altiva apareció con un macuto. Tal vez, dos camisetas, un pantalón y a lo sumo tres bragas. Desde lejos pudo ver como su belleza estaba apagada, pero al acercarse su fuerza explosiva seguía vigente. Le dio un beso en la mejilla. Ella dijo algo como: “hola, estaba esperando este momento, llevo 10 años metida en este tubo lleno de mierda y miedo: a vivir, a los polis, a las noches solas, a los sueños que una se ha hecho y maldice”. La voz era más reducida y grave, las formas de hablar más cerradas, de comunidad carcelera y llena de prisas por dominar. Lucas Boy le miro hasta entrar dentro y pregunto:

– ¿Estas decidida a dejar aquello?

–Sí. Esa mierda es parte del pasado. No sé qué hare pero por aquí –dijo levantando la falda y dejando ver unas piernas rosadas y  pronunciadas- voy a parir. Se montaron, y ella se apretó a él. Su cuerpo se engancharía hasta fundirse y dejar pasar acido. A Lucas Boy le quemaba esa mujer que daba calor aun sin proponérselo.

Al llegar al hotel, le acompaño a una habitación pequeña de la tercera planta. Ella se sentó en la cama, él pregunto:

– ¿Tienes algún plan?

–Buscar trabajo

–Puedes quedarte aquí unos días. Si te atreves y…  encajas también puedes trabajar de camarera en el bar dando los desayunos, y las comidas. Para ellos tendrás que ir a la peluquería y moderar tu “slang” carcelario. Ella le respondió con una mirada altiva y cortante. Le recordaba muy bien, era la justa pieza de amistad que su ex Luis amaba pero convergía al estar necesitado de pasta, o de silencios. Nunca había aceptado aquella relación, pero visto desde este presente, su quilla estaba rota y varada, debía reconstruirse, que mejor que aquel tipo al cual su ex regresaba en los espasmos de su yo. Dijo:

–Vale. Se estiro hacia atrás dejando ver unas piernas rosadas y fuertes. Las abrió una y otra vez. Entre ambos las miradas, cruzaron reproches, medias solicitudes y algún rechazo. Pero también fuego, mucho fuego que subía en aquel mar rosado de sus piernas y se detenía sin someterse a reglas. Lucas Boy le previno:

–Solo te acepto a mi lado si te mantienes limpia. Esta dirección es de una coach amiga, a dos pasos de aquí, puedes elaborar ¡qué sé yo! Le pagaré de mi bolsillo –agregó. Ella sonrió y se puso de pie. Casi muy cerca de él dijo:

–Gracias. Te acuerdas cuando bebíamos los tres en la Barceloneta y tú te girabas en la playa y desde allí gritabas:

–¡Va fan culo! “Si” –dijo él.

 

Lucas Boy llego a casa de Mar Perez cerca de la 11 de la noche. Era tarde, pero el hotel le consumía. La última vez que estuvieron juntos no se habían tocado. Los cuatro besos una cierta ternura, pero su proyecto en común –el hijo se mantenía. Pero ella le recibió muy cálida. Cenaron juntos y él se durmió en el mismo sitio que hace unas noches. Ella resistió a su lado hasta irse a la cama de madrugada. Luego le despertó a las 8 y desayunaron, la química entre ambos iba en aumento, pero él no se atrevió a decirle que estaba en el hotel una mujer de un ex de un amigo fallecido hace años. ¿Por qué esa prevención? “Las relaciones para ser fecundas deben ser frescas, libres y transparentes” -con esa frase retumbándole en la cabeza -de su Nona-, llego al hotel listo para trabajar.

 

 

 

 

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