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by j re crivello

Lucas Boy y Caro Vespasiano, su amigo que era dueño de un nuevo legado –de tres hijos, un gato y un perro caminaron por una especie de estepa verde. La vid en esta época del año en el Macizo del Garraf se presta a un cierta melancolía, largas hileras se mecen como un látigo de domador de circo, curvadas, subiendo y bajando e irresistibles a dar orden al territorio. Acababan de dejar una antigua masía. Lucas Boy argumentaba que aquella con varias habitaciones y un comedor cocina disponibles y mucho espacio para arreglar era una salida a su situación. El desempleo de Caro -del sector de la construcción- le permitía ir arreglando la casa y allí podía criar a sus hijos. Muy cerca estaba Vilanova donde sus hijos irían al colegio, el pagaría los gastos y un salario mínimo y crearían un hotel de agroturismo más una marca de vino propia. Esta zona era conocida por la cercanía de Villadelobos, otro enclave donde antiguamente se movían manadas de lobos salvajes que oteaban y establecían los límites de una vid, que era un producto criado con paciencia y esmero. De allí había surgido la divertida y especial manera de sus escasos habitantes de no aceptar ningún pago que no fuera dispuesto con el criterio de la manada. Caro Vespasiano pregunto:

– ¿Aquí somos manada?

–Casi. Allí abajo en el valle –dijo Lucas Boy señalando al amplio estuario que se divisaba del Mediterráneo y las cercanas Sitges y Vilanova- la gente ha roto en pedazos con su manada y sus comportamientos, cínicos y audaces, no respetan las leyes.

–Es que desde aquí, cito Caro, se ve con cierta distancia y el paisaje te atrapa en su recuerdo. Ves una tierra ondulada, que se junta con la línea del horizonte y el espíritu de la manada está recordándonos a quien nos debemos. El pacto estaba sellado, los dos amigos entendían que su proyecto iba más allá de una letanía individual, deseaban poseer la tierra y servirla con los inquilinos que vendrían desde Barcelona, los niños, el gato y el perro.

–Será duro –dijo Lucas Boy. El cole se acaba la próxima semana y podrás instalar aquí a ellos a la siguiente, luego le buscaremos uno en Vilanova. Allí –y señalo con el dedo- hay un terreno con viña antigua de una señora que vive en Barcelona, la próxima semana firmaremos un alquiler a diez años. Esa viña esta desolada, pero en cada junta de camino plantaremos rosales y mediremos la alcalinidad de su base para mejorar esas plantas que algunas tienen más de 50 años. Y aquí, desde este camino hasta allí arriba —señalo con el pulgar derecho— ira un sendero para que nuestros visitantes lo recorran y allí haremos la vendimia y participaran en el ciclo del vino todos nuestros clientes del hotel y siguió desgranando complejas historias de como crecer en un medio hostil dotado de tan solo sueños.

– ¿Comienzo mañana? –dijo Caro. Traeré una muda y herramientas y si me das algo de dinero comprare lo necesario para adecentar  la primera zona donde instalarnos.

–OK. Nada era tan tradicional como en épocas de crisis que los acuerdos surgidos de la potente voz de una amistad y los deseos de crecer. Los dos amigos confiaban el uno en el otro y el espíritu de la manada les protegía. En los tiempos tan difíciles que nublaban España, este espíritu estaba olvidado y trataba de resurgir.

–Le llamaremos al hotel: “Espíritu de la manada” –dijo Caro

– ¿No es poco comercial? –pregunto Lucas Boy

–Al final le llamaran “Espíritu”, matizo Caro.

 

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Unos meses después.

Un mensaje en la web de los gays de California alerto que existía un hotel llamado “spiritou” que “era cálido, suave y nostálgico”. A partir de ese momento la agenda y las reservas del hotel subieron como la espuma. Para algunos la manada sería un aspecto secundario, pero la creciente presencia de familias monoparentales y sus hijos pobló la zona de ruidos y voces diferentes.

 

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Me llamo Mar Perez. Durante años ha nublado mi manera de ser la influencia de mi madre. No fui consciente de ello hasta casi su fallecimiento. Aun le recuerdo, sentada en su reposera marrón cara el macizo, sobria, elegante y con unas pulseras traídas de la India -cada año. Aunque vivíamos separadas, a la mañana y a la noche recibía sus llamadas y siempre con la misma letanía: ¿has pensado en casarte? ¿En tener hijos? ¿En lo estúpida que estas sola y viviendo de tu egoísmo? Y siempre en esa continúa protesta que corroía mi calidad de mujer. Hubo épocas en que no le atendía, otras cambiaba de número y en las más débiles aceptaba que sus ruegos eran una verdadera razón de ser mujer. Y ello me llevo a aquel desastre de relación con Lucas Boy. Quise poner en el jarro tanta necedad que le destruí. Hace unos días he vuelto a acercarme a su estilo desapasionado de vivir. Me he metido en el compromiso y he pedido un niño. Mío, o compartido pero que no responde a la madeja familiar. ¡Seré monoparental!, o él estará cerca. Ahora bien: ¿Cuándo lo haremos? Siento que he perdido esa cosquilla que da el sexo, o mis miedos me paralizan y aunque lo deseo acabo rechazándole y vuelta a comenzar.

 

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Me llamo W B –me dicen Webe-. He salido de la cárcel de mujeres –de Wad Ras-, y a pesar de mantener el tipo tengo miedo de caer en la droga. ¡Estás curada! –dijo el psiquiatra, pero él no conoce mi alma. Es altiva, loca, seduce y crea una carrera incierta con los hombres, se mezcla y corroe con el sexo y los equívocos. Desde que Luis F falleció por el caballo, deje de inyectarme. Pero la cárcel es un espacio lleno de inmundicia y si conquistas algún corazón, o ella a ti, se supone que el pacto es de hierro. La almeja (1) está muy buscada y he tenido propuestas difíciles de resistir. La vasca (2) y los bemoles (3) están del otro lado del muro y durante tantos años debía improvisar, debajo de las duchas era el bujio(4) del bujarron (5) con lo cual solo me quedaba mi cama para meterme los dedos. Ahora que estoy en libertad, aparecerán muchos y Lucas Boy detrás de su fachada, no creo que esquive chivar(6) conmigo.

 

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Me llamo Rosa R, acabo de ingresar en el Psiquiátrico. Durare poco, me lo han prometido los médicos. Unos leves ajustes en la medicación y regresare a casa. ¿A dónde? ¿A la de mi familia paterna? ¿ A la de mis niños? O tan solo a un espacio nuevo, de una colina nueva, de un pueblo nuevo. La comida está bien. Los lunes ponen macarrones, pero si uno quiere se puede reemplazar por patas de gallina en salsa, los martes lo cambio por sorbetes de sesos y el domingo te permiten un atracón de verduras con una salsa que aún no se su origen: ¿quizás… sangre de toro?

 

NOTA:

  1. A) Slang carcelario

(1) Almeja: vagina

(2) vasca: la gente

(3) bemoles: testículos

(4) bujio: escondite

(5) homosexual

(6) hacer el amor

  1. B) Imágenes del Pueblo de Viladellops

 

 

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