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Aparece en mi libro Sicilia. -j re crivello

 “El viejo Chevrolet salió de Kansas City el sábado 21 de noviembre por la noche. El equipaje iba atado a los guardabarros y al techo.; el maletero iba tan lleno que no podía cerrarse. En el asiento trasero había dos televisores, uno encima del otro. Quedaba muy poco espacio en el habitáculo; Dick al volante; Perry sentado y aferrado a una vieja guitarra Gibson, su bien más preciado” pág. 141 A sangre fría Truman Capote

Los viajes iniciáticos son sabios, allí depositamos cuatro maletas y un sinfín de alegorías sobre aquellos sueños que nos planteamos administrar. Ayer viendo Titanic recordé mi partida –a los 18 años– del puerto de Buenos Aires, en un gran barco de 30.000 Toneladas, detrás quedaba el final de una tierra prometida y con 20 dólares asumía el riesgo de nuevos e intensos territorios.

¿Quién no ha hecho un viaje así? Es una metáfora de la sabiduría. Al marcharse uno presiente conocer poco y los crepúsculos se parecen aburridos e inconstantes. Se marcha para captar un sonido sutil, tenue, de nuevas vidas o nuevos retos. Y, crece como aquella gota que cae del viejo grifo, una tras otra. Los viajes de este tipo incluyen también, alguna promesa de regresar, uno que otro pacto con el diablo, al decirnos que aquello que nos ofendía tercamente no lo permitiremos en la nueva vida; y agregamos curiosidades que en nuestra vida anterior rodean nuestra alma. Dentro, la llevamos como el legado que compartiremos con los habitantes de la llanura soñada. Aun a veces anhelamos que Sodoma y Gomorra, la ciudad dejada se hunda en el fin de los deseos y se incendie.

Aunque nada es como lo propuesto originalmente, Sodoma estará allí y nosotros le recordaremos con cariño, cuando el viaje cuaje en un raro incendio de ternura.

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