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by j re crivello

Aquella mañana era suave, sin alteraciones de viento o agua, el Mediterráneo estaba regulado por una ola gigante que fabricaban en Italia por termodinámica y la Villa Olímpica no parecía desierta. Los autobuses de turistas bajaban para dar la vuelta de rigor y uno de sus dos edificios más famosos: el Hotel Arts no presentía quien vivía en su terrado desde solo dos días. El monstruo de cemento rodeado de una jaula de metal y vidrio era el lugar preparado para que e_pink razonara si debía quedarse a vivir en la ciudad. Su cara de almidón, su cuerpo estilo pantera y su larga cola rosada; si se descubría su presencia traería millones de turistas para desterrar de la ciudad ese pasado de Olimpia y ciudad de las maravillas a la vez. E_pink decidió desayunarse en la planta 54, había dormido al raso debajo de la antena de radio y unas gotitas de sudor le delataban. Para vivir en esta ciudad el aire acondicionado era letal, por ello decidió desconectar un motor de la última planta, que daba aire a todo el hotel y respirar a gusto. Se sentó en una mesa y coloco un ventiladorcillo. El camarero al saber que era un VIP tolero el desplante y sirvió jamón pata negra, tomate en el pan, un huevo de codorniz y una ración de cola extra. Al girarse e_pink pudo comprobar como el sudor hacia una uve en la espalda de su servidor y dijo en voz alta:

—Hace calor ¿no? Su voz sonaba a nasal, describía una rara constancia al ser captada por el oído humano, un falsete primero y luego un estrujamiento grave al final.

—Sí. Se ha estropeado el aire y todo el edificio sufre una descarga de odio y malhumor. E_pink sonrió y bebió cola, luego movió el dedo y el camarero inundado de sudor se acercó. E_pink pregunto:

— ¿Qué me recomienda para visitar? Digamos que no sea un tópico y represente a la ciudad

— ¿Lo quiere gamberro? –pregunto. “Si” –respondió.

—Existe un bar donde se fuma y se bebe por las noches, es el London Bar en el Barrio Chino. Allí hasta puede escuchar música. “Y, ¿para entrevistarse con alguien durante unos minutos?” –pregunto e_pink.

—Debe avisar en recepción y le darán una sala –dijo el camarero.

— ¿Hay una sala de color rosa?

—Tenemos una que parece un flan pero está pintada en rosa. Es un flan porque el artista se imaginaba los pechos de su mujer y diseño esa sala para recibir a sus invitados con una cierta visión irónica.

—Me puede Ud. llamar y hacerme el trámite para dentro de media hora. El camarero asintió, le pregunto el nombre del visitante: “D_ney” dijo –e_pink, y su contertulio abrió los ojos por suponer que ya había muerto o estaba en algún limbo de los de Hollywood. Pero e_pink explico que quien le visitaba esa tarde pertenecía a la tercera generación y venia para ofrecerle hacer una película, luego bajo por el ascensor y pasó por recepción donde le asignaron una secretaria La mujer, le pidió le acompañara y le precedía por un largo pasillo. Él pudo observar como su chaqueta vestido marrón estaba húmeda con grandes círculos de agua, y se mecía con un cierto ruido que intuía escapaba de su pierna izquierda. La mujer al subir al ascensor, le miro de frente. Era estrabiga y sus gafas estilo Paris Hilton disimulaban unos labios ondulados y fríos, y con cierto fastidio exclamó:

— ¡Es tremendo el calor! Se ha roto el aire y parece que nos inundáramos de m…; e_pink le miro y ella dedujo que aquella palabra ambigua sometida a la presión del sudor no era la más adecuada, la apertura del ascensor y la sala enfrente rompieron el encanto. Al entrar pudo ver que D_ney estaba sentado en un sofá estilo victoriano, era la planta quinta y se veía el mar. E_pink se acercó a una ventana y pudo observar que aquellas enormes planchas de cristal no podían abrirse, pero vió en la parte alta una salida de emergencia, tiro de la anilla como si fuera la puerta de un avión y esta salto por los aires dejando entrar una brisa fresca –y se sentó. D_ney estaba empapado y al borde del desmayo y la brisa le pudo revivir. Bebía cola amarga, una variedad de Coca Cola que habían sacado al mercado esos días, e_pink solicito una igual. El camarero al traerla vio el destrozo de la ventana, respiro, luego dijo—: Llamare a reparaciones cuando acabe mi turno. La botamanga de su pantalón mostraba un recoge vasos donde acumulaba el agua.

—Me alegro de verle –dijo e_pink. Su frase sonó a falso, a nadie le agrada ver a su jefe.

—Queremos que trabaje en una película y haga de Chaplin –dijo D_ney

—Y, ¿porque Chaplin?

—A nuestro director, le parece muy interesante juntar a ambos al cumplirse los 100 años de la primera película. E_pink bebió cola amarga, sabia a hierbas y sus burbujas chirriaban en su estómago. Se puso de pie y marcho hasta el lavabo, al acabar de evacuar se lavó las manos y miro al fondo, al ver una nueva ventana de salida de emergencia, tiro de su anilla, la cual salió disparada en dirección a la calle planeando por encima de los autocares de turistas. Y regreso

—Me voy a quedar a vivir en Barcelona –dijo epink. La haremos aquí. ¿Tenéis un estudio de Hollywood en esta ciudad? Su interlocutor acostumbrado a sus ocurrencias respondió:

—Es un estudio pequeño, pero se puede hacer. D_ney había dejado de sudar, un grupo de bomberos intentaba sujetar otra enorme plancha en el lateral para evitar fuera a dar en los turistas. E_pink vio como D_ney marchaba al lavabo, la cola dietética ya había hecho efecto en el productor más famoso del planeta. E_pink sin  proponérselo miro en el portafolio que se había dejado sobre la mesa. Estaban los contratos y un mapa con una fecha. Pero además, una hoja suelta firmada por la CIA decía que le asesinarían esta noche a las 23. Un tal, Tirofijo Dos. Dejo el papel y con preocupación decidió aceptar la película y disimular. ¿Qué hacer? No saldría a la calle ¡nunca más! Imposible. Y si, ¿se compraba una caja de truenos y lo asustaba? No los asesinos no entienden del mundo de Hollywood   —pensó. Lo mejor era hacer su vida normal, ir a ese London Bar y esperar. Pero debía conocer la imagen de Tirofijo Dos. Salto detrás de la barra y en el monitor interno del Hotel, utilizó una entrada a Google, tecleo su nombre y puedo ver que era uno de los actores más famosos de la D_ney. Calvo, de cabeza rapada a cero, un auténtico nazi con unos ojos apagados y concentrados. Al ver que D_ney regresaba dio un salto y quedo con él para festejar en un sitio de moda, aquel acepto a regañadientes, se verían a las 10 en la Rambla de Barcelona, a la salida de un metro, de nombre Liceo. Se despidió y regreso por un largo pasillo tirando de la manilla de emergencia de todas las ventanas que hallaba a su paso. En la última miro hacia abajo. La calle estaba cortada y un batallón de bomberos intentaba recoger las láminas de cristal que planeaban.

Fiel a su estilo, y a la frase, que lleva escrita en su única maleta —: La vida se vive sin pedir cita previa, e_pink esa noche salió para la Rambla a las 22, llegaría justo para presenciar su asesinato. Hasta le gustaba esta trama estéril que le suponía muerto para reemplazarle en la próxima película por Tirofijo Dos. Entro en el London Bar a las 22:45, D_ney le precedía. El ambiente lleno de un humo pegajoso se agarraba a su piel. Su acompañante tosió repetidamente. Una barra inmensa y un nombre gigante en la parte alta con la grafía típica de principios de siglo y luego un pasillo ancho e indiscreto donde se apiñaban las mesas. Se sentaron al final, desde allí se veía el piano y gente joven que comenzaba a charlar despacio. E_pink recorrió con la mirada donde podían asesinarle: ¿de un disparo?; o ¿con una cerbatana? Decidió sentarse de espaldas a la pared, y ¿si fuera con una bola de billar?, desecho la idea y siguió estableciendo supuestos; ¿con un bocadillo congelado y envuelto en papel de plata?; o con una bebida. Era imposible, habían pedido Coca cola amarga y esta pócima le disparo el estómago, y salió corriendo al lavabo. Allí pudo ver una ventana, la empujo entreabriéndose para dejar ver un callejón oscuro y siniestro. Aquell era una típica calle del Barrio Chino, hacia el final algunas señoras atendían despacio y febril a sus clientes. ¡Esta es mi salida! –pensó-, para regresar a su sitio, sentarse y esperar. A las 23, en punto, pudo ver como Tirofijo entraba y pedía una cola amarga en la barra. ¡Esa era la señal! Pero estaba muy lejos para asesinarle, tal vez al beber le llevara al lavabo y allí ¡catapun!, acabaría con la faena. ¡Y fue así! Al contacto con el líquido Tirofijo corrió al lavabo y al pasar delante suyo disparo con tan mala fortuna que dio en el hombro de D_ney, y e_pink escapo corriendo hasta la ventana del lavabo. Antes de saltar, pudo observar a Tirofijo sentado en una taza de wáter respirando agitado con el ritual de un estómago desquiciado. Pero al llegar a la esquina, ya corría detrás de él, ante lo cual torció por una calle estrecha llena de señoras. – ¡Cuántas señoras de paseo! –exclamó. Tal vez Barcelona estaba de fiesta para las amas de casa o era un concurso de animadoras. ¡La leche! Al llegar al final la calle se estrechaba, el rotulo de la pared -a más de 2 metros ponía Robadors- y la romería femenina iba en aumento, miro hacia atrás y Tirofijo seguía su pista, pero los dolores de la cola amarga le daban un aire cadavérico, pálido, e inclusive a punto de desmayarse, y dar de bruces en el suelo. Una multitud de féminas le auxiliaron con gritos tales como: “¡A él! ¡A él!”

—Parece tener la enfermedad del tifus –dijo una. “No el sarampión” -razono a gritos otra. “No es la Cola amarga” –grito una más sabia. Casi al llegar al final e_pink se detuvo y pudo escuchar una voz que salía detrás de su espalda —: “Hola ¿estás solo?” Se giró y una señora llena de gracia, de labios gruesos, llena de vitalidad, calzando un vestido ceñido de pantera con un tul negro le miraba -y respondió:

—Si

—Si subes a mi casa, te prevengo –dijo ella-, que Barcelona será tu nueva vida.

—Vamos –respondió. Y subieron por una estrecha escalera de cemento del siglo pasado que daba a una puerta de color verde. Ella abrió y pudo ver un diseño atrevido y conocido. Las paredes y los muebles de rosa, los vasos del mismo tono y una copa detrás de otra de un líquido zumbón le dejo casi… muerto.

 

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