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aMIGOS AMO ESCRIBIR ESTAS HISTORIAS, lES InviTO -J rE

Gustavo vivía en una charca de más de dos metros, con un árbol verde y grande y una planicie que llegaba hasta una estación de tren solitaria donde paraba una maquina con tres vagones una vez en semana. Nadie bajaba, ni nadie subía, oía el pitido y, su adorada locomotora de negro y humo gigante una vez cumplida su tarea se marchaba. La charca volvía a su tranquilidad y nadie se acordaba de aquel remanso de paz. Pero Gustavo tenía alma de poeta, o de príncipe. Siempre decían las demás ranas o sapos que él iba para cantante, o a lo sumo para vivir un cuento de hadas y amor donde fuera capaz de aparecer en la tele o reinar en un castillo lleno de galletas de ajonjolí. Él no se creía aquello, pero de vez en cuando acostumbraba a salir de la charca y mirar en el espejo que daba el agua y se veía diferente. Hasta que un día la máquina del tren dejo a alguien. Alto, de bigote –aunque ya no se usara- y fue hasta la charca a preguntar por Gustavo. Todos señalaron un espacio lleno de flores y con mandioca verde que parecida a la patata, la rana sabia freír en una cocinilla de plata. Con una sartén le daba dos vueltas ¡Ale op! Y salía una maza que dejaba descansar y era una delicia. Al llegar el visitante gUSTAVO le convido aquello y el señor sentado en un espacio de arena, degusto su plato preferido y dijo:

—He pensado que Ud. debería venir a Hollywood y actuar para los niños que ven la tele.

— ¿Y dónde es ese pueblo? –pregunto gUSTAVO

–Si Ud. se monta en ese tren le llevara hasta el final de la línea, luego cambiara a otro con asientos Pullman y llegara a unos grandes estudios que he fundado para crear animaciones.

– ¿Y las animaciones de que hablan?

–De la vida, de los sueños, del amor

– ¿Y del sufrimiento?

–No, allí solo estamos contentos. Cada día inventamos una historia que cuenta otras historias que lleva a otras historias sin fin.

–Contentos –interrumpió gUSTAVO. El señor se sintió un poco descolocado, y la rana pregunto

– ¿Quién le hablo de mí?

–Su primo, trabaja con nosotros, es una rana que hace de vaquero y gana todas las peleas. De mentirillas claro –agregó

–Pero a mí me gustaría un papel más de verdad, donde hablara de por ejemplo una tal Carmen. —: ¿Y esa quién es? –pregunto el Señor intrigado.

–La señora que bebe agua y respira por nosotros en una ciudad donde se sufre mucho. Una ciudad al ladito de Barcelona. Viven todos encimados, con poco espacio.

–Bueno se podría intentar

–Y además me gustaría hablar de Ron Cortez ¿Y ese quién es? –insistió su interlocutor.

–Es un primo que se marchó a Venezuela y me escribe largas cartas donde me cuenta que allí los caballos corren en grandes praderas y las gallinas son tan grandes que si uno se come un muslo le dura en el estómago ¡1 mes! Podríamos intentarlo –respondió su visitante.

–Pero también me gustaría hablar de Jon Pérez, un cultivador de gangas que siempre pesca oportunidades y las vende al mejor postor. Sin ir más lejos el otro día compro un serrucho para cortar caramelos y fue capaz de utilizarlo en una feria para tallar y vender de la misma gominola hasta 1 millón de veces. Su visitante ya estaba inquieto ante tal desmesura pero acepto el convite y preguntó—: “¿Algo más?”

–Bueno, me gustaría hablar de River Jean (1), un simpático receptor de apuestas que vive en un pueblo y recita de memoria todas las apuestas de sus clientes, debido a que una vez le detuvieron y se comió los papeles.

– ¿Y este que tiene de especial?–pregunto su visitante

–Pues que sus apuestas son números aleatorios que se repiten… si Ud. es capaz de sonreír. En su pueblo dicen que las carcajadas dan vida y él es el inventor de esta modalidad de juego en que participan los vecinos por el deseo de ser felices. “¡Ya! Dijo el visitante ¿Y…?” para carraspear visiblemente molesto.

–Y también hablaría de una señora que canta de maravilla, doña Elena Sin Hueso que recita una especie de canción donde Ud. y yo somos iguales

– ¡Vaya estupidez! Y Gustavo sin inmutarse ante el enfado del productor prosiguió—: “Iguales y llenos de cartón para navegar por territorios alejados del aburrimiento”.

–Sabe lo que le digo –su visitante se puso de pie– dentro de 15 días hay una reunión de varios invitados. Esta es su tarjeta, pone 001 y es un chicle verde fosforescente. ¡No se lo coma! Le espero, y luego camino hasta la estación donde el tren esperaba de regreso. Gustavo masco un poco más de mandioca verde, luego fue hasta un ropero pequeño y saco de su interior y repaso un traje de lentejuelas y una corona exuberante de oro y dijo en voz alta para que la charca le escuchase:

¡Seré gUSTAVO De BeULAKER!

 

Nota: River Jean es mi tío abuelo Pascal que vendía apuestas y se las comía si aparecía la Policia.

Aqui aparecen grandes personajes que me acompañan cada tanto: River Jean, Ron Cortez, Jon Pérez, Carmen.

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