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Carlos Gardel

Con este artículo termino esta serie amigas/os. No así un libro de ficción con el mismo título que sigue creciendo -j re

Lamentablemente la muerte no hace nada para mejorar lo que era el que murió y esto es así más allá de todas las creencias de la elevación del espíritu y la purificación de las almas. Me parece importantísimo poder perdonar al difunto, pero no olvidar quién fue en vida. Perdonar es cancelar sus deudas, pero no es olvidar que no las pagó. Pág. 151 Jorge Bucay El Camino de las lágrimas.

Mother tosió, un pus le llevo al médico y luego hacia un hospital en las Sierras de Córdoba. Allí curaban a los enfermos de los pulmones, durante ese largo año le visité a veces. Son pantallazos de la memoria que regresan mientras la soledad de un niño se refugia en sus dos abuelas italianas y la lectura de la Biblia. Largas tardes donde David se enfrentaba a Goliat y miles de hombres espía creaban mundos donde el pueblo de Israel atravesaba el desierto. Su enfermedad marco otra etapa, cruel etapa, pues el sexo a los 8 años aparecía creciente en un mundo rodeado de mujeres. Todas hablaban desde la ternura o desde la tentación. Al apartarme de Mother crecían genios de otras miradas, grandes, pequeñas rodeadas de incesto, o camino de la muerte. En un entierro que asistí de una prima lejana. Con unas horas de fallecida, y al entrar a su cuarto, estaba estirada en la cama y una bufanda atada alrededor del ovalo de la cara y la cabeza le impedía desfigurarse. Extraña es la vida, junta a la sensualidad con la muerte, a la ternura con el deseo, a matronas cuidadoras de mi soledad y gigantes de atractivo desmesurado.

En esos día Mother escribía en su diario —que luego una vez fallecida me entregaron—: “Llego el día que debía partir para internarme, coloqué ropa en un bolso pequeño y salí sin despedirme de nadie”. En el hospital escribía: “trataba de dormir todo el tiempo, leía mis apuntes de química, no tenía ilusiones, no esperaba un milagro”

O en pequeñas poesías:

En mi había una tristeza profunda

Como un pájaro sin alas, herido;

A quién le han cegado.

Los recorridos del duelo son desiguales, al ser niños explicamos emociones que nos surcan constantemente, crean una resistencia que aparecen en la madurez. Por ello, decía Heráclito —: Es imposible bañarse dos veces en el mismo río. Ni el río trae la misma agua ni yo soy ya el mismo.

Una tarde —casi al final de su vida, Mother habló largo rato conmigo por el móvil, luego aquel flujo de vida se transformó en silencio, bronca, rabia, ira. El Comandante ya había fallecido, la vida jugaba con fuerza en busca de significados, pero ellas, las claves, las habíamos abandonado tantos años atrás que  la memoria teje y las sustituye por otras explicaciones. W.H Auden dirá al respecto:

Ya no se necesitan las estrellas,

Sáquenlas todas;

Llévense la luna

Y desmantelen el sol;

Pues nada volverá a ser como antes.

 

W.H Auden (1907-1973)

 

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