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by j re crivello

Aquella noche salté las rejas del Museo Balaguer y subí las escaleras que me llevaban a la cúpula donde vivía ese extraño personaje. A los minutos pude verle flotar. Histérico, colérico, observé que se mantenía al final de la enorme sala debajo de la cúpula. No consentía me acercara a la caja de cartón situada casi al centro. Cada vez que me desplazaba unos centímetros, su cabeza se abalanzaba sobre mí. Intente dialogar. Dije:
_ ¿Ud. es de aquí?
_ ¡De donde si no! –respondió mientras una carcajada golpeaba los ventanales.
_ ¿Se ha casado alguna vez? -¡qué desastre!, ¡quien le puede preguntar a un fantasma por su estado sentimental!..
–Muchas –respondió-, para agregar: en todas les he dejado tiesas, fritas. Les he marcado el paso y me he vengado de cada recelo, de cada silencio. Les he montado y descabalgado, he encontrado el amor y luego la dura rutina. Hizo una pausa y pregunto: ¿Qué le trae por aquí? Desde mi posición, tal vez íbamos bien, se atrevía a la intriga. Pero me atreví a exclamar —: ¿No me descabezará hasta ver por dónde salgo? Y agregué: Todos hablan de Ud. -desde 1850, en ese libro. El de los misterios.
–No encontrara nada allí que Ud. no haya vivido. Aquel era mi primer matrimonio y ella se corrompió. ¡Ahhh, aquellos buenos años! Vilanova era la “Habana Xica”. Traíamos dinero y ambición de América. Los grandes palacios de la Rambla los hicimos alrededor de 1825. ¡La ciudad hoy está cargada de recuerdos!
_ ¿A Ud. le parece bien que me lleve esa caja? –señale con el dedo en dirección al cartón encima del mármol.
_ ¿Para que la quiere? –preguntó. Está vacía –agrego, mientras se revolvía furioso y lleno de ira.
–No estoy seguro que está vacía -dije
–Bueno… –rio con fuerza, hay algo dentro. Lo dejó en su momento Svetla.
– ¿La dejo para mí? ¿O para A. Growing, su marido? -pregunte. Fiero y malhumorado contesto a regañadientes mientras se paseaba por las ventanas de la derecha, aquellas que dan a la estación del ferrocarril:
–Sepa Ud. que ella temía a alguien. Sabía visitarme a hurtadillas de los administradores del museo. Los muy cabrones me odiaban y aún me odian, aspiran a echarme y utilizar este espacio para exhibir estupideces.
– ¿Y Ud. no desea marcharse? –pregunté. –No puedo, mi tarea es vigilar que esta ciudad no ame. Que no se vuelque hacia la ira.
– Menuda tarea –dije para agregar— ¿Cómo?–pregunte.
–Si –respondió con descaro y animándose, el Comandante elevo la voz y dijo casi gritando: ¡Los que viven en este pueblo deben darle salsa a esta madriguera! En este pedazo de tierra, al venir de América trajimos también por ejemplo la venganza. Este paraíso, se transformó en una tierra de fariseos.
–Y ese libro desaparecido ¿nos da alguna solución? —Pregunte ya sin esmero, estaba perdido en aquel atraco de ira y venganza que mi interlocutor cultivaba.
– ¿El libro? Él nos muestra lo grotesco de la soberbia humana. La que Ud. trae encima. Viene aquí para saber, y se cree que eso está en un libro de hace dos siglos. Rio con fuerza y su sonido retumbaba en la cúpula. Su sonido me aturdía, las luces se apagaron y encendieron varias veces hasta quedarnos a oscuras. De la calle entraba la iluminación de una farola, su imagen se agrandaba. Temía a aquel espíritu. De repente, se me aparecieron sus ojos, estaban a nada de mi cara. Reía y atronaba. Su imagen era redonda y tiesa. Tan tiesa que parecía a punto de estallar ante la tensión. ¡Se la daré si es capaz de atravesar el jardincillo e ir hasta la casa del frente! –grito una y otra vez. ¡Aquella casa de rayas ocres y amarillas! —señalaba el edificio contiguo del que ni siquiera me había mirado. ¡Allí vive mi primera mujer! Cuando le haya visto y regrese, le daré el libro de esa caja. Me sentí empujado por un viento hasta la puerta. Pude salir. Detrás se oía una risa torva y fría. Me asomé por la ventana. Pude ver desde allí, la antigua mansión cuadrada, de rayas horizontales alternas de ocres y amarillos tenues, que estaba unida al Museo a través de un jardín. ¿Quién vivirá allí? Detrás su risa atronaba; el Comandante era un ser herido que se agitaba por un amor que vivía a escaso metros de él. Y sin proponérmelo abrí la puerta para situarme en la mitad del jardincillo, a mi espalda la cúpula, en frente una casa cerrada, a oscuras, de ocres y amarillos parecida a la de Hansel y Gretel pero íntima y seductora a la vez. Estaba paralizado. Mire hacia la calle un golpe de suerte me llevo hasta la salida, vi que pasaba un coche de los bomberos, el ruido y las luces cortaron el silencio que me rodeaba, corrí a la puerta y salte la valla. Al caer del otro lado, mire detrás, en la cúpula las luces se apagaban y encendían violentamente. Me dije: J rick… regresarás por esa caja de cartón.

Notas:
(1) Los Misterios de Villanueva. Descripción e Historia de sus monumentos, usos y costumbres. Villanueva, Imprenta de J. Pers 1851

Nota: La situació privilegiada de la vila, entre Barcelona i Tarragona, li va donar un fort impuls econòmic i cap al segle XVIII molts vilanovins, homes de negocis, anaren cap a les Amériques a fer fortuna, eren els anomenats “indianos”. Quan van tornar, encara més rics, donaren molts diners a la vila i es construïren moltes obres d’estil colonial, tantes que a la vila li valgué el sobrenom de l’Havana Xica.

Per exemple, la bonica Plaça de La Vila va ser pagada per l’” indiano” Josep Tomàs Ventosa, (el senyor al mig de la plaça). És actualment la plaça on hi ha l’ajuntament, i en una de les parets de l’ajuntament s’hi pot veure la Carta Pobla de Jaume I. Fuente: Jofre Capdevila Link

Sitios para visitar:

Casa Renard, Masia d’En Cabanyes, Biblioteca Museo Balaguer, Teatre Principal, Can Papiol, Biblioteca Joan Oliva  Foment Vilanoví, Casa Samà y Can Pahissa.

Lista de más de 200 monumentos y casas históricas de Vilanova i La Geltrú Link

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