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by j re crivello

—¿Cuándo iremos a Buenos Aires, Majestad?

La nueva reina de Portugal, entrecerraba los párpados, como una gata. Ya no sería suya la corona de América:

—Pronto, Silvestre, pronto… ¿Estás cansado?

—Muy cansado, Majestad (pág 2015, Manuel Mujica Láinez, Misteriosa Buenos Aires)

 

Ronaldo se va del Madrid, aduce algo que solo podemos valorar los españoles venidos de fuera. Aquellos que hemos nacido en otros mundos y luego nuestro crecimiento se ha asociado a esta espléndida sociedad. La sociedad española vive grandes gestas, ama la vida, triunfa siendo fiel a su estilo, y combina algo difícil de concebir: un mundo de toreros en desaparición, vírgenes y procesiones, grandes deportistas en cientos de actividades siendo números uno, o cocineros que aman la vida y dan lecciones de creatividad y buen hacer. Pero allí está su sanidad, sus industrias (el 90% de los 3 millones de coches hechos aquí se venden fuera) o sus jóvenes.

Los jóvenes españoles están vestidos de traje y danza. Pero el relato se termina aquí, esta sociedad no acepta al triunfador, y le cuesta verse como triunfadora. Su pasión es igualar. Hay una panda de estimados reformistas de izquierda que quieren igualar. Despojar. No reconocer que el triunfador es la sed y la ciencia de cualquier sociedad.

En estos días asistimos a una escena: el dueño del imperio Zara dona 300 millones de Euros para aparatos para combatir el cáncer y los reformistas le rechazan. Pero no rechazan su donación, rechazan la obra descomunal de un grupo de españoles (100.000 empleados) que ha construido el mayor conglomerado de distribución mundial. ¡Es como si lo suecos rechazaran a Ikea!

Por ello como gran español de corazón, espero que los jóvenes se quiten este gran defecto y aplaudan a quien triunfa. A quien al conquistar su idea conquista a los demás.

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