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Eyes of the soul

by j re crivello

Calculé que regresaría al desván, pero el azar me situó en el cuarto destinado a la pulpería, sobre una barrica de vino de Cuyo. Una semana transcurrió y me despedí definitivamente del mareante pedestal. (pág 194, Manuel Mujica Láinez, Misteriosa Buenos Aires)

Las redes construyen mitos y seguidores. Algunos son inmutables y de calidad, y otros se muestran con papeles intermedios. Para todos existe el minuto de gloria, desde el travieso desliz de una nalga a la foto descarnada de su ingreso en un hospital. La generación del Like se prodiga mostrándose desde el pedestal. La Doble Realidad se retroalimenta (1). Mientras me muestro la red me ofrece lo parecido, lo que es similar, lo que posee mis gustos. El algoritmo me retiene, me seduce, me incluye. Las comunidades están expuestas a la participación y al giro provocador, templado o soez, da igual. Un tal Pablo en Instagram sube imágenes de señoras depiladas alegres y llenas de salsa. Y una, y otra… Será que mi algoritmo me ha cazado, además de leer tengo una edad difícil, es como la lista que me retiene entre los que tienen edad para tener problemas auditivos y me llaman, me ofrecen los mejores aparatos para la sordera. La Doble Realidad se asoma, me rodea, me cita y por ella aparece un sinfín de necesidades humanas.

Me quema esta lastimera perdida de la privacidad. Ellos me conocen, me intuyen, me detectan. Uno de mis hijos (el ingeniero informático) hace unos meses abandono Face. Me dijo: — ¡no quiero que comercien con mis datos! Aquello que me pareció una boutade, hoy cuando me persiguen las lolitas, los audífonos, las consultas para viajar a Bariloche en agosto y etc, le doy la razón.

¡Quiero que me devuelvan mis datos privados!

 

Nota: defino como doble realidad a la malla que tejen los algoritmos de la Inteligencia Artificial para retenernos en una atmosfera fabricada en estándares basados en mis datos privados. Aparecerá en mi próximo libro: Car Rawson y la I. A.

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