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by j re crivello            imagen: Robert Capa Barcelona, 1936

 

Tenía un abrigo

Azul. Era de col y salchicha.

Eran gordas salchichas hervidas

El olor era a col

Ah olor delicioso

A col afuera no había ruido de verano

Agua que corre en algún lugar de la cocina.

By Shirley Nielson(1)

La col es una deliciosa verdura de olores intensos. En nuestras vidas lo olores intensos se fabrican en –me permite Ud. Lector que imagine- tardes de verano u otoños desaliñados. Allí, en esos abrevaderos del alma buscamos un conjuro, para sanar, para oír nuestra voz interior pegada al alma. Ese run run antiguo de canciones de nanas que nos protegen de la vida adulta, de las duras condiciones de subsistencia, de amores acertados o desencuentros.

Diré del  protagonista de esta serie D. Ré:

“En esa arboleda de pueblo olvidado, de calles anchas, de arena traída del rio para dejar una pátina delgada en sus calles. En esas arboledas de plátanos que trepan hasta las nubes, allí espere toda una tarde. Cuando apareció, alto, de bigotito delicado y sonrisa socarrona, le saludé. ¿Cuánto había pasado desde la última vez en que se rompió el corazón? Tal vez desde mis 10 años. En ese recorrido se perdió la inocencia y fue sustituida por grasas ligeras, mayonesas nuevas, ardores juveniles, ilusiones en suma. Pero al saludo se vino todo encima. Mi padre fue una intuición, solo. Luego una lluvia partió el cielo y se llevó hasta el lagarto más grande y grueso. En ese rellano de pueblo, todos se protegieron. La tormenta cautivó, rugió y hasta domino el inmenso rio que transcurría tranquilo”

#Nada es interminable, cruel sofoco… el olor a col me aterra#

(1) Colección de poesías de Shout Applaud, escritas en una residencia de mujeres retrasadas y aparecen en el libro El Gozo de escribir, de Natalie Goldberg, pág. 103.

Nota: D. Ré. Mi Padre, lo que a veces llamó los genes de Mingo

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