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by j re crivello

“–Os doy las gracias, milord, por vuestra puntualidad dijo, haciendo una profunda reverencia–. ¿Quisiera su señoría echar pie a tierra?

– ¿Estáis solo, joven? –preguntó el otro.

–No iba a ser tan cándido –contesto Dick–, y para ser franco con su señoría os diré que los bosques que se extienden a ambos lados de la cruz están repletos de mis honrados hombres, que descansan sobre sus armas”. Pág. 153 La flecha Negra Robert Louis Stevenson

Pequeño Padawan vivía en las afueras de una monumental montaña de arena. Su castillo ora si, ora no, veía cada amanecer aquella mole en un lado izquierdo o derecho. Se había acostumbrado a considerar que la fuerza del viento variaba las opiniones y las resistencias, igual que las de mujeres u hombres de su aldea. A veces quería sujetar el ánimo de sus vecinos más allá de sus ideales, pero al abrir su mano aquel delicioso brinco de fe pasaba entre sus dedos. El pequeño Padawan como le llamaban estaba en el trono desde casi 50 años. Una enormidad en comparación con los reyes y príncipes que le rodeaban, los cuales o morían asesinados, o les ahogaban las grandes teorías referidas al creer.

En su reino le guiaban tres premisas:

–La duda y su interminable mortificación

–El método como camino para acceder a cada nuevo paradigma

–La tolerancia y la asertividad para instruir a sus semejantes.

Sus largos paseos –después del desayuno–consistían en reflejar su interés por la naturaleza. Y, siempre comenzaban desde la montaña a su izquierda, o la montaña a su derecha hasta llegar al lago. Una de aquellas jornadas se encontró con una persona y entablo un curioso dialogo:

–Gran Sir: ¿amas la vida? –pregunto su interlocutor.

–Sí, extremadamente –respondió pequeño Padawan, para agregar: Es tal vez la vida… una inmensa reunión de vicisitudes que nos interrumpen. El interlocutor disconforme le miro, y su lengua mordaz dijo:

–No, tal vez es una delicada opción para conocer. Luego su interlocutor dio un salto y clavo su daga en pequeño Padawan. A su muerte la montaña de arena se detuvo, los valles perdieron su fe. Una lenta agonía del saber se mezcló con lindezas tales como la mediocridad, el señuelo, la mentira. Al asesino le llevaron a una gran cárcel y vago encerrado durante años. Nadie se atrevió a juzgarle. Hasta que un día, un sonido melodioso y terco comenzó a entrar desde el Este para despertar del sueño a sus habitantes.

... Un sonido no da la vida

 

Nota: He reconsiderado este artículo y corregido nuevamente. Su origen es un debate hace años, entre escritores Indies, en las cuales uno de ellos me bautizo despectivamente: “pequeño padawan”

Origen del nombre:

Los Padawans seguían y ayudaban a sus Maestros en todos lados, al menos que el maestro no lo viera conveniente, desde simples pruebas hasta difíciles misiones, para poder aprender de la experiencia y la dirección personal. Los Padawans que pertenecían a especies que les crecía pelo en la cabeza, normalmente llevaban hecha un trenza para mostrar su estatus de aprendiz, aunque había algunas excepciones entre las especies, incluso en humanos. Cuando un Padawan pasaba sus “pruebas“, era elevado a la caballería, y su trenza era cortada durante la Ceremonia de nombramiento de Caballero. No había una edad definida para este momento: los Padawan podían incluso ser adultos, pero para un humano, ocurre generalmente alrededor de los veinte años. Ver Star Wars 

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