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by j re crivello

“_¿Viene de parte del doctor Jekyll? –le pregunté.
-Sí –me contestó.
Jamás lo había visto antes. Me llamó la atención además de la espantosa expresión de su rostro, la extraña y subjetiva perturbación causada por su proximidad. Aquella persona iba vestida de tal manera…” (1)

Imaginamos que uno de nosotros se transforma en otra persona y actúa de una manera incorrecta, con el paso del tiempo los cambios de los usos sociales han derribado las separaciones tan exageradas de etiquetas, sexualidad, e intercambio, que estamos al final de una larga de cena de intentos por restablecer los límites de la moral. Ya ni la cárcel es un medio que intimide.
Un hermano mientras cuidaba de sus dos hermanos menores los violo. (Nota de un periódico hace dos días)
Antes estas noticias reales aparecían de tanto en tanto, ahora son titulares de tan solo segundos y su resultado es una suma que añadimos a la sorpresa. Ha desaparecido la fuerza de la desaprobación social y la fuerza física de la obligación de visitar la cárcel. Y el sistema penitenciario está saturado; como si en nuestras sociedades resistiéramos, a escasos milímetros del colapso social. Antiguamente (por citar en el año 1800) a la guerra iban los ladrones y todos los Mr Hyde, los monarcas suponían que enviar a los campesinos era destruir la fuerza y la riqueza de la sociedad. Algunos suponen que estoy planteando una sociedad higienista que ingresa, aniquila o esteriliza a todos los miembros asociales. No, simplemente observo que estamos pasando a una sociedad donde los límites del mal o del bien son cada vez más difusos y se impone la tesis de Hume, cuando sitúa que la moral no es universal sino emocional y por ello es variable y se encuentra sujeta a interpretaciones.
No es inútil insinuar… “Después de unas cuantas transformaciones a Hyde, y viceversa, Jekyll se acostumbró a realizar regularmente la metamorfosis con el fin de poder entregarse a placeres antisociales prohibidos, que nunca se permitiría en la persona de Jekyll.”

Notas:
Pág. 41 Dr. Jekyll and Mr Hyde R. Louis Stevenson Edit. La Vanguardia

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