652bf4d2afbbeb36d1ac08564531d9fd

by j re crivello

El mito de Superman es sabroso e inquieto. Nos habla de un origen extra-celular. Acostumbrados a trasladar y compartir nuestros genes durante siglos, los monos humanos, desearíamos construir nuestra civilización en un recorrido diferente al ovulo o al esperma. Más de un lector ¡maldecirá mi afirmación! Pero qué duda cabe, que esta época estamos obsesionados por retocar y dominar mediante la tecnología nuestras limitaciones genéticas, un paso paralelo es recrear grandes dinosaurios o mamuts pelados para experimentar las épocas pasadas –de las que somos grandes responsables de su cambio–. Pero Superman nos obliga a adivinar su doble personalidad, vive entre nosotros de manera torpe en Clark Kent –y dos– sus poderes intentan corregir las deviaciones de la lucha de clases, religiones, egos, ambiciones en suma, que dan fe de la compleja cultura en la que sobrevivimos.

¿Aparece Superman más seguido con la crisis capitalista? Es probable, los neoplatónicos de izquierda intentan dominar el microcosmos de nuestras agudas diferencias, con la imagen de una actitud vibrante frente a las tensiones de los mercados o de la derecha. Ansían con ello restaurar una Arcadia feliz en la cual el igualitarismo nos provee de un menor dolor. Pero Superman es de cirugía fina, interviene con el fin de restaurar la normalidad burguesa. No más robos, ni asesinatos, ni corrupción. Deberíamos convenir que no lucha contra violaciones de mujeres o asesinatos sociales. Es un policía masculino y acepta que las categorías de la maldad tienen unas prioridades.

Detrás del relato, además aparece un final de la raza humana al revés. Una parte de la antigua civilización de donde el proviene ha sufrido un colapso. Es una: ¿metáfora de nuestra desaparición?; o ¿un deseo de no estar solos en este inmenso palacio de materia incontrolada que nos puede destruir en cualquier momento? O… ¿una expresión de nuestro atraso tecnológico?

Muchas preguntas guarda debajo de su capa azul…

Anuncios