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Nunca hubiera deseado escribir este artículo -j re

En estos días que la radicalidad se adueña de las calles –y permitirme no decir donde, pues clientes, amigos, y familia se dividen -, los discursos fáciles de paraísos soñados van en contra de creencia arraigadas, las elaboradas por este escritor y muchos sobre la capacidad del dialogo o la reflexión sobre la historia pasada. Observamos que la ley es reflejo de las decisiones de un grupo que presiona a los otros por considerar que su verdad  -tal vez la del 50% de la sociedad- se puede imponer. No es día para escribir sobre historias de amor, vengadores solitarios, ficciones o poesías. Ni para hablar de Car Rawson y la sociedad de los robots que vendrá. Un nuevo mito se resquebraja, es el Yo que piensa de Descartes atrapado por las emociones y las gentes en las calles intentando doblegar a los otros, a los que opinan diferente. Ha muerto el dialogo, la bandera ofusca a su alrededor y nadie puede opinar diferente y si ello ocurre es señalado.

Apartado tras el Mito emocional: ¡Nosotros tenemos razón! Nuestro ego es tan poderoso que detrás del victimismo escondemos el Paraíso. El sueño, las nuevas leyes. Los nuevos humanos enriquecidos en ese imaginario atrapado en la bandera.

Mitos ya conocidos, me temo. Detrás se esconde lo que los manuales de historia nos cuentan. Seres humanos apiñados en busca de la verdad… pero maltratados por sus ideas. Triste, muy triste.

 

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