Dom Elmer portada

by j re crivello

Esa tarde visito unos campos que había comprado su marido al abrigo de una suave ladera, le acompañaba Rocco y nadie más, Graziela había decidido refundar la Cosa Nostra y lo primero era reconocer que perdían fuerza, que un chino les quería arrebatar el comercio y la heroína empañaba todas las relaciones en la isla y con el gobierno de Roma. Desde ese espacio y sentada en una roca podía ver el mar que se alargaba hasta África. Abrió su LapTop y unas graficas conectadas a un satélite saltaban sin cesar. Llamó a Rocco y le dijo que mirara, su lugarteniente puso cara de sorpresa. Le explico que ese era el mercado de futuros de la marihuana que había creado hacia dos meses su hija y la gráfica mostraba las compras y ventas mundiales que intercambiaban de manera privada las diversas mafias referidas al oro verde.

— ¡La poli sabe lo que hacemos! —exclamó Rocco. Graziela dio un rodeo para explicarle que era el internet profundo, un espacio donde muy pocos podían acceder y era un mercado de compras y ventas asociado a una criptomoneda. Rocco no podía seguirle, pero asintió. Él conocía a la hija de Dom Elmer,  una tipa inteligente con solo 25 años graduada en Harvard en lenguaje matemático y que estaba en Palermo desde hace poco y colaboraba con su madre.

—Dime Rocco: ¿Cuántos ayudantes tenemos en nuestra compañía.

—2500

— ¿Todos manejan armas? ¿Todos son gente que es fiel?  Rocco hizo un gesto y camino hasta el precipicio, comprendía que algo debía cambiar, que ya no podían mantener un negocio anticuado y por ello respondió que tal vez, de esa cifra debían considerar la mitad. Ante ello Graziela dio una orden clara y sin dudas:

—Nos especializaremos en una empresa de Seguridad, ya no obligaremos a pagar por protección. La mitad pasaran a esta empresa y les reciclaremos.

— ¿Y los otros? Si les dejamos en la calle tendremos a muchos de ellos buscando trabajo con el chino como simples matones. En ello había una gran verdad. Graziella hasta ahora nunca había explotado la materia gris de este colaborador, era un hombre de acción, quien resolvía, ¿y si le dejaba pensar? Por ello deslizo una pregunta: ¿Tú que harías?

—Los mantenemos a sueldo, por ahora, pero les obligamos a prepararse para esa solución que tendremos que darnos: el fin de la Triada china. Graziela comprendió que reformar la Cosa Nostra era reformar Sicilia, y uno le llevaba a lo otro, y con ello el fin del ciclo chino. Por ello hizo una llamada por teléfono a su hija. Decidió comprar dos billetes para Nueva York, necesitaba dinero para sus proyectos y solo había una familia que se los podía prestar, a ellos les vendería los casinos y hoteles que tenía en mente. Sicilia seria Mallorca y sus intereses serían los de ellos. Un pitido de la gráfica le devolvió al terreno. El precio de la marihuana había sobrepasado al del petróleo, por ello exclamó:

#El oro verde será nuestro. Lo produciremos, empaquetaremos y venderemos en el mundo será: flavour Sicilia.

 

Federicci dio una entrevista y un mitin de su nuevo partido. Su aparición como un político reformista lleno las portadas de la isla. Del resto de Italia solo recibió las tradicionales preguntas: ¿está limpio? En pocos días sus clubes crecieron como hongos en toda la isla. El partido del oro verde había nacido. Nadie asocio la relación entre este abogado de Dom Elmer ni su viuda Graziela Margerita, ni menos una joven licenciada en Harvard de nombre Francisca Elmer. Pero el proyecto partía en dos a las viejas elites de Sicilia y permitía fundir La Cosa Nostra y los nuevos negocios que unirían la Mafia legalizada y contactos internacionales.

Un mensaje apareció en el móvil de Federicci:

Estoy en el avión. He quedado con la familia Genovese y los Gambino. Pero hay una entrevista con la cadena de hoteles Hilton. Lo firmaba Graziela Elmer El mensaje de WhatsApp se destruyó en el acto. Federicci lanzo en el aire un dólar antiguo, para él todo iba en camino, mirando por la ventana murmuro:

#Sicilia será una isla limpia.

 

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