Dom Elmer portada

by j re crivello

Nos instalamos en el Hotel Plaza cerca de las 4 de la tarde, el viaje fue agotador, e hice tres llamadas a antiguos compañeros de Harvard, uno de ellos ocupaba un puesto de responsabilidad en la cadena Hilton, y el otro en Sheraton, el otro un antiguo novio, quedamos en vernos al dia siguiente con  Peter Stanford del Hilton. Mi madre estaba tranquila, en esta etapa era importante mantener en secreto nuestro pasado hasta transferir las actividades al área legal, luego sería todo más fácil. Ella se empeñaba en ver a los capos de las dos familias, los Genovese y Gambino que era como dejar pistas para el FBI, pero no podía oponerme aunque descubrí que los contactos serian con dos hijos que estaban limpios y trabajaban en la misma dirección que nosotros.

Esa mañana, entramos en las oficinas de la cadena Hilton con mi madre, Peter Stanford nos esperaba en una sala de reuniones, llevábamos las presentaciones en el LapTop y unos planos con diseños a escala de los futuros hoteles. Mi ex compañero de Harvard era de un estilo pasional, su cargo de Director de nuevos proyectos desde hace tres años le daba una vision global. Había convenido con mi madre de llevar la reunión, charlamos de nuestros recuerdos y de repente él preguntó:

—¿Cuáles son tus proyectos? Saque los diseños, mostré fotos de la zona, de los paisajes de las vistas, de la cercanía al aeropuerto y de los títulos de propiedad de los terrenos para decir:

—Queremos que Sicilia sea como Mallorca pero más exclusiva. El sonrió. Hubo un largo silencio y mi madre dijo.

—Todos ansiamos al invertir que haya seguridad. Los Elmer la garantizamos. Esa intervención que pareció desafortunada abrió un camino. Peter Stanford se puso de pie y nos pidió le esperáramos allí. La torre de Hilton daba una vista a una parte de Nueva York, me puse de pie y camine alrededor de su mesa de trabajo, los cristales impedían que se viera desde fuera sin demorar un segundo y ante el asombro de mi madre repase todos sus documentos. En el dossier se veía claro la historia de los Elmer y las insinuaciones sobre el origen de la fortuna asociada a la Cosa Nostra. Deje todo en su sitio y regrese a mi asiento. Mi madre en siciliano me reconvino. No respondí.

Pasados los minutos entro de nuevo Peter acompañado de un hombre a quien presentó como el presidente de la compañía. Era el momento de nuestras vidas y mi madre lo captó. Robert D. repaso los proyectos y el paisaje. Luego pregunto:

—¿De quién es la idea? Un silencio se espacio en derredor, hasta decir por mi parte, que en mis años de Harvard comprendí que Sicilia era única y que debía tener otra ambición. Por ello regresé a la idea de Mallorca pero con casinos. Para agregar un dato, ahora hay cinco autorizaciones para casinos que están en su fase preliminar nuestros contactos nos garantizan tres.

—La idea es buena –agrego Robert D. Me imagino que la seguridad la provee vuestra empresa. Ese suave matiz partiendo de un alto ejecutivo daba a la Cosa Nostra un viso de legalidad que marcaba un comienzo. Si les parece —continuó, Peter Stanford les entregará los contratos, pueden examinarlos y  mañana si hay acuerdo firmaríamos un entendimiento como paso previo a la sociedad que gestionará el complejo. Hasta allí no habíamos hecho números ni hablado de participaciones. Decidimos que esa tarde trabajaríamos con Peter en un acuerdo con porcentajes y presupuesto y en caso de ser aceptado por ambas partes firmaríamos al día siguiente.

Mi madre entendió que la nueva generación de los Elmer buscaba espacio. Nos despedimos de Robert D. y ella se marchó al hotel. Algo se había quebrado en nuestro interior, no habría contacto con las familias Genovese y Gambino. Aunque no habíamos hablado entre nosotras intuía que ella pensaba igual.

 

Firmamos los contratos en una mañana azulada y gris. Un comentario de Robert D. al azar referido al sol que veríamos en Sicilia nos causó un cambio de humor. Mi madre Graziela Margerita escribió de su puño y letra una firma suave, comenzaba un nuevo estilo de la empresa. Y solo dijo cerca de mi oído

#A los Elmer ahora le dirigen dos mujeres. Quedaba mucho por hacer, nadie nos dejaría —ni menos la triada china, cambiar Sicilia por Mallorca, pero éramos tenaces y a la vez flexibles.

Un mensaje entro pasado una hora en el whattap de mi madre, era de Federicci:

#Bravo!

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