cover-grande-que-tripa-11

Este capítulo es probablemente uno de los que más me gusta -j re

by J. re crivello

 

#Cenamos a las 9#

Era su primera cita, había quedado en casa de Ma Rawson, se duchó, se puso crema y dejó encima de su cama 6 chombas de colores variados.

 

Era su primera cita con él. La incertidumbre podía con ella. Ma Rawson llevaría un vestido, lo tenía decidido, rojo, tan rojo que el cielo se desplomará, y de ropa interior… ¡cáspita! No podía irse a la cama el primer día y en su apartamento, pero decidió llevar una braga negra e ir sin sujetador.

Se miró al espejo, sus dos senos caían mucho. Se sentía insegura. Abrió una caja de sujetadores que se trajo de Andorra. Ahora sí, le quedaban uno senos altos y bien provocadores. ¿Por qué narices se aceleraba tanto? ¿Si llamaba a su amiga y le decía que un tipo de casi sesenta años y compañero de trabajo la tenía loquita? Se reiría de ella. Se prometió ser firme en la tentación y nada de arrastrarse como en las pelis dejando aquí o allá su ropa. No se desvestiría de golpe —pensó.

En su interior latía una falta de contexto, ¡Qué «palabro»! para decir que estaba desorientada.

Fue hasta su lavabo y vio los tips que ponía del caso del asesinato en su espejo. ¡Horror! ¿Los quitaba de golpe? No, allí estaba el núcleo del caso, si hacia eso, Wert que era un descuidado de la vieja escuela, no descubriría al asesino tan rápido y ella no sería Jefe de la Comisaría. Pero ella, ¿quería aquello? Estaba hecha un lío.

« ¿Qué hora es?» —se preguntó. Las 20:30, dentro de 30 minutos estaría él allí. ¡Por Dios! Fue hasta la cocina, allí estaba todo lo que había comprado en la rosticería de lujo. Con ello se tranquilizó para terminar de vestirse.

Wert se decidió por la chomba negra, ¿y si ella iba de ese color? ¿Y dentro? Tal vez un calzoncillo ancho de volados o un slip. Se veía ridículo con un slip. Decidió uno intermedio, y se pasó más crema por las piernas, le preocupaba el olor que dejara. Él era un hombre de pistas, con ello le transmitía que iba a por ella. ¿Y si le rechazaba? No quiso ni pensarlo, ya había abandonado esa vida gris, si le daba de lado se apuntaría a un curso de baile de salón para ligar con alguna cincuentona.

20:00

Se dio prisa. Aunque el piso estaba cerca, a esa hora el tráfico de Barcelona era infernal. ¿Me llevo alguna carpeta del caso? No sé, para disimular            —pensó. Y decidió arrastrar con él una carpeta de una tal Blanca, la hermana poco conocida de Marta, solo había dentro una hoja y cuatro preguntas. Y se montó en el coche.

Tocó el timbre a las 9:05.

—Ha dado vueltas a la manzana dos veces —dijo ella. Le he visto. Y sonrió. Estaba encantadora, de rojo, y unos ojos que con un toque de negro en los laterales realzaban su belleza natural.

—Si no… hubiera tocado el timbre hace 10 minutos —respondió Wert incómodo. Entraron a un comedor que dominaban los ocres y dorados, con un estilo chino. Al fondo un ventana que daba a la calle.

— ¿Ha estado en China? —preguntó él.

—Fui enviada por los Mossos a investigar un caso de soborno y viví allí un año. Si es que no se lee los CV —dijo ella sonriendo.

El asintió. Y puso por delante el vino del Penedés que había comprado en la Bodega de la esquina. Y dejó la carpeta en la mesa.

— ¿Siempre se lleva trabajo a su primera cita? Rieron, Wert necesitaba soltar lastre, su entrada iba de mal en peor y dijo:

—No sabía si traerme trabajo o decirle que Ud. me gusta.

— ¡Dígalo!

—Me gusta. Las gemas incrustadas de la mirada de Ma Rawson brillaron. Wert se sentía desposeído después de vivir rodeado de trabajo durante años.

— ¿Tienes hijos? ¿Por cierto cómo te llamas? He mirado tu CV y solo aparece Wert.

—Justino

—Justino Wert. Una risotada de Ma Rawson estalló y él le siguió, para agregar: «mi madre era una capulla, conociendo el apellido no hizo más que ponerme ese nombre tan espantoso».

— ¿Y cómo te llamo? Por primera vez aparecía el «tú» entre ambos, ella sirvió dos copas de vino. «Bautízame» —respondió él—

—Colin, Colin Wert. Y brindaron. ¿Tienes hambre?

—Si. Y llevando sus copas fueron hasta la cocina. Allí estaban dispuestos en un lateral del fregadero varios platos que incluían cangrejo, patatas, trocitos de pizza, queso y salsa.

Comieron de pie. Bebieron de pie. Follaron de pie. Cada beso les hundió más en un deseo que les alteraba como si se hubieran conocido de toda la vida. Ella dijo «llevo años esperándote».  Él dijo «llevo años siguiendo tus casos en la poli»  Ella dijo: «Mientes. Dame un ejemplo». Él, mientras la levantaba y se apoyaba en la mesa, respondió: «El caso del vendedor de coches que mataba a sus amantes con cola envenenada».  «Oh si, fue famoso». Un grito de exhalación de Ma Rawson y sus piernas abiertas pero muy unidas a su torso llevaría a que la mesa de la cocina temblara una y otra vez. Él gritó sin medirse. El suelo de la cocina fue recibiendo todo lo que caía inclusive la carpeta de una sospechosa o los vasos recién servidos.

 

— ¿Qué hora es?

—Las cuatro —respondió Wert. ¿Hablamos del caso?

—Ve al lavabo y cuando regreses tendré preparada hoja y papel.

— ¿Al lavabo? —Preguntó Wert

—Venga ve —dijo Ma.

 

04:10

— ¡Vaya!, ahora comprendo el caso del asesinato no está en tu cabeza sino en tu lavabo —dijo Wert al regresar del lavabo. Ma Rawson llevaba una camiseta oscura y su calzoncillo. Sus dos muslos rosados y atractivos resaltaban aún más con su pantalón masculino y él sin proponérselo calzaba la chomba de mercadillo tan larga que tapaba su sexo. Definitivamente Wert sentía que había perdido su norte. Traía un tip del espejo.

— ¿Qué pone?

—Blanca Foss —respondió Wert.

Anuncios