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Esta serie de artículos aparecieron en 2009/10 en el blog de El País: La torpeza de la Iguana. Comprendo que son muy personales, pero en lo singular está lo universal -j re

En un patinazo cometido por la tarde, aún recuerdo aquellas paredes hoscas y frías de la Iglesia. Era una cita, tal vez convocaban al rezo. Era un bautizo. Cura antiguo. Pocos feligreses, le miraban anteponiendo su poco concierto con Dios a las palabras duras y alejadas. De este explicador de historias. Primero, se metió en unos rezos. Luego dio fe del creador. Hablo de los 11 apóstoles. Luego los padrinos y las madrinas se acercaron hasta él. Nueva recomendación de la necesidad de dar constancia del alicaído verbo a su futuro ahijado. Y poco más. En el espacio de la cita, además estaban convocadas: la pila bautismal; la nueva España. En un lado del pasillo, en bancos de madera, los emigrantes de segunda generación y en el otro lado, la primera generación, más autóctona, más diversa y mezclada de la Cataluña que presume de nacionalismo y esta cuajada de texturas y razas. Ni unos ni otros se consideraron hermanos en la fe. Era una convención y punto. No-os mezcléis, ni favores, ni ruegos y si alguna mirada para entrever la condición social, o las jerarquías.

Al salir, dejaríamos aquella nave desierta. La cuna de las convenciones de la izquierda obrera y bronca contra Franco. Allí nació Comisiones Obreras. Allí está el Español de Cornellá como dice un jugador nacionalista. Pero ahora esta vacía y sin historia nueva. Solo un magisterio antiguo que sostiene los sacramentos. Los otros, los ¿magisterios políticos? Ya se han pasado al edificio del frente, con calefacción, confortables sillones y buenos cochazos. Digo, me refiero, -le indico, amigo lector- a los santones de la izquierda comunista y socialista que dominan el Ayuntamiento desde hace 30 años.

 

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