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— ¿Que te apetece?

—El cielo.

¡Que maravilla amigos! Dialogo en este capítulo -j re

WeBe recibió un mensaje en su móvil, ponía: ¿puedo verte?, la solicitud breve y concisa venia de Caro Vespasiano. Tuvo dudas, lo ocurrido entre ellos hace unos días no suponía una nueva relación, cuando se disponía a  contestar, Lucas Boy llamo a su móvil. Del otro lado pudo oír: «¿qué haces esta noche?». Dos consultas que le llevaban a un mismo destino. Con cuidado respondió a la de voz. «Estoy ocupada» y se despidió. A la segunda escribió un mensaje, sin que aquello produjera un efecto mayor: «¿Dónde quedamos?» y la respuesta de su wasaps fue: “la Calle del Pecado”. Era miércoles. Ella hubiera preferido a Lucas Boy, pero decidía jugar con dos tipos a la vez. Como en las películas de contenido adulto no dejaba sobrentendido que con Lucas una aproximación demasiado rápida le llevaría a una salida de aquel proyecto, al mantenerle hambriento y azuzándole con Caro garantizaba su interés. Pero, ¿cómo era Lucas Boy? En el juego de alianzas siempre aparecía disponible, aunque un lado oscuro le refugiaba en la noche. O, los tenues matices que intuía, sin proponérselo, los había estado buscando –desde hace días– en una antigua carta de Luis F: relativa a su amigo. Estas misivas de su ex estaban cargadas de curvas y circunloquios y desde que falleció seguía mandando en su vida emocional. ¿Qué hacer? Si la rompía su pasado quedaría hecho trizas y nada le ataría, si la volvía a releer despertaría claves inútiles o tal vez algún nuevo camino. Ayer –por la tarde– en un diario digital, había leído que las células madre continúan con vida aun en el muerto durante 17 días más. El ciclo de la vida era para WeBe una delicada ánfora que partía una y otra vez con sus angustias y sus dobles verdades. Decidió leer y también recorrer el capítulo de Caro Vespasiano bajo otra mirada, a diferencia de las células, el texto no estaba en letargo. En la carta Luis F. decía:

Chiquita mía:

 Todo es dulce a altas horas de la madrugada, ni siquiera derribando todos los falsos espacios encuentro una respuesta. Si llegas hasta ese último, descubres que NO HAY NADA. Esta mañana hable largo con Lucas Boy, y apareció en su interior una arista irreconocible ¡Ten cuidado! El posee el don de abandonar a los que le rodean un segundo antes de caer por el precipicio. Hace un momento, he girado la sabana y te he cubierto pues hacía frío, antes de salir te he dejado el Cacaolat fuera para que no estuviera tan frío. Esta mañana voy a casa de Ricky a cobrar un trabajillo. Recuerda EL HILO ESTA SUELTO DEBES UNIRLO PARA EXPLICAR LA COMEDIA ¡Viva el Che! Luis F.

WeBe estaba de nuevo sin argumento, las cartas, complicadas y llenas de misterio apuntaban a un desacuerdo con Lucas Boy, ¿Qué pondrían aquellas que él tenía en su poder? ¿Cómo acceder a ellas? ¿Sabría Caro Vespasiano de su existencia? A veces en esa forma de hablar de su ex amado también sentía algún que otro tropiezo mental, si le rodeaba de aquel sentimiento ¿porque le había abandonado? «Películas» –dijo y guardo aquella misiva en un cajoncito cercano.

Caro Vespasiano miro su wassapp, la respuesta le unía a la noche. Un territorio para él difícil de manejar. Pero esa tipa de estructura sólida y que se agarraba como un liquen a la tierra le avisaba que era posible una noche más. Le iría concediendo nueva morfina –pensó. Le podría ver siempre que Lucas Boy no descubriera que se veía con quien le unía a su amigo muerto. Y en aquella madeja gigantesca, solo recuperaba para sí aplazamientos y poder asistir a una cita con una mujer extraordinaria, que como definiría en palabras de su amigo «esa es la primera sensación de los tipos para con ella, pero luego conoces su lado más humano y ves a alguien que quiere refundarse» Y, su diagnóstico se había cumplido.

 

 

 

02:00

«¿Porque la gente queda tan tarde para verse?» –se preguntó. La Calle del Pecado estaba en su mejor momento. Decidió sentarse en una terraza de un bar diferente, Caro Vespasiano había descubierto que es este sitio todo lo que servían era ecológico. Los licores estaban hechos a mano, y hasta la hamburguesa de soja parecía saber a carne. Su dueño, un alemán era un tipo genial y los tres mojitos que había bebido le chispeaban cuando se plantó en su mesa una señora de ojos grises ¡los llevaba grises esta noche! Pudo besarla, es más deseo fundirla en dos segundos, y descubrió que el torrente de sensaciones carnales le abría un espacio que hacía años no sentía. «Hola» –dijo ella.

— ¿Cómo estás? –respondió Caro. Ella le miro y desconcertada al ver una mirada romántica, rio de buena gana y le toco suave en la mano. Caro Vespasiano, con un pasado inútil y lleno de insoportables acuerdos erróneos, se dijo a sí mismo: «aguanta estos primeros minutos luego cederá su máscara y aparecerá la verdadera WeBe». Y ella siguió insoportable en la risa hasta que el pregunto:

— ¿Que te apetece?

—El cielo

—¡Eso está difícil!, pero una bruma al lado del mar… quizás si   –respondió Caro.

—No, solo busco aquello que me haga vibrar –respondió WeBe

—¿Y si no lo tengo?

—Te iras a la mierda

—Ya lo sé –respondió Caro y agrego: desde que te vi, sé que contigo juego partidos… aplazados.

—Si te esmeras puedes pasar de fase.

—Y… ¿no habrá sequia? –pregunto Caro

—Mi corazón ahora está abierto –dijo ella mirándole desde aquellos ojos grises preparados para la caza, pero tal vez con una frase cursi y fuera de los tiempos; aunque le gustaba esa relajada manera de hacer de novia antigua.

—Mentira, ¡mientes con alegría! –dijo Caro. Ella rio con una carcajada de estruendo y dijo:

—Vale. Digamos que yo te escucho y tú me prometes el cielo.

—Y, ¿eso donde esta? Caro veía irremediablemente que aquella partida se escapaba y pudo confesar su impotencia para conquistar ese espacio deseado, al decirse: «intentare encontrar esa sensación que… en tantos años ni siquiera he rasgado»

—Quien no conoce, quizás no conocerá –dijo ella, previendo que una apertura mental no es suficiente para saltar a otra fase. Él, viendo lo que intuía, dijo:

—Me lo pones difícil.

—Acercarse a mí, es un salto –y bebió de la copa de Caro. «¿Qué es esta mierda?» -exclamó WeBe. Su cara de rechazo ante el líquido le llevo a dejar la copa.

—Caipiriña ecológica –dijo Caro.

—Ven te llevare a un sitio, en el que te saltaran los sesos –y se marcharon a un bar en la misma calle, que ponía música que se metía en las tripas.

 

04:04

Caro Vespasiano regreso al Corazón Dormido en su coche, por la carreterilla estrecha, aun podía recordar la mano de WeBe en su piel. Ni siquiera un beso, pero llevaba un medio compromiso para ir de bolos a Barcelona.

04:08

Para WeBe la noche había dejado un contacto con alguien que mostraba aristas de enamorado y una cierta conciencia positiva. ¿Pero para que servía esa mierda en los días que vivíamos?, aunque… el aroma de su colonia dominaba el Spiritou. Sin proponérselo participaba en una madeja tejida con suaves y delicados trazos a los que ella no estaba acostumbrada. ¡Síguele la pista! –se dijo, luego se quitó la blusa y dejo caer el pantalón. Las nalgas pronunciadas se metían en unas piernas sugerentes. Era su atractivo, además de esos raros y deseados ojos de color gris.

 

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