Amigos, nos aproximamos al final de esta novela, según mis calculos esta semana se acabará, y es cuando me surge el miedo a terminarla y vuelve a la papelera -j re

Cual Ave Fénix Luis F pudo ponerse de pie después de un día tan malo, pero hoy era su cita con el destino, lo había convenido y no lo dejaría escapar, pero al entrar al comedor pudo ver a WeBe sentada en el silloncito individual que a veces utilizaba para dormir sus pequeñas siestas, fuera, el día era soleado. Ella llevaba una camisa blanca ajustada a sus pechos y debajo, unas piernas afiladas y largas, las tenía abiertas y sus pies se apoyaban en unos zapatos con dos puntas de casi 15 centímetros. Las bragas de color blanco al descubierto le daban un gran contraste.

Luis F la imagino al estilo de una matrona italiana. Él le saludo, ella le pidió se acercara y puso una silla frente a aquel espacio en uve que cada mujer protege de las miradas masculinas pero que ella mantenía abierta para saludarle con insolencia. Podría haberle preguntado: “¿estás bien?”, o decirle “¡hoy se acabó!” Pero su compañera no estaba por la labor y utilizo un convencional: “¿qué haces aquí a esta hora?” WeBe con un dedo le hizo una señal de silencio y luego destapo un frasco de cristal con pintura roja (1), que estaba a su lado y metió su dedo dentro, luego lo paso por sus pantorrillas subiendo en busca del centro donde se unían sus piernas. La mancha roja se extendió como un fuego en todas las direcciones y comenzó a gotear. Repitió el gesto varias veces haciendo que la comisura de su piel se fuera juntando y sus ojos se cerraran varias veces. Luego le atrajo una de sus manos hacia la zona para que le acariciara. El dedo anular de Luis F subió y bajo sucesivamente, hasta que su amiga puso sus piernas estiradas. Luis F pudo ver aquella mujer extraordinaria entrar al reino de Dios y caminar con suaves explosiones al borde del abismo. La pintura manchó sucesivamente sus pechos y la camisa se tiño de gotas. Pasados unos minutos ella cerró sus piernas y gimió. La ola que había comenzado se fue apagando, luego, intento acariciarle y corresponderle, pero Luis F no tenía energía para consumirse en una hoguera propia, pero observo una y otra vez aquella monumental mujer de piernas suaves, blancas, rosadas y un vello que al pasar la mano se extendía cual pradera perfecta.

— ¿De dónde sacaste la pintura? –pregunto él

—No es pintura, es sangre. Tenía razón, la viscosidad se diluía. Aquel estilo de WeBe era muy atrevido. Combinar sexo y sangre le recordó que en pocas películas aparecían y pregunto:

—Es… ¿humana?

—No lo sé –respondió WeBe y hasta su mirada dio a entender que no le importaba. Ayer le hice un trabajito a un sud americano y me pago con dólares y este frasco. Y me dije, esta mañana prepararé una escena diferente.

— ¡Estás loca! La natural agonía de Luis F se había roto, no consentía este atrevimiento que ella insinuaba en los últimos meses, mientras más aumentaba su decadencia, ella más intuía que el final se aproximaba y la desquiciaba. Ya no tenía rutinas, ni sus compañías eran las correctas, ni la gran madeja de Barcelona y sus gentes le consolaban. La química entre ellos estaba al mínimo. Luis F puso una hoja en blanco en la mesita, prefería escribir su última carta, ella se puso de pie y dijo:

—Me voy a duchar. Pero regreso al segundo y depósito en la parte alta del folio un grano de café envuelto en sangre, la gota se extendió y ella sonrió al mirarle. Luego puso música y dejo correr agua en el lavabo vecino. Para Luis F su último día comenzaba con abundantes símbolos y garabateo con mayúsculas en la hoja:

LA ESTUPIDEZ HUMANA PRODUCE GRANDES INCENDIOS. Luego dormito unos segundos. Le despertó WeBe que ya estaba cambiada para salir. Serían las 10. Iba vestida con una camisa de seda roja y un tejano. Su cabello húmedo y estirado hacia atrás dejaba ver unos pómulos pronunciados y los ojos cual piedras gigantes le acercaban a su antiguo pacto de amor.

— ¿Te preparo algo antes de irme? –preguntó

—Un café, dos tostadas y una barra de chocolate –dijo Luis F. Ella, nerviosa y ágil preparo su deseo y lo puso en una bandeja muy cerca en una mesa. En un plato pequeño apareció otro grano de café envuelto en sangre. Él sonrió, ¿se debía despedir?, ¿debía decirle que hoy era su último día? No hizo falta, ella menciono que iría hasta Sitges. En aquel pueblo estaría todo el día, había una fiesta y presentía que un contacto le abriría alguna puerta. Se despidieron, ella le beso en la mejilla. Los grandes rituales quedan para las pelis, en esta habitación llena de sabor a Luis F no se permitían quiebros de cariño. Al cerrase la puerta Luis F, desayuno y escribió otra larga frase: Esta mañana he descubierto que la soledad es una alma superpuesta a otra que convive contigo y a veces es tu gran desconocida. Y asintió sobre este aspecto tan vil e irracional, en el cual elegimos compañías que ante el martirio o la decadencia del otro, comienzan una espiral de acción para negar lo evidente, que algunos deciden irse para no prolongar su agonía.

12:00

En la tele daban una comedia de bodas y bautizos. La señora de la casa preguntaba en un suave acento: ¿has visto que la mermelada viene con un juguete dentro de regalo?

13:00

Luis F comió un leve bistec con patatas hervidas. En la tele en una comedia un señor venido de Madrid apretaba sus manos una y otra vez contra una nevera. Desde atrás una voz en off decía con insistencia: “Manolo J está pensando en cambiar de acolchado para su cama. ¿Cuál elegirá? Y los brazos del tal Manolo hacían una llamada a la casa de edredones y mantas más famosa de Barcelona donde un señor le ofrecía un 2X1.

14:00 Hora de la siesta –pensó Luis F, pero puso el telediario, le mantuvo poco, al escuchar que una ola gigante se había llevado por delante miles de filipinos sin dejar ni arroz en las casas, ni las fotos familiares, ni los enchufes para poner la tostadora que los americanos pusieron de moda en ese país en los años 50.

15:00 Busco una estampita de la virgen y rezo un padrenuestro. La tele daba una publicidad de seguros electrónicos que impedían entrar hasta las moscas y uno podía ver dentro desde cualquier punto del planeta. Luis F –murmuro y, dentro del castillo humano como se ve. Sabía  –como cualquier individuo que el miedo presidia las preguntas que no nos atrevíamos hacernos. Intento acabar con su vida pero no se atrevió.

16:30 Mientras en la tele daban un programa donde una señora de pecas respondía a preguntas banales referidas a su vida, en una de ellas dijo: “estaba con Félix cada noche hasta que descubrí que se lo hacía con otra. Le deje las maletas dentro de la casita del perro que tenemos en el patio y  se murió hace un mes”. Luis F marco el número de Lucas Boy y este dijo:

— ¿Cómo estás?

—Bien. Quiero que me ayudes –agrego con una suave melodía de fondo.

— ¡Otra vez con la misma historia!

—Hoy me voy. Tengo preparada una inyección de morfina que destroza el hígado.

—Ahora vengo. Para Lucas Boy su curso de enfermería de la marina, cuando pinchaba a gigantes o enanos, las vacunas, o los antidiarreicos, o las penicilinas para frenar la sífilis era algo sencillo. Mientras montaba en su moto pensó largo y tendido en su amigo, era lo mejor. Irse suave y sin ruido.

Luis F, aún tuvo tiempo de poner sus papeles en un montoncito, iban envueltos en un papel de celofán rojo. Arriba de todo puso el grano de café pintado de sangre.

Notas:

(1)”Y la sangre os será por señal en las casas en donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto. “Éxodo 12:13

Propósito: Buscar que los creyentes profundicen y valoren el sacrificio de Cristo y conocer los beneficios que este les ha traído a sus vidas.

Introducción : La pascua era la ordenanza más importante para el pueblo de Israel y uno de los eventos más mencionados en el N.T. el apóstol Pablo, refiriéndose a las experiencias pasadas de Israel, nos dice: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros…” (1 Cor. 10:11). Las familias hebreas debían sacrificar un cordero y comer su carne con ciertas hierbas amargas y pan sin levadura (Éx. 12:8).

Aquella misma noche el ángel de la muerte pasaría por cada hogar en Egipto. Los hebreos debían tomar la sangre del cordero sacrificado y pintar los dinteles de las puertas (Éx. 12:7) a fin de evitar que el ángel de la muerte tomara a sus primogénitos (Éx. 12:13).

Los escritores inspirados del Nuevo Testamento identifican este evento con el sacrificio de Jesús en la cruz del calvario.

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