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–Trasladaremos el cuerpo de Luis F., se cumplen 10 años de su muerte y lo mejor es situarle en el pequeño cementerio cerca del Hotel Espíritu –dijo Lucas Boy

–A los muertos es mejor dejarlos en paz. Para Caro Vespasiano el hotel ya era un éxito, y el pequeño Camposanto que estaba rodeado de unas paredes altas, hechas con piedra de la zona, con una reja gruesa, y ocho lapidas en el suelo, guardaba los cuerpos de antiguos corsarios –según decían– de la familia Varela.

–Lo adecentaremos, y pondremos un pequeño sendero para que los clientes del hotel le puedan visitar. ¡Será todo un éxito! Lucas Boy no había escuchado sus argumentos. Caro insistió: «¿Por qué narices vas a meter a Luis F. entre un grupo de piratas?»

–Pues tan fácil como que él era… un Varela. La cara de asombro de Caro pareció romper todas sus defensas, tan solo dijo: «¡Y… tendremos que pedir permisos!»

–No hará falta, conozco a uno que me debe un favor y retirara los huesos del Cementerio de Montjuich para enviármelos en un jarrón grande comprado en un bazar chino. Vendrá cerrado y por DHL. Cuando Lucas Boy tomaba una decisión vulneraba todos los acuerdos con la moral. Caro –dijo:

–¿DHL? Y al tipo de la furgoneta… me lo imagino yendo hasta el cementerio y tú esperándole en la puerta.

–¡Como lo sabes! –exclamó Lucas Boy con una leve sonrisa. Se imaginaba el conductor servir el paquete y el vestido con una capa negra para dar la sensación de una película de Hollywood. No temas –agrego– le recibiré con una nevera de camping y dos cervezas para distraerle de la pregunta principal: ¿Ud. vive aquí?

–Si WeBe se entera, dijo Caro. Tan solo de imaginar que ella descubría el pastel tendrían ambos que emigrar.

–No lo sabrá, ni por mí, ni por ti. Esta última frase la acentuó con su mirada gélida. Aquella observación puso a Caro bajo la sospecha ¿Qué sabia de la relación entre ambos?  ¿Y con We Be? Aunque intuía que el estropicio del traslado de los huesos acabaría mal. Los huesos de su ex llegando en DHL. ¡La trifulca será descomunal! Lucas Boy percibió las dudas de su amigo y dijo, a su manera, con cierta frialdad, letal, sin dar espacios para el pacto.

–Luis F. vendrá alegre y vil como siempre. Luego afirmo al referirse al muerto: ¡No era un santo!, y… en su nuevo sitio descansará al lado de su familia. Será como si completáramos…  la nave pirata. La broma no gusto a Caro –y preguntó

–¿Le compraras una lápida?

–Ya la he encargado. Pone lo mismo que en Montjuich, solo le he agregado “turbio, santo y amigo”. Luego invitaremos a WeBe a la tumba. También prepararemos un folleto de publicidad que pondrá: “visite el cementerio pirata de los Varela del Macizo”.

–Me imagino –dijo Caro con un desagrado indisimulado.

–Así –respondió Lucas Boy –para agregar–. Esas tumbas son del 1700 ¡que narices! Sin nosotros… ya se habría perdido su recuerdo.

–¿Y los turistas irán? –preguntó Caro

–Los turistas y los nacionales. He investigado esta zaga de piratas, fueron los más fuertes de la zona y nadie sabe dónde están sus tumbas. Es el único cementerio pirata de España y en el resto de Europa solo hay dos. Nadie lo sabrá hasta que nosotros digamos a la prensa del nuevo aliciente del Hotel Espirito.

–¿Y si nos trae mala suerte?

–Los muertos no traen mala suerte. ¡Están muertos! –exclamó. Haremos que los Autocares se queden en la explanada del hotel y los turistas suban a pie hasta ese pequeño espacio desde donde se ve todo el mar.

–Desde luego que la vista ¡es magnífica! –cerro la charla Caro Vespasiano.

 

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Lucas Boy llego al hotel cerca de las 8. Prefirió ir hasta la habitación de       WeBe, era su día libre, y esperaba darle la noticia del cementerio, pero le quitaría importancia. Golpeo en la puerta. Nadie contestaba, e insistió hasta oír un grito: «¡ven más tarde!». El siguió con sus nudillos dando en la puerta de manera suave. Un sonido del pestillo le permitió entrar. Estaba todo revuelto, abrió la ventana y el sol inundo el cuarto. Ella llevaba un camisón de seda, muy corto que cubría la pelvis sin dejar ni un centímetro de reserva. Su cabello despeinado le recordaba a las matronas italianas. WeBe se sentó en una silla pequeña y puso un cojín entre ambas piernas dejando que sus pantorrillas sobresalieran.

–Qué quieres ¡joder! –dijo Ella. Lucas Boy dudaba y pregunto: « ¿Te acostaste tarde ayer?»

—¿Te importa? —fue la pregunta de ella.

–Bueno, al ver tu cara… un poco

–¡Tu  no mirabas mi cara!

–¿Y qué imaginas que miro? –dijo Lucas Boy sonriendo.

–Mis pechos. Seca, cortante y llena de pólvora Ella conocía su atractivo. Lucas Boy se retiró hasta la ventana. WeBE insistió a su espalada:  «¿O no?  Él se giró para mirarle de reojo, mientras We Be se mordía una uña y la liberaba de su pintura. Lucas Boy dedujo que aquello no le llevaba a ningún sitio. Ella al mirarle dijo:

– ¿Y?

– ¿Quieres desayunar? ¡Qué idiota!, una vez más le invitaba a un sitio público. Pero la respuesta fue destornillante.

–Me visto y te acompaño. Ya que me has despertado… para mirarme los pechos y luego disimular con el rollo del café. Lucas Boy sonrió y dijo: «te espero en el bar de la esquina». Intentaba evitar la sesión de desnudo y cambio de ropa que vendría, pero ella no espero, el camisón fue al suelo y rápida escogía su ropa interior. Lucas Boy se resignó, mientras observaba un cuerpo compensado, de tez rosada, nalgas redondas y unos pezones que le metían en la categoría del mirón. Para tantos años en la cárcel tenía un buen tipo.

–¿Cuál es tu nota? –pregunto We Be.

–8. Ella se giró y sonrió.

 

Al llegar al bar, Lucas Boy se pidió un café y un pequeño bocadillo, para WeBe un café con leche y una pasta. Al mirarle, hoy parecía tener los ojos grises y se la veía inquieta. Boy dando un rodeo comenzó a explicar su proyecto del cementerio:

–He pensado en trasladar a Luis F. desde Montjuich hasta un pequeño cementerio que está cerca del Hotel en el macizo. Solo hay 10 lapidas, lo limpiaremos y le dejaremos en una nueva tumba. Ella le miro, buscaba algo detrás de aquella historia, pero su desconfianza fue cediendo. Se le ocurrió preguntar:

–¿Está lejos del Espíritu?

–No, a tan solo un kilómetro, en la ladera que da al mar, por la parte derecha.

–¿Dónde están aquellos muros antiguos? «Si»

–Es un buen sitio. Lucas Boy no se atrevió a decir que estaría en el recorrido turístico, ni que le acompañarían sus parientes corsarios, solo los menciono de pasada: «Algunos de los allí enterrados son parientes de Luis F.; el día antes de fallecer fuimos a visitarle y me pidió que le dejara con los Varela.

–¿Él era un Varela? —Pregunto WeBe como dando a entender que conocía algo de aquella historia. «Si» -respondió Boy.

–No me parece una mala idea. Mientras ella le rodeaba con una mirada cargada de desconfianza, Lucas Boy permanecía impenetrable. ¿Me puedes llevar hasta allí?

–Cuando este todo limpio y hayamos trasladado los restos. Tampoco menciono que vendrían por DHL. Ella sentía que algo le decía ¡insiste!, pero cambio de tema.

–¿A Caro Vespasiano le conoces desde hace mucho?

–Desde pequeño –respondió Lucas Boy

–¿Estuvo casado? ¿Es viudo? O… Lucas Boy rápido y sin dejarse sorprender por el terreno que WeBe comenzaba a recorrer si darle aparentemente importancia –dijo:

–¿Qué quieres saber?

–Nada. Una respuesta que Lucas intuía venia cargada de intensas posibilidades y por ello agregó:

–Conozco casi todo de él, menos esos diez años que hemos estado separados. En su interior, dudo si decirlo o no, pero menciono con fuerza: siempre que estamos juntos intentamos regresar al corazón dormido –y luego cambiando, agrego– Su mujer está en un Psiquiátrico.

–¿A qué te refieres con regresar al…

–Tú te fuiste a la cárcel; Caro se casó; Luis F murió hace diez años; yo me separé de Vivian R; Ron Carey se hizo millonario y Mar Pérez apareció de nuevo.

–¿Y tú? Ella al preguntar, se sintió molesta que todos aparecieran y el obviara su vida, tan solo de pasada mencionaba su fracaso con Vivian y esa tal Pérez. Su cuerpo estaba adelantado y muy cerca. Podía oler la colonia francesa de Lucas Boy, intuir su crema solar, su suave circulo alrededor del cuello cortado con maquinilla de peluquero de Sitges.

–En mi caso… instale el Hotel. Para mí El Corazón Dormido fue una apuesta difícil –dijo Lucas Boy. Ella vio el momento de soltar lastre y dejo escapar algo que guardaba dentro desde hace diez años.

–Cuándo falleció Luis F y yo entre en la cárcel, según mis cálculos ¿compraste este hotel y la Masía donde está el Espíritu?

–Si

–¿De dónde sacaste tanto dinero?

–Me lo presto un amigo –respondió Lucas Boy–. No podía revelar que era un ahorro fruto de la venta de droga en sociedad con Luis F.

–¿Ya se lo has devuelto?

–Sí. Lucas Boy comenzaba a estar incómodo. WeBe se acercaba aún más y su respiración le invadía. Una cierta inquietud mezcla de sensaciones, olores y atracción sexual iba y venía entre ambos. WeBe –insistió:

–Yo me chupe diez años y tú tuviste la suerte del amigo. Aquella frase sonaba a profunda desconfianza, a reclamo, a un cierto reproche de: ¡porque desapareciste! El sin dudar exclamó:

–Tú, te quedaste en la droga. Tú te encerraste en esa cárcel llena de lesbianas. Tu… iba a seguir, su dureza raspaba y WeBe reacciono. Se puso de pie –y dijo furiosa–.

–Vete a la mierda –y se marchó.

 

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