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Amigos esta novela está en su momento donde debo tomar decisiones, veré vuestras opiniones al final del día —j re

El cementerio lo inauguraron en julio, un calor horrible se abatía sobre esa parte del macizo. Estaban invitados las autoridades y un coctel en la parte delantera del Hotel fue lo más correcto, primero pensaron en hacerlo a la salida del camposanto pero desistieron. Si acertaron con una ceremonia religiosa frente a las tumbas. Los allí enterrados, todos piratas, ninguno era católico, y Luis F, el ultimo Varela en llegar tampoco presumía de querer rezar. Con lo cual el cura oficio una misa corta donde se soltó sobre historias de los navegantes y la fuerza de la vida que se despacha por los mares y regresa cargada de joyas, renuncias y traiciones que se deben expiar. Nadie dijo nada. A lo sumo el suave cinismo de Lucas Boy mostraba una sonrisa entre el encanto masculino o el emprendedor que está en la cima de su éxito. WeBe asistió vestida con una blusa rosa salmón y una falta estrecha y corta que dejaría hasta sin aliento al propio cura, un hombre conocido en la zona de alrededor de 30 años y que impregnaba a su alrededor de una atmosfera de párroco metrosexual. La cita fue para Caro Vespasiano una manera de atender a tanta garganta deseosa de vicio como le gustaba decir. Una vez que acabo la misa los parroquianos se espaciaron por las tumbas para ver aquellas fechas tan antiguas y sus garabatos que aparte del RIP incluían una suerte de pequeñas frases. Caro tomo nota en una libretita el nombre de tres piratas:

Porter  Varela  y su frase grabada en el mármol: Judas llenó el mar de riqueza

Robert Varela y su frase: He vivido y muerto atado a una mujer

Joan Varela y su frase: El sudario de Jesús está enterrado en esta tumba

Nadie se atrevió a mirar si estas últimas frases eran ciertas. Ni abrir alguna tumba y e intentar ver si quedaba algo dentro. ¡Estaba prohibido!… por Lucas Boy; y Caro quien por superstición no amaba mover a los muertos y la seguía a pie juntillas.

Luis F ocupaba el centro en un espacio libre; le habían hecho una lápida de mármol de las canteras del macizo y su frase llamaba mucho la atención. El cajón estaba en la parte baja ya apoyado en la tierra de la tumba. Ese día el cementerio fue un éxito, al público le sorprendía ver aquellos piratas que se distinguían por sus complejas experiencias y sus míticas opiniones condensadas en sus tumbas. Todos, mejor o peor deseaban saber más sobre aquel pasado, pero el poco material existente eran cartas antiguas de navegación y retazos de sus opiniones que Caro había colocado en una urna especial a la entrada del Hotel. Para WeBe, una de aquellas cartas, siempre llamaba su atención y decía en un castellano antiguo:

“El mar arrasara con sus muertes a los vivos que esperan resarcirse de los odios acumulados, solo es posible comprender el mal si al visitarte, te anuncia que posees una ventaja. Y ese es el momento de cumplir tus propios deseos y desaparecer”.

Era como ¡una lámpara de Aladino! Había comentado en su momento Lucas Boy. Para Caro ese anuncio iba más allá del presente y abría una unión entre aquellos y nosotros. “El mal, quien nos visita siempre” —agregó en voz baja. Pero esa carta poseía una explicación personal escrita por Luis F, en carboncillo, con las letras redondas y estirándose hacia atrás, que dejaría en la montaña de papeles antes de morirse y era menos sutil, más alegre:

¡Carajo! En esta forma de explicar sus historias se ve que la vida te da una oportunidad y si te equivocas, la guadaña de la muerte te lleva rápida y veloz

Viva el Che. Luis F.

En esas formas de ver la vida se escondía… una etapa de aquellos pasados, donde el corazón dormido se ejercitaba en favores o enmiendas que soltaría  en el futuro. Ni la cárcel, ni las vueltas entre esa trilogía Luis F, Lucas Boy y WeBe podía ser alterada, por ello Caro amenazaba con amarla a ella pero intuía que le dejaría, que le mataría de amor o de sexo. Así y todo en la fiesta se acercó y dijo muy cerca en su oído.

—¿Esta noche? WeBe sonrió mostrándole sus labios y pasar suavemente la lengua, de dentro a afuera y decir con voz muy suave:

—¿Quieres fornicar? Caro se quedó pasmado. Esa puta palabra le abría el corazón en dos pero le agradaba que ella le anunciara que podía ser un partenaire.

—Si –respondió. A las 12 esta noche, en la Calle del Pecado. ¡Otra vez esa calle!, debía pasar por allí y beber algo para ser un amante, quiso cambiar, hizo un gesto, pero ella no acepto, tal vez hasta sería delante de Lucas Boy, tal vez para recordarle que el hambre de su amigo le consolaba. El cielo se nublo, y el viento se aceleró y un aguacero descargó sobre los invitados. Todos corrieron en dirección al hotel. Solo se mantuvieron de pie como clavados WeBe y Lucas Boy. Un rayo dio contra el muro hacia el final del cementerio. El agua aumento su ritmo hasta ser despiadada y formar cortinas sucesivas que se sucedían unas con otras. El foso abierto se inundó y el cajón de Luis F. apareció en la superficie flotando en una danza macabra alrededor de las tumbas siguiendo la salida del cementerio mientras el riachuelo formado le arrastraba. Lucas Boy miro a WeBe, una sonrisa intima de complicidad les unió. El agua les llegaba al comienzo de las pantorrillas. Ella se acercó hasta el patinando y se cogió de su mano. La risa era ya una carcajada que estallaba más allá de su complicidad, al ver que el cajón flotaba y seguía bajando en dirección del hotel, atravesarlo por un lateral y encallar en una enorme piedra al borde de un precipicio. Ella se arremango la falda y le beso suave en su boca. Lucas Boy respondió levantándola y arrastrándose en el barrizal para apoyarle en el muro  y desvestirse apresurado. WeBe dijo:

—¡Ahora sí! Lucas Boy moderado y con su doble matiz —exclamó:

—¡Si! ¡Si! El aguacero reventó entre las nubes dejando caer cientos de litros sin más, que arrastraron todo en derredor. Los besos atraían una mezcla de sal y deseos atrapados durante años. Lucas se unía a ella por primera vez olvidando años de especulación y WeBe rozaba con sus uñas su piel, mientras la lluvia y los Varela juntos parecían aplaudir aquel entusiasmo.

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