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by j re crivello

—¿Qué lees? —pregunté. Serían las 2 de la madrugada y la comida de la noche me bailaba en el estómago, había estado de visita mi hijo menor D. ré y la charla sobre pádel y los goles del BarÇa a la Roma aun rebotaban.

—Capitanes Intrépidos de Kipling —y leyó en voz alta: “Se enredó el de los grumetes con la cuerda del vecino, y entre improperios por la tardanza echaron la red furiosamente en el agua, mientras el abismo hervía como una botella de soda al destaparse. […] Harvey se vio casi lanzado de a bordo –continué yo recitando de memoria— y jamás lo olvidó, el ojo fijo y malicioso, algo así como el de un elefante de circo, de una ballena casi a flor del agua y que según Harvey le guiñaba”. (pág., 103)  Bebí un sorbo de leche y llené su plato, mi gato tan delicado planto sus patas y bebió también.

—¿Qué te sorprende de esa lectura? —pregunté.

—Que una ballena pueda tener una respuesta humana —dijo. Sonreí, a veces mi gato golfo, de padres raros y vida de calle tenía una salida de este tipo. Intenté elaborar una respuesta, de los goles del Barça y mi hijo pasaba a comprender la naturaleza humana.

—Tal vez los humanos estamos en todo. Demasiados entrometidos en nuestro planeta y hablamos por ellos, nunca una ballena me ha guiñado un ojo, ni siquiera un pájaro. A veces los animales laboran y nosotros hacemos el: “ora et labora”

—¿Qué?

—Si –¡joder ya vuelvo al sí para comenzar! Somos los únicos que tenemos doble ropa, la de animal y la de la cultura.

—¿Y por qué la creasteis la cultura, y no fuimos por ejemplo, nosotros los gatos?. La pregunta tenía miga para explicarla a las dos de la madrugada, pero argumente: nosotros venimos de los Bonobo, un tipo de simio en que los machos no coaccionaban a las hembras de su especie. Un estudio reciente dice: “en un periodo de 12 años (entre 2002 y 2013). El bonobo que más hijos tuvo fue el padre del 62% de los bebés de su grupo, mientras que el chimpancé que más descendencia dejó engendró al 51% de los bebés de su comunidad”. (Link)

—¿Y?

— “A diferencia de lo que ocurre con los chimpancés, donde todos los machos adultos tienen mayor rango que las hembras adultas e incluso los machos de menor rango pueden coaccionar a las hembras para que copulen con ellos, aquí parece que las hembras bonobo pueden elegir” Con lo que quiero decir —y acentué con cierta gravedad mi opinión: que para desarrollar la cultura hubo un momento en que las hembras deberían tener la capacidad de elegir a su pareja.

—Es como el Mito de Adan y Eva —comentó mi gato

—En cierto sentido, Eva nos dijo —a los hombres, que el árbol de la ciencia no era prohibido y elegimos juntos morder la manzana —agregué

—¡Capitanes intrépidos! —dijo mi gato y se marchó

—¿Sales? —pregunté

—Siempre salgo —y abrió su portezuela de la terraza. Eran las tres.

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