Death ofEternity-1

Comparto algunos de los relatos de mi próximo libro Death, que editará Fleming editorial en junio -j re

Manolo Olguín: pizza and rock

Manolo Olguín se atrevió a mirar por la ventana. Del otro lado un olor a puré de cloaca le empujo hacia atrás. Desde que estaba en esa comarca y la sequia, o la lluvia se presentaban, cada día –si o no-, podía ver aquel lodazal del final de la cañada, que por casualidad daba en su ventana y no le permitía respirar. Decidió cambiar aquello, reunió firmas, envió petitorios y consiguió hasta una entrevista con el alcalde. Todos fueron promesas, hasta tuvo que aguantar de un funcionario muy amigo, la frase: “le regalaremos un aire acondicionado provisional, así Ud. no abrirá su ventana y no estará obligado a sacar su pecho tieso y rojizo, con aquella camiseta de color blanco que me imagino lava cada 7 días” (Sic!). Pero nada trajo paz a su espíritu. Inclusive bajo con una pala y paso hasta tres días cargando el fango en una furgoneta prestada y la llevo más allá del monte, donde dicen cazan gallos salvajes de cuello rojo y plumas verdes. Hasta ese sitio fue capaz de llegar, subiendo una ladera estrecha y vadeando un riachuelo y ¡hasta pudo ver los gallos famosos! Que le parecieron horribles y ruidosos por su grito en celo. Al cabo de esos días aquella tubería parecía andar bien, no se desbordaba, no dejaba olor, ni siquiera se veían esos horribles trozos de los deshechos de los vecinos de la montaña ubicada más arriba, que por cierto comían  gallos salvajes. Ante la cual hasta pudo construirse una explicación, que repetía a quien quisiera escucharle: “comen unos bichos que se alimentan de la basura de toda la ciudad de Barcelona, con lo cual, sus vidas parecen infectas de unos olores y sabores extraordinarios”. Además, intuía era la zona donde más bebían Coca Cola al ver sus camiones ir y venir hacia arriba, pero además donde más sudaban, donde más asesinatos se cometían y donde más emociones complejas practicaban. Y… todo bajaba por aquella tubería abierta en canal, que si fuera un Foxtrot que sonara interminable.

Por ello, Manolo Olguín dedujo que le quedaba una última esperanza, su primo era dueño de un camión encofrador de cemento y estaba en paro, decidió contratarle, y llenar la cuba. Y aquella noche echaron toda la carga encima de aquella apertura indecente. Y, la paz regreso a su espíritu.

Canalla fue la solución, aunque en la cima de la montaña estallo a la semana un culebrón. Los vecinos vieron como su inmundicia regresaba hacia atrás desbordando sus lavabos y aseos. Y si ponían la lavadora la colada salía a un marrón sucedáneo del dulce de leche.

#Una alimentación a base de gallos salvajes, produce amores corruptos y es contagiosa –diría Olguín a quien le escuchase#

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