Death ofEternity-1

Continuo publicando algunos relatos de mi próximo libro Death, a la venta en dos semanas -j re

Manolo Olguín dixit –y dos

Olguín después del suceso de la tubería que daba un olor desabrido a su ventana, decidió subir hasta la parte más alta de la montaña, tenía la ilusión de cazar un gallo salvaje y hacerlo frito con una deliciosa salsa al estilo francés. Le intrigaba aquella comida que producía resultados increíbles. Para ello busco una red, y una cuerda y subió caminando los tres kilómetros que le separaban. Al salir del barrio se podía ver un valle frondoso y con cierto aire tropical. Marcho casi una hora, pero sin resultados, hasta que en un descansillo rodeado de setas pudo ver un diablo emplumado de colores cobrizos. Sin pensárselo corrió tras de él un buen rato, hasta que la red se engancho en unos espolones recios y peligrosos. Atarle la soga y meterlo en un saco fue una tarea más sencilla. Ahora le quedaba el regreso e impedir que le vieran  los Policías de la Moral. El actual gobierno al ver los resultados de tal alimento había puesto unos controles que aunque poco efectivos, impedían que las gentes de la región se contaminaran –al comer gallos- de esa chusca manera de “entrar en un descalabro de sensaciones durante tres días”.

Al llegar a su casa, puso una olla de agua caliente y muerto el gallo comenzó la rabia. Primero se cambio y se puso unos tejanos y una camiseta rumbona, luego saco el gallo y se sirvió una pechuga y un muslo. Comió y repitió. ¡Pero no sentía nada! Aquel pasajero desinterés por la rutina que todos los humanos arrastramos hasta nuestra muerte continuaba en su interior. Se miro en el espejo del tocador del lavabo, de madera amarilla y festones de diseño de Ikea. ¡Y… nada! Pero…

Solo pudo reaccionar tarde, cuando volvió en sí y se dio cuenta que estaba en una carretera a la salida de Sitges. Venia de allí. Intuía que despelote le había producido este teñido en su cabello de tintes rojos y dorados, y es probable que esos tres días los habría pasado en el carnaval y…  le habían llevado a compartir con un amor musculado, que…  ¡ya recuerdo! calzaba un calzoncillo estrecho con la bandera de los EEUU. Y poco más. Tal vez fornicar sin descanso con ese hombretón en un piso singular al lado de la Playa de San Sebastián casi frente al Cementerio no era un adecuado recuerdo para contar a sus familiares y amigos. Y todo… por una jugosa carne de gallo salvaje del barrio más alto de la periferia de Barcelona.

#La comida es abundante y cruel. Nos lleva a experiencias donde aparecen faunos traviesos#

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