Death ofEternity-1

Aparece en mi nuevo libro de junio Death de relatos cortos -j re

Manolo Olguín tenía pensado visitar a una tía abuela de casi 90 años del otro lado de la montaña de los gallos salvajes, debía recorrer una carreterilla llena de verde y pasar dos puertos de montaña. A aquella tía no la veía desde pequeño, su invitación le había llegado por medio del twitter y la frase la encontró de milagro, ponía:

@m_olguin  ¿Sobrino ¿por qué no te vienes de visita? Te prepararé un plato guisado de gallo salvaje con patatas. Rico, muy rico. Te espero a las dos Tia R

Tia Rábica era un pasado lejano y ausente: la relación venia por parte de madre. Era una tía alegre, completa. Sus intensas fumarolas de sensualidad escandalizaban a los miembros de la familia más castos y retenidos en su monotonía y aburrimiento. Iría, sí. ¡Iría! Pero tenía que pedir un coche prestado, llamo a un amigo. Don Pozuelo sentía un gran amor por los coches antiguos. Le contesto por guasap “te dejaré el Renault Gordini”. A la mañana siguiente encontró las llaves en su buzón y una nota:

Querido Manolo Olguín

Los Gordini fueron tan turbios y austeros que le recordamos por su falda de mariquitas traídos de Francia. Y una vez aquí, le reconvirtieron en la gama familiar, de los que pilotaban con atrevimiento. Un amigo tenía uno. Se lo robaron en un pis pas. Apareció el bastidor y le reconocieron por el número de la placa que llevaba desde fábrica. El dueño lloro su ausencia. Era parecido a una bala pegada al suelo. O una concha de camarón con ruedas. Vino de Francia. Se escondió en las calles y tomo sopa y cola. ¡Cuídamelo! Un abrazo

Nunca se había montado en un Gordini. Hacia el mediodía puso en marcha el coche y supero los dos puertos. En casi media hora estaba en la entrada de una casita que tenía un pequeño huerto, dos ventanas y un gallinero donde su Tía criaba gallos salvajes. ¡En menudo lio me he metido!  –exclamo, mientras golpeaba en la puerta.

—Hola Sobrino. Una señora mayor de sonrisa indiscreta se le colgó al hombro. Aquello le emociono. En las siguientes horas hablaron de los recuerdos familiares hasta que su Tía sirvió el plato con salsa de gallo.

Despertó en el bosque semidesnudo. ¿Dónde estará el Gordini? Se encaramo a una leve cuesta mientras arreglaba su camiseta rota y comprobaba que llevaba puestos unos calzoncillos  anchos y rojos con algunas plumas multicolores. Al mirar del otro lado se veía Barcelona, parecía encontrarse en el Tibidabo. Vio el Gordini intacto a escasos metros, bajo por el terraplén y abrió la puerta, dentro las llaves estaban puestas en el contacto. Le dolía un poco la quijada. Una hoja de papel pegada en el salpicadero le llamo la atención, la leyó en voz alta:

Noche alegre y muy caliente. Le dejo, pues tengo otros clientes que atender. Mi teléfono es 93/0265833. Le aconsejo traer una muda de ropa de recambio. Ud. se empeñó en rajarse toda la camiseta, decía: ¡chica que calor tan tremendo!

En el suelo del coche vio su móvil, tenía un mensaje en el guasap, de su tía: “Sobrino espero que hayas llegado bien. ¡No sabía que te gustaba tanto la carne de gallo salvaje! Te he puesto uno maniatado en el maletero del Gordini. Ya lo matarás y prepararás. Los calzoncillos de tu tío abuelo ya me los devolverás”. Puso en marcha el coche, no sabía cómo entraría en el bloque de vecinos en calzoncillos con florecillas doradas…

#Acercarse a emociones familiares lleva a diálogos inquietantes.

 

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