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Presento a otro personaje de mi libro Death que aparecerá en junio: V. Papescu de etnia gitana y el 048, un servicio socialdemócrata creado por el Ayuntamiento de Barcelona para hacer feliz a la gente -j re

Valentin Popescu puso a prueba el servicio 048 una tarde fría de invierno. Vivía en la barriada gitana que esta incrustada entre el Puerto de Barcelona y el cementerio de Montjuic. A su tribu, las diferentes administraciones públicas le dejaron aquel espacio de tres calles y cinco de fondo donde se comerciaba la droga de la ciudad. Pero V. Popescu que hablaba un catalán mezclado de frases cortas de rumano, vio que este servicio de recuperación, tan galardonado no podría con su deseo. Hacia un año y no más, el tercer diente de oro por la derecha lo perdió en una brutal paliza con dos payos. Pero su vida desde aquel momento no fue igual. No era supersticioso, pero aquel preciado diente se lo colocaron a los 8 años. Era una tradición de la  familia y debía pagar la operación su padrino. El sitio donde lo fabricaban era una pequeña localidad rumana al norte de Bucarest, compuesta de una aldea de cuatro casas en la que dos artesanos se sucedían desde hace siglos. Su etnia no llevaba DNI, pero si un certificado que ponía los datos de tal objeto que cuidaban como si fuera su vida. El mismo guardaba en un departamentito -del mueble del comedor, los 13 certificados de su familia, el último del chaval de su hija menor, rubio, lento y lleno de pecas en la cara, quien parecía la luna asomada a la carretera un verano de aquellos que la tierra tiene sed de tormenta y truenos. Por ello esa mañana, se levanto pronto, cruzó la autopista por los cuatro carriles de la orgullosa ciudad olímpica y dio con la falda de la montaña de los muertos judíos, y desde allí un autobús le llevo hasta la entrada del edificio del 048. Previamente su colega Car M. le había bajado de Wikipedia la descripción del servicio y su dirección que guardaba en un papel arrugado en su bolsillo trasero

048 (Barcelona) Datos País: España Com. Autónoma           Cataluña Provincia    Barcelona Ciudad  Barcelona

Servicio: Fundado por el alcalde Pascual Maragall, este servicio posee en la actualidad la tasa del 100% en devoluciones y resoluciones de pérdidas de objetos a nivel mundial. Sus 2400 funcionarios trabajan las 24 horas rastreando los des-hechos y perdidas originados por sus habitantes e intentan recolocar tanto objetos físicos (humanos o animales) como virtuales. Su departamento de mayor crecimiento (un 246 %) es el de “relaciones afectivas y perdida de amuletos de la suerte”. Situación Latitud: 42º 22′ N Longitud: 1º 10′ E Como llegar Por Metro por la línea 1 o en el autobús 125 que comienza su recorrido en la Montaña de Montjuic (o montaña de los judíos). Fuente Wikipedia

El chofer le pidió 1.30 Euros por el billete y se puso en marcha. Al llegar, le indicaron que el departamento de “relaciones afectivas y perdida de amuletos de la suerte” estaba al fondo detrás de un patio lleno de palmeras. No fue necesario hacer cola, una señora de casi 80 años se retiraba y se sentó delante de un funcionario con el cabello engominado al estilo años 50, al mirarle pudo descubrir en el cuello de su camisa una mancha de carmín rojo y un bocadillo a medio comer envuelto en papel de plata puesto en un cajón a su espalda.

— ¿Que desea? –pregunto R Valdez, su voz ronca y espesa parecía de un tipo que pasaba largas noches sin dormir, lleno de sexo y mentiras.

—Vera Ud. –carraspeó Valentin Popescu. He perdido mi diente de oro –abriendo su boca y mostrando el agujero. Hace un año y desde aquel día, mi vida es un disparate.

—Deme un ejemplo –terció Valdez

—Yo compro bragas para vender en el mercadillo y la gente pide calcetines, o llevo jerséis de punto y piden pantuflas para sus chicos, lo cual me ocasiona graves pérdidas.

— ¿Sus ingresos han mermado?

—Si

—Y el sortilegio que le proveía su diente ¿ha desaparecido?

—Si

— ¿Y tiene algo que demuestre que era suyo?

—Mire –sacando un certificado en palabras rumanas ilegible. El funcionario lo escaneo y lo subió a Google, la respuesta fue una descripción del documento y el nombre de la aldea rumana que fabricaba dicho amuleto. El funcionario tecleo “amuletos” y obtuvo como respuesta “diente de león envuelto en una capsula de oro que se puede colgar en el pecho. ¡Muy potente!”

—Tengo una solución provisional –afirmó R Valdez. Poseemos un amuleto de diente de león de origen musulmán que puede Ud. llevar hasta que uno de nuestros funcionarios se desplace hasta esa aldea y compruebe si este certificado es válido.

—¡Un diente de un moro! –dijo Popescu un poco asustado.

—Casi —dijo el funcionario Valdez moviendo los ojos hacia delante para referir que la vida es siempre casi, nunca hay síes o noes.

—Me da yuyo.

—Pruébelo una semana, —dijo R Valdez, recogiendo de una bandeja vecina el sortilegio que había llegado por una tubería. Valentin Popescu se lo colgó del cuello y firmo un papel.

— ¿Tiene un teléfono donde llamarle? “Si” “Escríbalo al final del formulario” –dijo R Valdez. Ambos se despidieron. Una vez fuera y al atravesar la calle, un camión de helados Los dulces saben a gloria, le atropello, acabando con su vida.

Una semana después los periódicos de la ciudad daban los titulares de una polémica mundial. El 048 tenía su primer fracaso. No habían podido encontrar un diente de oro que seguía sin respuesta en el formulario 0453687, que aparecía firmado por un tal Popescu, muerto en un accidente. El alcalde R Pizarro decidió remplazar al director del 048 y este pidió disculpas públicas a la familia y les ofreció un viaje a Canarias de una semana.

 

Notas:

  1. #La nada se esconde en un amuleto de la suerte. Solo nosotros le cargamos de la energía que le suponemos en su interior#

2.#Este escritor contacto tres años después con la familia, el amuleto del diente de león fue entregado a uno de sus miembros, de nombre Ran Popescu, quien lo dividió en 36 partes y lo monto en unos engarces de plata en forma esférica. Ran le ha confesado al escritor: “la suerte económica se ha mantenido estable, pero la de los sentimientos ha aumentado, nuestras emociones fluyen (sic! nota del autor) y hemos recuperado la alegría y nuestras canciones”.

 

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