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Amigos les presento otro personaje que aparecerá en mi libro Deah en junio: R. Row -j re

La Imagen es de National Geographic año 1980

Del profundo Oeste. Nos mira, se agita. Para R Row que en la imagen tiene 12 años su pasado es una espita abierta hacia aquella tarde en que sus padres cayeron en el fuego del granero: lo explicaríamos de manera telegráfica: “un rayo dio contra la cosecha de heno de hacía dos días y el incendio abrazo toda la granja. Una hilera de cerdos escapo por la trampilla que había dejado abierta, algunos caballos murieron chamuscados, pero alrededor de 9 cabalgaron por el rio que llevaba garganta abajo, hasta donde se refugian en un dique las alimañas de esta comarca. R Row lloraría varias tardes, hasta darse cuenta que a sus padres los había enterrado en el manto verde que ondula hasta llegar a la colina, desde la que pueden verse los finos trazos de los Menonitas, los cuales son vecinos  desde hace años. También pudo pensar que si ya no estaban sus progenitores, la granja que había tenido su familia durante generaciones se la quedaría su tío soltero. Un tipo recio, libre, acostumbrado a pelearse en el pueblo luego de dos copas, con los hombres casados con mujeres de mediana edad y… además con los Menonitas. Era un mal comienzo, vendrían días en que la paja crecería hasta llenar el surco del valle, aquel que el imaginaba desde su ventana ya desaparecida y confundía cuando joven, con las ancas de rana del abrevadero, y luego, con las suaves pantorrillas de su vecina la Menonita que se escapaba para darle algún beso a hurtadillas. ¡Estaba fastidiado! Nada era tan feo como el futuro con su tío W Row. Hizo un puchero y echo a llorar. Detrás de una maleza algo se movió. Se contuvo y dejo que aquella presencia se aclarase. Una lánguida voz dijo:

— ¿Estás solo?

—Si

—Ven, te mostrare una sopa de junco que he robado. R Row se estiro por debajo de un sándalo de textil con flores. Se parecía a ella, ¡era ella! La Menonita le encandilo con sus ojos azules y rápidos. Ella y su sonrisa de arena, le recitaron una canción:

“We been spending most our lives living in an Amish Paradise”

R Row se mantuvo alejado de la granja de su tío desde los 12 años hasta los 18. Durante aquel tiempo vivió en casa de una familia amish, muy cerca de donde vivía su amiga B. Rang. Ella era preciosa, cada dos noches se veían en el abrevadero y sus propios deseos les unían cual cascada. ¡Dame aquello, siento lo mismo que tú!, o ¡déjame ver dentro de aquel espacio cubierto de vello! Nadie conocía sus encuentros, durante el día la rutina de la comunidad y sus estrictas normas le impedían conversar. En aquella larga siesta de alejamiento de su hogar paterno, R Row sabía que a los 18 podría reclamar la casa paterna y expulsar a su tío, un miserable que veía a hurtadillas desde la colina. Tanto si fuera verano o invierno las alocadas estaciones agrandaron la fosa de odio y venganza que solo paliaba el profundo amor por B. Rang y un espacio que en verano devoraban las flores de estos árboles olorosos y alegres traídos desde América del Sur, por un pastor que vivió allí entre indios y culebras al borde de un inmenso rio que tragaba la sed, -según describía- y refería a unos que hablaban un idioma prosaico y lánguido venido de Europa. Para él, esa casucha –la de sus encuentros- era un látigo en el frio del invierno, ramas, dos mantas y una cama aérea que colgaba de dos árboles. Nadie era capaz de entrar allí, le protegían un barrizal que surgía de un manantial y unos pinchos de púas, la cual, una rozadura daba una inflamación que llamaban “de la oruga roja”. De pequeño él había roto esa profunda maleza por un árbol viejo y casi muerto y desde allí entraban sus dos almas. Y… un nervio de ternura.

— ¿Qué hacéis aquí? Bronca era la voz del pastor menonita que les descubriría. Bronca de él y sus tres acompañantes.

—Estamos viendo pasar el tiempo –respondió Brenda Rang

— ¡Quitaros de allí! Os llevaremos al pueblo y el consejo dirá. Tres días después R Row volvía a atravesar  el límite de las dos propiedades. Había sido expulsado y tenía 18 años y tres días. Al golpear la puerta de su granja, su tío le abrió. Una mirada feroz y amarrada al volcán, le guio hasta una salita llena de botellas de güisqui y un sofá raído de color marrón.

— ¿Dónde has estado estos años? –pregunto su tío

—Al lado, en casa de un menonita.

— ¡Joder! y yo buscándote por todas partes –grito su tío moviendo sus dos manos hasta retenerlas a la altura de la cabeza.

— ¿Puedo quedarme? –pregunto R Row

—Ya no queda nada para vender… ni liar –respondió su tío. Me pensaba marchar a casa de una amiga que tengo en el pueblo y cerrar esto. Ya no tengo animales, ni siembro. ¡Quédatelo! Al fin de cuentas es tuyo. R Row contestó con solo una mirada. A la mañana siguiente su tío se marchó y el atravesó el linde de la tierra en dirección a los menonitas. Primero visito al jefe del clan, una larga charla dispuso la solución. Por su parte regaló a la comunidad la mitad de sus tierras, y ellos le cedieron  algunos animales y ayuda para comenzar. Luego fue solicitar el permiso para visitar a Brenda Rang cada domingo una hora para conversar en casa de una tía.

#La colina siguió dando su fe –al final de la tarde. R Row al fin, liberaría su alma del frio que le dominaba

 

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