2018 portada

Aparece en mi libro que editaré este mes: Memory e identidad -j re

—Bueno dijo Gregorio convencido de ser el único que había conservado su serenidad—. Bueno, me había visto al momento, recojo el muestrario y salgo de viaje. ¿Me permitiréis que salga de viaje, verdad? Pág. 31 Franz Kafka, Metamorfosis.

La fuga forma parte de nuestra imagen y por ello acostumbramos a utilizarla. Detrás dejamos inconexas respuestas que aparecerán en el tiempo. El cine de EEUU acostumbra a mostrarlas, cuando personajes regresan a sus hogares de origen y todo comienza de nuevo. O cuando un encuentro casual con una anterior relación nos descubre aquello que en la memoria guardábamos como en caja de plata y bajo mil llaves. En las redes la fuga es generosa, asume miles de resultados, la más conocida es la imagen que proyectamos que no siempre está ajustada a nuestra realidad, y con ella la I. A. (esa red que nos rodea) aprende desde la información trucada que aportamos.

¡Eso es trucho! —dirán los argentinos. Tal vez quieren decir con ello que aquello que hemos descubierto algo que no es legítimo. No es lo dado originalmente. Pues la red, la I Artificial, esta elaborándose sobre un mundo trucho, de verdades a medias, de sueños trasmitidos sobre deseo insatisfechos.

—Soy mayor y mi foto es de joven

—Soy gorda y me veo flaca

—Soy domador de mujeres pero aparezco como un gatito de feria de finde.

—Soy hacker pero muevo mis direcciones para torcer una elección.

Y diríamos que sucesivamente tendremos ejemplos hasta el hartazgo. La fuga es consustancial a la cultura humana, sobre ella descansa una parte de nuestra imagen.

¡Somos truchos! ¡La Inteligencia Artificial al comienzo será trucha! Y los robots necesitarán años para dominarnos pues deberán aprender a moverse en un mundo de medias mentiras, pero aprenderán rápido.

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